martes, 23 de noviembre de 2021

¿Qué pasa en América?

 

Cuando en los últimos meses del 2019 se presentaron las manifestaciones de protesta en Chile y Colombia, escribí un artículo relacionándolas con la revolución molecular porque, por coincidencia, acababa de leer la Biografía cruzada de Gilles Deleuze y Félix Guattari, escrita por el historiador François Dosse con un capítulo dedicado a esa revolución y a la manera cómo se difundió en América latina, particularmente en Brasil y Chile, países visitados por Guattari.

Aunque otros colombianos, como la senadora María Fernanda Cabal, el expresidente Uribe Vélez y el columnista de El Espectador Carlos Enrique Moreno, se refirieron a la revolución molecular, no volvieron a hacerlo después de que algunos intelectuales atacaron al expresidente Uribe en El Espectador y La silla vacía con el argumento de que esa revolución fue ideada por un fascista para desprestigiar las protestas populares.

Ese argumento es completamente falso, ya que el autor de la teoría de la revolución molecular fue Guattari, comunista del movimiento trotskista francés. El soporte teórico de esa revolución lo elaboró con Deleuze, también filósofo de izquierda hasta 1995 cuando decidió lanzarse por una ventana de su edificio en Paris.

La acusación de fascistas contra Deleuze y Guattari procedió de otros pensadores de la izquierda maoísta, especialmente de Alain Badiou, quien organizaba bloqueos de las clases de Deleuze con una banda de sus seguidores estudiantes. Badiou y Deleuze dictaban clases de filosofía en la misma escuela de Vincennes en París. Es posible que un profesor de filosofía, de apellido Tamayo, citado en las diatribas contra Uribe, pertenezca al MOIR, el partido maoísta orientado por el senador Jorge E. Robledo. Eso explicaría los insultos contra el expresidente. Todo marxista es un fascista para otro camarada.

Toda esa introducción es mi forma de expresar el desconcierto que me causan los análisis que he visto en los mediocres debates del canal alemán DW y en el programa La Noche, de Claudia Gurisatti, sobre los acontecimientos políticos que vienen ocurriendo en Chile, no solamente porque ninguno de los expertos se refiere a la revolución molecular, sino también porque olvidan temas centrales, obvios y comunes en casi todos los países de latinoamericanos. Citaré algunos.

El control de la izquierda sobre la cultura y la educación a través del magisterio. La colaboración del marxismo internacional con todos los partidos de izquierda en dineros, asesorías, control de las redes sociales y medios de comunicación. El carácter generacional de la confrontación política: adolescentes contra mayores.

La tradición católica del “pueblo elegido”, determinante fundamental para que el discurso comunista haya sido de buen recibo en nuestras comunidades menos informadas, según el historiador italiano Loris Zanatta: el proletariado es el nuevo pueblo elegido en el socialismo sin Dios. El adoctrinamiento marxista de comunidades indígenas; la apropiación marxista del movimiento feminista con su perverso Enfoque de Género para destruir la organización familiar; la colaboración de mafias y grupos criminales a la primera línea; la creación de un nuevo lenguaje engañoso.

martes, 16 de noviembre de 2021

Los programas de Petro

 

No se sabe qué es más ridículo, si los proyectos de Gustavo Petro en materia económica o las críticas permanentes de los economistas y opositores a tales proyectos. Acabar con Ecopetrol y suprimir la explotación minera, reducir los arriendos, emisión de moneda, controlar de precios de los artículos, comprar tierras improductivas, etc., no tienen otro objetivo que engañar a los ingenuos colombianos que nunca has asistido a curso de economía y tampoco han leído un texto sobre esos asuntos. Esa es la forma efectiva para hacer votos en un país mal informado. Por eso Petro nunca responde a las críticas.

No se necesita ser economista, basta conocer un poco la historia o haberse informado sobre lo que pasa en el mundo, especialmente hoy cuando es tan fácil. Cuando programas similares a los que presenta la izquierda colombiana se implementaron en Cuba o en Venezuela, comenzó la tragedia de esas naciones que se puede resumir así: si un gobierno bloquea las fuerzas del mercado o el libre juego de la oferta y la demanda, surge una economía subterránea o clandestina con todos los desastres posibles. Aparece el contrabando, se dispara la inflación, las empresas cierran o se van para otro país, el desempleo es aterrador, la moneda se devalúa con relación al dólar y el hambre se generaliza.

Otro ejemplo. Hace unas semanas, una columnista cuestionaba la inutilidad del control de precios a los medicamentos establecido por el exministro de Salud, Alejandro Gaviria, y hoy candidato a la presidencia de la República. Pues el resultado de ese control fue muy dañino para los colombianos: desaparecieron del mercando drogas tan imprescindibles como las que se requieren para tratar el cáncer.

Aunque se han presentado muchos factores que condicionaron la caída o el fracaso de los regímenes comunistas, este es sin duda el más importante, el económico. Petro lo sabe, pero no le importa. También sabe que la estructura de la democracia, el sistema de contrapesos de los poderes públicos y la Constitución Nacional no le permitirían aplicar ninguna de sus locas ideas. Tal vez por eso dice que necesita varios períodos presidenciales.

