Viene haciendo carrera una estrategia muy usada por los
maestros de colegios y universidades para “descrestar” con palabras tomadas de
la filosofía contemporánea y cuyo significado escapa al común de los colombianos.
Más grave aún es que generalmente esas expresiones no respetan el sentido
original, no son explicadas y solo disfrazan un discurso que generalmente no
soporta un análisis serio. Me refiero a palabras como “deconstruir”,
“transversal”, “narrativa”, “Hablar desde” (lo público, los institucional, lo
privado, lo pedagógico, etc.), “con perspectiva de” (género, cultural,
biológica), “estructural”, etc.
Encontré ese discurso en un informe publicado por El Tiempo
en la edición del 25 de abril bajo el título “Derechos menstruales integrales:
ver más allá de los productos”. El informe se centra en una entrevista con la
activista Isis Tijano sobre un libro que acaba de lanzar. Presentaré en forma
sencilla una crítica a esas locuciones.
La palabreja “deconstrucción” fue muy utilizada por el
filósofo Jacques Derrida. Se refieren a denunciar los elementos metafísicos,
mitológicos o imaginarios que soportan la estructura mental de una época para
dejarla sin valor. Así, deconstruir la ideología medieval consiste en mostrar
que se basa en Dios, creación mitológica. Ahora cualquier crítica fácil se
llama “deconstrucción”.
Otro término del que se abusa es “narrativa”. Es sinónimo de
estructura, relato o episteme. Recuerdo la frase de Harari: “todos los relatos
religiosos o políticos son engañosos”. La “narrativa” es un mundo virtual en el
que vivo y me da identidad. De allí la expresión de M. Onfray: “El sujeto se
define en relación con la institución que lo hace posible”. Así, soy cristiano
porque la iglesia me dio esa identidad; soy marxista porque creo en esa
ideología. Para el pensamiento posmoderno no existe el sujeto y solo es mi
identificación con una episteme. Sin
embargo, el término “narrativa” se usa como calificativo despectivo de un
cuento que alguien se inventó.
El enfoque de género debe se usarse de manera “transversal”
para aplicar el Acuerdo de paz y para interpretarlo, según lo pactado por el
expresidente Santos contra la voluntad mayoritaria de los colombianos. En los
programas de educación en los países donde también se ha legalizado el enfoque
de género se ordena que debe aplicarse en todas las materias. En esos ejemplos
se puede vislumbrar el abuso de la peligrosa expresión “transversal”,
francamente dictatorial o totalitaria. En el caso de la propuesta de Isis
Tijano, la educación sobre la menstruación debe ser transversal en todas las
materias y en todos los cursos desde cuarto de primaria: historia, filosofía,
ciencia, mitología y derechos de la menstruación.
Cito a la señora Tijano: “necesitamos una agenda
independiente para la educación menstrual porque es diferente a la sexual y a
la reproductiva”. Tres materias distintas desde cuarto elemental. Porque la
realidad es distinta “desde” lo menstrual, lo sexual o desde lo reproductivo. Y
le faltó “desde” el género.
Las feministas con sus abusos ideológicos y sus discursos
engañosos. ¡Qué horror!
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