Cada colombiano tendrá su propia explicación del triunfo de Gustavo Petro en las elecciones, pero muy pocos considerarán los determinantes científicos de ese fenómeno. Uno de estos determinantes es dado por los sistemas de formación de juicios de nuestro cerebro, según los estudios de Daniel Kahneman.
El sistema
uno es intuitivo, inmediato, emocional, no elaborado y predominante. Tomemos
como ejemplo la fórmula que repiten Petro y su ministro de Hacienda todos los
días: “Hay que subir los impuestos a los ricos para financiar a los pobres”.
Además de la trampa que contiene la afirmación en el sentido de que los
subsidios a los pobres buscan sus votos para las próximas elecciones, esa frase
pone en funcionamiento el sistema uno del cerebro predominante en las personas
no letradas y con una enorme carga emocional en su razonamiento.
El sistema
dos del cerebro emite juicios complicados, analíticos, estructurados y
racionales. En nuestro ejemplo, el sistema dos mide el impacto que los
impuestos tendrán en la inversión de capitales, la productividad, el empleo, la
inflación y la miseria de los más pobres, entonces se comprenderá que los
impuestos a los ricos tienen un límite a partir del cual agravan la situación
económica de todo el país.
Ese es el
principio básico de la política fiscal, propuesto por Arthur Laffer: “Cuando
las tasas impositivas son bajas, su aumento tiende a incrementar los ingresos
fiscales por la simple razón de que el Gobierno se queda con una parte mayor de
los ingresos de todo el mundo. Sin embargo, cuando la tasa impositiva sube
demasiado, elimina los incentivos para trabajar duro, esforzarse e invertir,
porque las ganancias generadas por todas esas actividades se las lleva el
Gobierno”.
El sistema cerebral
predominante en los engañados por el populismo es el uno; en quienes defendemos
la democracia y nuestra economía predominan el sistema cerebral dos y el
principio básico de la política fiscal de Laffer. Los populistas apelan al
sistema uno para manipular diversas emociones de sus seguidores: esperanza,
resentimiento, odio, deseo de surgir, victimización, venganza, negación del
otro. Por eso la izquierda desprecia las ciencias, la economía y el análisis
racional del sistema cerebral dos.
Son muchos
los prejuicios intuitivos del sistema uno. Por ejemplo: el precio “justo”, el
valor objetivo, el control de precios, la falacia de la cantidad fija, el
igualitarismo y mucho más. La falacia de la cantidad fija consiste en creer que
la riqueza es un recurso finito que ha de repartirse como un sistema de suma
cero; pero la riqueza no funciona así, pues “cuando los ricos se enriquecen más
aún, los pobres también pueden hacerse más ricos”, dice Steven Pinker.
La falacia de
la cantidad fija es la base de la reforma agraria del gobierno actual y del
Acuerdo de paz porque la propiedad de la tierra es también una suma cero, según
el experto en Economía Latinoamericana James A. Robinson.
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