Otro aspecto trascendental en este análisis es el hecho de que vivimos en un mundo globalizado y que antes de aplicar cualquier cambio en la economía se debe sopesar el impacto que va a tener. Si el pueblo no encuentra trabajo porque un mal gobierno acabó con la economía, simplemente migra; si ponen trabas a las empresas privadas, se van; si la inversión extranjera se anula, el país no se desarrolla.

A los populistas tampoco les importan esos hechos, tal como se ha insinuado en la Asamblea Constituyente chilena, en la que buscan, con la complicidad de los indígenas, suprimir todos los tratados de libre comercio y establecer una economía autosuficiente, aunque está demostrado que no funciona. Los programas absurdos de Petro solo buscan engañar; él y sus asesores saben que son inviables.

martes, 9 de noviembre de 2021

El día que Dios murió

 

El 1 de noviembre de 1775 murió Dios. Ese día, consagrado por ironía a celebrar a todos los santos del cristianismo, un terremoto de 9 grados, seguido por un tsunami y un gran incendio, destruyó la ciudad de Lisboa. Los efectos del tsunami llegaron a África y al Caribe para que todo el mundo se enterara de la desgracia. El mal dejó de ser compatible con la teología: si el mal existe, Dios no.

Ese año Europa estaba en plena Ilustración, el movimiento cultural que preparaba una nueva organización política sin espacio para Dios. El Dios del evangelio fue sustituido por un simple Arquitecto que construyó este mundo y lo olvidó. Como si los filósofos sintieran vergüenza del crimen que cometían, decidieron llamar la nueva secta “deísmo” para no negar a Dios abiertamente, pero lo dejaron herido de muerte.

Uno de los más grandes pensadores, tan prusiano o alemán como el cura Lutero, decidió por aquellos días que es imposible probar la existencia de Dios con la ayuda de la razón, pero había que suponerlo para dar fundamento a la moral y evitar que nos matáramos entre nosotros. Era Emanuel Kant.

En 1789 se inició el gran acontecimiento de la Revolución Francesa que sin ningún recato echaría por la puerta de atrás a un Dios mal herido sin capacidad de defenderse. La democracia usurpó el trono de Dios y sentó en él al ridículo homo sapiens. Ya no se hará la voluntad de Dios, sino la de ese monigote que se pensó libre y dueño de la creación sin imaginarse que apenas “viviría” siglo y medio. Si Dios no existía como sujeto del acontecer humano, mucho menos el nuevo pedante sujeto de pacotilla. Cuando Lutero sembró el virus de la soberbia en los humanos y los imaginó sujetos capaces de entenderse con Dios, puso las bases de la Ilustración.

Un siglo después de la Revolución Francesa, F. Nietzsche lanzaría un grito de dolor: “Dios ha muerto, y nosotros lo hemos asesinado”. El protestantismo había abierto también la salida de la religión al ateísmo. ¿Qué dará sentido a nuestras vidas? Cuando moría Nietzsche, nuestra Constitución de 1881 entregaba la educación y la cultura al poder de la iglesia católica hasta 1959 cuando se lo arrebató el marxismo.

Mientras los nazis asesinaban seis millones de judíos en los campos de concentración, y los bolcheviques a millones de inocentes, dieron el último golpe a Dios agonizante y al mismo tiempo mataron al sujeto humano. No hay sujeto humano ni divino. Eran mitos.

En otra de esas ironías que produce la historia, llegó internet para que todos entendiéramos, por fin, que no somos más que algoritmos reducidos a burdas mercancías para esclavizarnos y enriquecer a Google, Amazon, Facebook, Twitter, Instagram. Todo los que se ha escrito hasta ahora dejó de tener sentido y nos encontramos en una encrucijada completamente desorientados.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Pedofilia

 

La columnista de El Espectador Vanessa Rosales escribió una violenta columna, titulada Iglesia violadora, que merece varias respuestas o al menos un análisis en una perspectiva distinta a la suya.

Dice la feminista: “La derecha visible del país reclama con insistencia febril por las violaciones perpetradas por grupos guerrilleros. Y, sin embargo, cuando se trata de la Iglesia Católica, el mismo criterio no suele aplicar. Y la pregunta, para mí, sigue siendo similar: ¿Por qué se sigue valorando con autoridad moral una institución que ha violado niños de manera sistemática (sic)? ¿Qué consideraciones tienen, de verdad, las personan que aun sabiendo esto bautizan a sus pequeños en la misma Iglesia?” 

Se trata de un ataque a la iglesia mayoritaria de los colombianos para hacerle daño y no solo a los obispos y sacerdotes involucrados en ese delito. Sería como cuestionar el apoyo de la izquierda a las guerrillas sin ninguna consideración con sus numerosos delitos contra los niños: violaciones (esas sí sistemáticas), secuestros, asesinatos o ejecuciones por faltas nimias. O como atribuirles a los mamertos los genocidios de Stalin, Mao Zedong, Pol Pot o Maduro.

