martes, 23 de marzo de 2021

El impuesto a las pensiones

 


Me parece aceptable el proyecto del Gobierno que amplía la aplicación del IVA a productos de la canasta familiar de las clases altas porque he leído las opiniones favorables de eminentes economistas distintos al ministro Carrasquilla. Pero no comparto el impuesto para las pensiones, de la misma forma como lo hice cuando en el referendo del primer mandato del Dr. Uribe Vélez se incluyó ese impuesto que fue rechazado por los colombianos.

Los aportes del trabajador y su patrono durante la vida laboral se han denominado “bono pensional”. Supongamos que un funcionario público trabajó la mayor parte de su vida con un salario que oscila entre dos y cinco millones de pesos; pero cuando está próximo a pensionarse logra que su partido lo incluya en las listas para el Congreso de la República y se da una “palomita” de unos meses. Su mesada pensional será de 30 millones pesos y no de dos o cinco millones como correspondería a su bono pensional o al promedio aportado toda su vida.

No obstante, el problema es más complicado porque un alto porcentaje de las pensiones del sector público, las mismas que resultan subsidiadas con los impuestos que todos pagamos, se han obtenido con la utilización de los privilegios legales o de las convenciones colectivas.

Un caso repugnante venía ocurriendo en la rama jurisdiccional. Resulta que los viáticos eran factor salarial para calcular la pensión y esta correspondía al promedio del último año. Millares de jueces, fiscales y magistrados, especialmente con buenas palancas políticas, eran enviados a comisiones en otras ciudades para que sus viáticos les duplicaran la pensión. Entidades como Banco de la República, Ecopetrol, Colpuertos, las empresas públicas de muchos municipios y departamentos, el antiguo Telecom, Policía Nacional, magisterio y hospitales crearon privilegios en materia pensional. Funcionarios que se pensionaban con veinte años de servicio sin el requisito de la edad, por ejemplo.  

Otra, muy distinta, es la situación de aquellos funcionarios del sector público que durante toda su vida laboral aportaron sobre salarios y se pensionaron con una mesada correspondiente a su bono pensional. Un impuesto en este caso es un verdadero robo. Cuando esos funcionarios entraron al sistema les dijeron que su plata ahorrada pagaría la pensión con los intereses que iba a producir, pero ahora el Estado ladrón les quiere cambiar las reglas del juego.

Si se van a gravar las pensiones, debe calcularse el bono pensional. Si la mesada corresponde al bono, cero impuestos. Si no, el impuesto debe ser proporcional al privilegio recibido o a la trampa utilizada. Un impuesto genérico a las pensiones es una clara violación de nuestra Constitución Nacional y una injusticia. Como el referendo no se aprobó en el gobierno Uribe, el presidente actual busca burlarse de la voluntad popular. ¿No fue eso lo que hizo Santos en su plebiscito tramposo sobre el Acuerdo de paz? 

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