Los proyectos
de “la paz total” y de la reforma a la política criminal planteada por el
ministro de Justicia, Néstor Osuna, son un claro desconocimiento de los avances
de la neurología y las ciencias cognitivas en los últimos años. Obedecen a
criterios exclusivamente ideológicos ya superados en todo el mundo, razón por
la cual es inaceptable que organismos internacionales como las Naciones Unidas
los apoyen. Su propósito es netamente demagógico para engañar a la comunidad y
obtener los votos suficientes para garantizar la permanencia en el poder de la
izquierda.
Se trata del
mismo error que cometieron Sigmund Freud, los psicoanalistas y muchos filósofos
marxistas al concebir que el comportamiento humano obedece a motivos culturales
o sociales sin ninguna relación con la genética o la biología. Ese error llevó
al psicoanálisis a explicar los trastornos emocionales, incluida la locura, por
las relaciones familiares o edípicas y a proponer como única curación el diván
o la psicoterapia. La psiquiatría demostró que el negociante y mentiroso Freud
estaba equivocado.
Carlos Marx
pensaba que las desigualdades sociales se debían a motivos económicos y
sociales que debían ser modificados por una dictadura, el terrorismo, los
campos de reeducación y de concentración o el paredón, según las reformas de
Lenin, Stalin y Mao. Nunca se imaginaron los mamertos que el ánimo de lucro
tiene determinantes biológicos que nunca podrán modificar. Es el mismo error
repetido muchas veces por el Congreso cuando se inventa un curso o programa
educativo para solucionar un problema social en el que la genética y las
hormonas están involucradas. ¡Un nuevo ESMAD que dialoga con terroristas y
asesinos entrenados de la Primera Línea! Ridículo.
Muchos
comportamientos criminales están condicionados por patologías psiquiátricas que
no se van a resolver con un acuerdo de paz con todas las organizaciones
criminales. Si más del 1 por ciento de los ciudadanos son psicópatas —es decir,
muchos miles de colombianos— ellos seguirán delinquiendo porque ese
comportamiento no tiene tratamiento médico.
También son
evidentes las patologías emocionales graves entre los guerrilleros,
organizaciones criminales y políticas. Una persona capaz de arrebatar una niña
de los brazos de su madre para reclutarla como guerrillera y luego violarla no
es una persona sana mentalmente, aunque el Acuerdo de paz haya ignorado este
aspecto. Una persona que lleva delinquiendo veinte o treinta años nunca dejará
de hacerlo porque el Estado le va a regalar una pensión de $ 800.000 y un curso
de derechos humanos.
La farsa del
ministerio de Justicia se creó en los años setenta del siglo pasado por la
izquierda europea. Se llamaba el Código Penal Alternativo. Consistía en cambiar
la infame cárcel por sanciones menores o programas de reeducación que
obviamente en ninguna parte funcionaron porque se basaban en una visión
romántica e ingenua de la condición humana.
Como el
autista no entiende las intenciones del otro, así están actuando Petro, Osuna, el
exseminarista asesor de paz y otros románticos; pero es solo un montaje.
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