Una Convención feminista reunida en Honda, Tolima,
y orientada por la Alianza Verde acaba de lanzar una candidata a la presidencia
de la República con el propósito de enfrentar a Gustavo Petro y Sergio Fajardo,
en una estrategia ficticia que genera todo tipo de dudas y suspicacias. Las
mujeres no representan en el Congreso o en las otras ramas del poder público
exclusivamente el sexo femenino, y eso mismo vale para los hombres. Ellas no
actúan en el gobierno solo como mujeres, sino que defienden determinados
intereses de clase, económicos, gremiales, familiares, partidistas e
ideológicos como los caballeros.
Para conocer a quién representa la Convención
Feminista debemos preguntarnos por el origen de los miles de millones de pesos
que valdría una campaña presidencial si realmente fuera una aspiración seria y
no un montaje. Como se trata de un movimiento de izquierda que ya impuso sin
consulta una candidata Verde, podemos suponer que cuentan con el apoyo
financiero de las guerrillas, el Movimiento Bolivariano de Venezuela, las
multinacionales del aborto o de las organizaciones internacionales que buscan
legalizar la pedofilia.
El único interés de la Convención de Honda puede
ser aprovechar la exitosa estrategia utilizada en las últimas elecciones
regionales por el partido de la inmadura Claudia López: tres alcaldías de capitales
con su único aval, más otras tres y cuatro gobernaciones en coalición. Su
programa se basó, como el de todos los partidos de izquierda, en el discurso
vacío de la decencia con programas aceptables para todos y presentados de una
manera parcial, seductora o engañosa.
Dicen defender los derechos de las mujeres, pero no
cuentan que la izquierda internacional introdujo en nuestra Constitución
Nacional el enfoque de género para legalizar el incesto, la pedofilia y el
aborto. Dicen proteger el medio ambiente; pero callan que las consultas promovidas
por ellos en varios municipios solo afectaron contratos mineros legales y que
su oposición a la aspersión aérea con glifosato facilita los cultivos ilícitos.
Defienden el Acuerdo de paz porque les dio multimillonarios contratos, nuevas
curules para los exguerrilleros que siempre votan con la izquierda y porque ese
Acuerdo es nuestra nueva Constitución redactada por las FARC.
La izquierda se limita en el Congreso a devengar
altísimos salarios, a oponerse a cualquier proyecto del gobierno y a montar inútiles
debates contra los ministros para impresionar a sus seguidores; pero nunca
presenta una reforma seria para mejorar la Ley 100 que tanto critican; nunca,
una reforma tributaria, pensional, laboral o de la justicia porque su objetivo
único es el poder.
Es lógico suponer que la candidatura feminista a
la presidencia de la República es apenas un espectáculo mediático sin
financiación para buscar ventajas en el próximo debate electoral y arrastrar el
electorado femenino mal informado a la candidatura única varonil de la
izquierda. El feminismo radical de izquierda es cínico y no representa a las
mujeres heterosexuales; solo a una minoría marxista de lesbianas y mujeres transgénero.
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