martes, 15 de noviembre de 2022

El Leviatán encadenado

 

El análisis de los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson en su último libro El pasillo estrecho nos sirve para hacer una aproximación a la estrategia de la izquierda con el propósito de destruir las instituciones democráticas utilizando las organizaciones indígenas y otras etnias, organizaciones sociales, el feminismo, los maestros e intelectuales, entre otros.

“Thomas Hobbes usó la imagen del Leviatán, el gran monstruo marino descrito en el libro bíblico de Job, como sinónimo de Estado, para enfatizar que este tenía que ser poderoso”. Hay tres formas de Leviatán: ausente, despótico y encadenado. El Estado no existe (Leviatán ausente) en las comunidades primitivas o indígenas; el Leviatán despótico es el de las monarquía y dictaduras; el encadenado es el Leviatán del Estado democrático.

La política en la modernidad es una confrontación permanente entre el poder del Estado y la sociedad. Cuando esa lucha está en tablas o la comunidad pone en peligro el poder del Estado se dice que la confrontación es suma cero y cualquier cosa puede suceder, como la aparición de una dictadura de extrema derecha o extrema izquierda (Leviatán despótico), o la anarquía (Leviatán ausente) como sucede en algunos países africanos.

Ejemplos de Estados debilitados en los que se impuso una dictadura: la república de Weimar en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial tomada por los nazis; la república chilena de 1970, tomada por Pinochet después del golpe de Estado contra Salvador Allende.

El Leviatán encadenado recibe ese nombre porque su poder está limitado por las normas, la Constitución Nacional y las leyes, más la relación de pesos y contrapesos entre los poderes. El Leviatán encadenado usa el poder para proteger la libertad, crear incentivos y oportunidades económicas generalizados y promueve una mejora sostenible de la prosperidad económica.

“Pero el Leviatán encadenado solo se ha presentado tardíamente en la historia y su desarrollo ha sido disputado o conflictivo”, de tal forma que se mueve en un pasillo estrecho del que puede salir. La mayoría de las naciones con el Leviatán encadenado se encuentran en Europa. Acemoglu y Robinson dicen que muchos de los países latinoamericanos “celebran elecciones regularmente y tienen algunas de las formas de las instituciones democráticas, aunque están lejos de disponer de un Leviatán encadenado”.  Eso se debe parcialmente, agregan, a que estas entidades políticas se encontraban en la órbita de un Leviatán despótico, controlado por las élites tradicionales.

En el Estado plurinacional, que intentaba crear en Chile la Constitución de izquierda rechazada, encontramos una de las tácticas usadas por la izquierda para destruir nuestro orden institucional. Allí está la explicación de que cuando se conoció la elección de Petro como presidente, inmediatamente los indígenas y campesinos, algunos orientados por guerrillas, invadieron un gran número de predios.

Con la izquierda en el poder estamos en una suma cero en la confrontación entre nuestras instituciones y el intento de quienes quieren destruirlas con los intelectuales de izquierda a la cabeza. Un Leviatán despótico nos amenaza.

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