martes, 30 de marzo de 2021

Repugnante feminismo

 


Agustín Laje, autor de El libro negro de la nueva izquierda, llama “feminazis” a aquellas mujeres, generalmente lesbianas y transgéneros marxistas, que impulsan en todo el mundo el enfoque de género discutido en esta columna. Las feminazis conforman una minoría que no llega al uno por ciento de la población dedicada a imponer una nueva forma de racismo contra hombres y mujeres heterosexuales.

En Colombia han intentado, a través de Gustavo Petro, Gina Parody y Claudia López, hacer una reforma educativa similar a la que en España introdujo el partido de izquierda Unidas Podemos, a la que desde los años noventa del siglo pasado impuso sin mucho éxito el peronismo en Argentina y a la establecida en Perú, sin contar la influencia conseguida en otros países.

De una forma soterrada, la izquierda, especialmente la Alianza Verde, intenta, con la ayuda de idiotas útiles de otros partidos, avanzar en algunas reformas feministas suaves, decentes y de sentido común, con el propósito de hacer proselitismo entre millones de mujeres que no saben nada de las intenciones sucias de algunas de estas señoras. Gozan, además, con el respaldo de ingenuos congresistas varones afectados por “el síndrome del macho arrepentido” y que, como el expresidente Santos, piensan que la ideología de género no existe.

Al menos catorce proyectos “feministas” cursan sin obstáculo en el Congreso a pesar de que algunos son una clara violación de nuestra Constitución o se refieren a reformas ya incluidas en el Acuerdo de paz y que solo necesitan una reglamentación del Ejecutivo; otro establece una cátedra obligatoria con un claro propósito de adoctrinar en enfoque de género; algunos más crean privilegios para las mujeres, pero ignoran las minorías.

Si las damas tienen derecho a la paridad con los varones porque conforman la mitad de la población, igual aplicación debe hacerse a las negritudes, los indígenas, los homosexuales y otras minorías. Si en un departamento o municipio, por ejemplo, la mitad de la población es afrodescendiente o indígena, la mitad de sus listas de los partidos y la mitad de los funcionarios públicos deberían ser de esas etnias en la lógica del feminismo.

Cursa un proyecto “para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres en la vida política”. Es francamente inconstitucional. ¿Por qué no se tiene en cuenta a otros sectores que también son afectados por esa violencia, como las víctimas del conflicto? Un proyecto “para garantizar recursos para la promoción de la participación política de las mujeres”. ¿Por qué no se incluyen a otros sectores más discriminados y sin dinero como la comunidad LGBTI o las minorías religiosas y los inmigrantes?

Las señoras congresistas buscan asegurar sus curules y los cargos públicos. Los privilegios femeninos sólo favorecen a las pequeñas “roscas” que conforman todos los partidos y por eso mujeres de todas las corrientes impulsan esas leyes. En nuestra Carta, los derechos son universales y no hay derechos exclusivos para u otros.

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