El núcleo básico de las manifestaciones de protesta siempre
es el mismo: el magisterio y los estudiantes universitarios. La participación
de los sindicatos es marginal y se reduce a los obesos líderes porque ellos
representan una minoría. Las centrales obreras reúnen al 6 por ciento de los
trabajadores colombianos formales; los informales, el 50 por ciento de los
trabajadores, no están sindicalizados.
En la concepción neoestructuralista del marxismo, el
proletariado ya no es el “sujeto” revolucionario porque sus líderes se
aburguesaron. Su proyecto de la Revolución Molecular busca reunir colectivos entre
los inconformes de cualquier ideología o sin ninguna: los estudiantes
desadaptados que luchan por una dictadura; el movimiento feminista marxista que
intenta suprimir la familia; indígenas, negritudes y migrantes pescando en río
revuelto. Y qué mejor oportunidad que una pandemia y una reforma tributaria. ¿A
quién le gustan los impuestos, aunque su propósito sea el más justo y noble?
Además de no representar al pueblo colombiano, las manifestantes
del 28 de abril usaron la Reforma Tributaria como coartada que no existía
cuando la protesta se programó. Cualquier motivo era suficiente como el
centenar que se inventaron para “justificar” las marchas de noviembre de 2019.
Por primera vez los revolucionarios de izquierda fingen con toda desfachatez tomar
las banderas de la clase media y de los empresarios para dar la espalda a los
millones de colombianos hambrientos, víctimas principales de la pandemia y beneficiarios
primordiales de los dineros que se buscan recaudar con los impuestos. La
mayoría de los muertos e infectados son de los estratos 1, 2 y 3, como también el
grupo más grande de desempleados.
Ni siquiera tuvieron inteligencia para ocultar los hilos de
los titiriteros que los dirigen y les pagan. Atacaron otra vez a RCN y, por
primera vez, la revista Semana. Esta última, porque ya no es dirigida por el
sobrino de quien le entregó nuestra Constitución a las FARC y porque la revista
expulsó a los columnistas mamertos para asumir una orientación editorial democrática.
Nunca atentarán contra sus aliados de la W Radio, El Espectador y Caracol, tan
responsables de la revuelta como FECODE y Gustavo Petro. Ya sabemos quiénes son
los guionistas del libreto que mueve el espectáculo. Con seguridad, los
muchachos alienados en la masa no leyeron la Reforma Tributaria, no tienen la
preparación académica para cuestionarla y ninguno paga impuestos.
El propósito de las marchas es la acción de los encapuchados
y los mercenarios pagados por las guerrillas y Nicolás Maduro, porque son ellos
quienes dan identidad al movimiento y sin ellos la protesta no significa nada. También
buscan la destrucción del transporte y la economía, conforme al plan del
marxismo internacional ya probado en Italia, Brasil y Chile.
Con el retiro del proyecto de Reforma Tributaria se repite el
libreto chileno: la violencia será peor, pedirán la renuncia de Iván Duque y la
convocatoria de una asamblea constituyente. El caos como trampolín al poder.
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