El relato marxista sustituye a Dios para sus seguidores y llena de “sentido” sus vidas. ¿Por qué permiten que sus hijos sigan siendo adoctrinados por esa ideología que legitima tantos crímenes de lesa humanidad? ¿Por qué siguen valorando la autoridad moral y política de los guerrilleros y de los líderes de la izquierda que comparten la misma ideología?

La agresiva columna oculta su origen que no es otro que el feminismo radical de izquierda o el enfoque de género sustentado en los primeros textos de Marx y Engels y que ha tomado nuevo ímpetu gracias a la utilización abusiva y falaz de los avances filosóficos del último siglo, desde Simone de Beauvoir hasta Judith Butler y Paul Beatriz Preciado, pero que desconocen los avances de la ciencia en este siglo. El Acuerdo Farc-Santos incluyó el enfoque de género en nuestra Constitución Nacional.

Si los colombianos, cristianos o no, rechazamos cualquier delito contra los niños, con más contundencia rechazamos los intentos de la izquierda por legalizar la pedofilia y el incesto (relaciones sexuales entre familiares). Prueba de ello son la mayoría de los textos con enfoque de género de las feministas, generalmente lesbianas y transgéneros marxistas.

Esta columna denunció hace varios años la solicitud de los principales filósofos franceses marxistas a la Asamblea para que legalizara la pedofilia en 1977. Cito a Michel Onfray: “Todos los firmantes desean que se despenalicen las relaciones sexuales supuestamente consentidas entre adultos y menores de quince años: Althusser, Barthes, Chátelet, Deleuze, Derrida, Dolto, Foucault, Guattari, Lyotard, Sartre” y otros. Slavoj Zizek, marxista, hace la misma denuncia en su libro El Coraje de la desesperanza.

“El famoso discurso de la ideología de género es el contradiscurso más dañino que ha tenido el país en los avances sobre educación sexual”. Son palabras de Luis Bermúdez, Premio Compartir al Maestro 2017.

La séptima función del lenguaje

 

El 25 de marzo del 1980 muere el semiólogo Roland Barthes en París después de haber sido atropellado por un auto. De este hecho parte el profesor Laurent Binet para montar una deliciosa, irónica e inteligente parodia, con una carga de sátira política y filosófica, titulada La séptima función del lenguaje, publicada por Seix Barral en 2015.

La trama está montada sobre una leyenda: el dueño de la séptima función del lenguaje dominará el mundo; pero perderá su poder al ser conocida por todos. Esa es la función performativa sobre la que escribí una columna para discutir el enfoque de género y que consiste en el poder que tienen las palabras de crear realidad por el simple hecho de pronunciarlas. Como cuando el sacerdote o el juez nos dicen “os declaro marido y mujer” o cuando un juez profiere una condena de prisión. El primer acto performativo es relatado en la Biblia y realizado por Dios: “Hágase la luz. Y la luz se hizo”.

Antes de 1960 se había descubierto y explicado esa función que no estaba incluida entre las seis que había descrito el lingüista ruso Roman Jakobson: las funciones referencial, emotiva, conativa, fática, metalingüística y poética.

El investigador de la muerte de Barthes piensa que pudo ser un asesinato para arrebatarle la fórmula de la función performativa descubierta por el filósofo británico John L. Austin (1911 – 1960). Su discípulo John Searle conforma, con los grandes filósofos parisinos de entonces, incluida Judith Butler, más el presidente de Francia y el semiólogo italiano Umberto Eco, el reparto de la intriga. Esta novela es exigente en cuanto a los conocimientos que el lector debe tener sobre filosofía y lingüística para disfrutarla plenamente. Ahora paso a profundizar un poco más sobre la séptima función.

En una columna anterior mostré que la maestra, la madre, el sacerdote y el periodista no enseñan ni comunican, sino que mandan o dan órdenes gracias al poder que la estructura simbólica o las ideologías de la sociedad les dan. Por eso la palabra es poder. Cuando aprendemos a hablar, las palabras programan nuestra mente con todas las ideologías que definen nuestra sociedad, incluidas la religión, el idioma, la nacionalidad, el capitalismo, la democracia, etc.

Los profesores que adoctrinan en marxismo no lo hacen en función de la libertad de cátedra o con el propósito de generar espíritu crítico; están dando órdenes, mandando porque, si enseñaran realmente, nos presentarían las fallas y alternativas del marxismo. Cualquier frase o sentencia crea realidad. La función performativa no es exclusiva de unas cuantas locuciones como en los ejemplos anotados arriba.  

La izquierda conoce muy bien la función performativa del lenguaje y la usa para intentar dominar el mundo a través de las noticias falsas, las calumnias, la destrucción de estatuas o la corrección de libros, películas, obras de arte y lenguajes que conforman nuestras tradiciones; pero perderá su poder cuando todos entendamos esa función performativa.