La “paz total”
de la izquierda es la paz de los muertos. La paz sin humanos o del “paraíso”
animal; es la positividad de quienes viven sabroso en una traba permanente; la
paz sin contradicciones que se imaginan los cristianos en el cielo.
Están tan
emocionados con la fácil y tramposa toma del poder que deliran como locos.
“Vamos a salvar el mundo”, gritó el Canciller Leyva Durán. Iván Cepeda: “Disidentes
de las Farc que se salieron del acuerdo de La Habana podrían reincorporarse”. Y
ni siquiera se ruborizó el cínico. Roy Barreras: “Con el ELN habría un proceso
más rápido y eficiente”. Como si él fuera parte del Ejecutivo o de una
dictadura.
Tal vez
apliquen el otrosí en el humillante acuerdo habanero que el ingenuo Rodolfo
Hernández quería proponer a los asesinos de su hija. Eso implicaría 26 nuevas
curules para Petro, incluidas las 16 de víctimas impuestas por los delincuentes
en sus territorios, como muchos colombianos lo habíamos previsto, pero que a la
Corte Constitucional no le importó. Si otra banda criminal firma el otrosí, el
total de congresistas asesinos, violadores de niños y mafiosos serían 48.
Sobraría el Congreso y el dictador podría hacer lo que quisiera, como Nicolás Maduro
o Daniel Ortega.
Todo parece
un montaje. Las guerrillas y las bandas criminales conformaban la Primera Línea
y obligaron a votar por Petro en sus zonas de influencia a cambio de un acuerdo
de paz que utilizarán según sus intereses, pero, como las FARC, no dejarán el
negocio. Será el segundo acto del sainete o de nuestro drama, esta vez sin
Nobel comprado.
La presión de
los carteles mexicanos y las circunstancias nuevas de la narcodictadura venezolana
pueden estar cambiando las condiciones del narcotráfico y eso podría ser un
determinante de los acuerdos. El restablecimiento de relaciones inmediatas con
el cómplice del genocida ruso hace parte del libreto. “¡Qué Ucrania ni qué ocho
cuartos!”. Eso de dignidades, de respeto por el otro y de no correr los límites
de la ética no va con los mamertos.
El maestro de
ceremonias, que más parece un payaso, ya está listo para bendecir todas las
formas de lucha porque “la guerra es un derecho humano” en la cartilla marxista,
aunque en la Constitución Nacional del 91 no se incluyó. Tal vez lo hagan ahora.
La paz total
es imposible. Esa promesa demagógica de la izquierda debe recordar a los
cristianos el cielo que esperan después de la muerte, sin conflictos, sin odios
y sin pecadores o corruptos porque todos irán al infierno. O tal vez la paz
total de los mamertos recuerde el paraíso terrenal, metáfora de la condición
animal del hombre antes de evolucionar o de ser expulsado del paraíso. Esa paz
es la condición de quienes viven sabroso, hartos de comida, licores y psicotrópicos,
condición que Byung-Chul Han llama positividad, sin conflictos, sin diferencias,
porque no hay “otro”, como en el narcisismo de las redes sociales.
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