El análisis de
los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson en su último libro El
pasillo estrecho nos sirve para hacer una aproximación a la estrategia de la
izquierda con el propósito de destruir las instituciones democráticas utilizando
las organizaciones indígenas y otras etnias, organizaciones sociales, el
feminismo, los maestros e intelectuales, entre otros.
“Thomas Hobbes
usó la imagen del Leviatán, el gran monstruo marino descrito en el libro
bíblico de Job, como sinónimo de Estado, para enfatizar que este tenía que ser
poderoso”. Hay tres formas de Leviatán: ausente, despótico y encadenado. El
Estado no existe (Leviatán ausente) en las comunidades primitivas o indígenas;
el Leviatán despótico es el de las monarquía y dictaduras; el encadenado es el Leviatán
del Estado democrático.
La política
en la modernidad es una confrontación permanente entre el poder del Estado y la
sociedad. Cuando esa lucha está en tablas o la comunidad pone en peligro el
poder del Estado se dice que la confrontación es suma cero y cualquier cosa
puede suceder, como la aparición de una dictadura de extrema derecha o extrema
izquierda (Leviatán despótico), o la anarquía (Leviatán ausente) como sucede en
algunos países africanos.
Ejemplos de
Estados debilitados en los que se impuso una dictadura: la república de Weimar
en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial tomada por los nazis; la
república chilena de 1970, tomada por Pinochet después del golpe de Estado
contra Salvador Allende.
El Leviatán encadenado
recibe ese nombre porque su poder está limitado por las normas, la Constitución
Nacional y las leyes, más la relación de pesos y contrapesos entre los poderes.
El Leviatán encadenado usa el poder para proteger la libertad, crear incentivos
y oportunidades económicas generalizados y promueve una mejora sostenible de la
prosperidad económica.
“Pero el Leviatán
encadenado solo se ha presentado tardíamente en la historia y su desarrollo ha
sido disputado o conflictivo”, de tal forma que se mueve en un pasillo estrecho
del que puede salir. La mayoría de las naciones con el Leviatán encadenado se
encuentran en Europa. Acemoglu y Robinson dicen que muchos de los países
latinoamericanos “celebran elecciones regularmente y tienen algunas de las
formas de las instituciones democráticas, aunque están lejos de disponer de un
Leviatán encadenado”. Eso se debe parcialmente,
agregan, a que estas entidades políticas se encontraban en la órbita de un Leviatán
despótico, controlado por las élites tradicionales.
En el Estado
plurinacional, que intentaba crear en Chile la Constitución de izquierda
rechazada, encontramos una de las tácticas usadas por la izquierda para
destruir nuestro orden institucional. Allí está la explicación de que cuando se
conoció la elección de Petro como presidente, inmediatamente los indígenas y
campesinos, algunos orientados por guerrillas, invadieron un gran número de
predios.
Con la
izquierda en el poder estamos en una suma cero en la confrontación entre
nuestras instituciones y el intento de quienes quieren destruirlas con los
intelectuales de izquierda a la cabeza. Un Leviatán despótico nos amenaza.
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