Hace apenas unos
setenta años o menos, se enseñaba que las facultades del alma eran la
inteligencia y la voluntad; pero por esa misma época empezó a negarse la
existencia del alma, cambió la visión del hombre y aprendimos lo que las
ciencias habían descubierto muchos años antes: no somos cuerpo y alma, sino
mente y cuerpo. Nuestros maestros viven desactualizados.
La mente mantuvo
ciertas características que la diferenciaban del cuerpo y entonces se llamó “lo
psicológico”. El cuerpo era material o genético y, por el contrario, lo
psicológico conservaba ciertas connotaciones del “alma” completamente
independientes de la materia. Se pensaba que la psicoterapia actuaba sobre la
mente y los fármacos sobre el cerebro. Ahora sabemos que no es así.
Se explicaba, por
ejemplo, que la disfunción sexual masculina obedecía en un 75 por ciento de los
casos a factores psicológicos, en tanto que el 25 por ciento restante era
causado por patologías orgánicas como la diabetes, la hipertensión y algunas
drogas. Nadie hablaba por aquel entonces de que lo psicológico o adquirido
pudiese modificar los genes y el cerebro. Una droga usada para el tratamiento
de la hipertensión tenía un efecto secundario en la actividad sexual de los
varones, el sildenafil o Viagra. Como muchos caballeros mejoraron su desempeño
con el medicamento, de manera arbitraria se intercambiaron los porcentajes: el
75 % de casos de la disfunción sexual se atribuyeron al cuerpo; el resto, a
problemas emocionales o psicológicos.
El psicólogo
freudiano, Bruno Bettelheim, acuñó la expresión “madre nevera” para
culpabilizar a las madres de niños autistas por el trastorno de sus hijos. Con esa
expresión quería negar el carácter genético del autismo y atribuir el trastorno
a la falta de afecto de la madre. Esa teoría es completamente desechada hoy. El
autismo es genético por una mutación en el cromosoma 7 que transmite el padre a
algunos hijos
Asimismo, el
enfoque de género o feminismo marxista incluido en el Acuerdo de paz se creó
por aquella época, segunda mitad del siglo XX, para negar el condicionamiento
de la naturaleza humana o la biología en el género sexual y considerarlo
exclusivamente una creación simbólica o performativa de los padres en la
sociedad patriarcal y capitalista. Ser homosexual o transgénero es “culpa” de
los padres. Aunque esa teoría es falsa, sigue siendo la base de la ideología
marxista.
La mecánica
cuántica borró el cuerpo porque es una simple elaboración mental; somos
definidos hoy por lo que pensamos, por nuestros relatos, tanto los inscritos en
nuestros genes como los grabados por los otros o la cultura en nuestro cerebro.
Somos discurso o lo que creemos; seres simbólicos, programas virtuales o
algoritmos cerebrales. No hay sujeto. Sin embargo, también somos lo que comemos
porque la dieta ayuda a configurar nuestras emociones, la salud y la
enfermedad. Lo que antes llamábamos espíritu es lo cuántico, según algunos.
Que el año nuevo
sea mejor para todos.