viernes, 17 de julio de 2020

LA UNIVERSIDAD NACIONAL



Hacia 1972, cuando empezaba los estudios de Medicina en la Universidad de Caldas, leí una tesis de un joven da apellido Padilla, calificada con los máximos honores en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, sobre los programas de planificación familiar que por esos tiempos se habían establecido en nuestro país. 

Me aterró ese documento por los variados argumentos no jurídicos utilizados para desacreditar nuestras normas legales, en particular los de carácter religioso. Además de calificar la ligadura de trompas como un delito de lesiones personales cometido por el médico, citaba un texto de San Agustín en que se consideraban pecado las relaciones sexuales en el matrimonio con el propósito exclusivo del placer. Es preferible, decía Agustín, que el esposo busque una prostituta y no a su esposa, si su propósito no es reproducirse.

A pesar de mi Alzheimer, recordé esa tesis cuando vi el informe sobre una tutela que se presentó contra la Fiscalía por haber relacionado a unos jóvenes terroristas con la Nacional en hechos ocurridos en un centro comercial de Bogotá. Además, porque esa tesis muestra los compromisos evidentes en esa época de la Universidad con el marxismo y porque es evidente la forma absurda de razonar hoy por parte de la izquierda.   

Es decir, si aspiro a graduarme como abogado, mis argumentos tienen que ser jurídicos o constitucionales, no religiosos o morales. Si mi discurso es científico, no puedo mezclarlo con argumentos religiosos o ideológicos. Otro ejemplo ilustra mejor la idea. El congresista y escritor de novelas, Gustavo Bolívar, afirmó para la revista Semana que el expresidente Uribe Vélez, si no era responsable por imprevisión de las masacres que habían sucedido en Antioquia durante el tiempo en que fue gobernador, debió serlo de cualquier otra forma.

La figura usada por Bolívar en ese comentario se conoce en derecho como responsabilidad objetiva, proscrita de nuestro sistema penal, la misma que se emplea en las redes sociales para acusar a los adversarios políticos en el poder. Hago referencia a las acusaciones contra el Dr. Uribe no porque lo considere inocente o culpable, sino porque la mayor parte de las acusaciones en las redes contra él usan la misma figura de la responsabilidad objetiva.

Si fue ponente de la Ley 100, es responsable de las fallas del sistema de salud en la pandemia; si durante su mandato ocurrieron algunos falsos positivos, debe ser judicializado; pero los presidentes anteriores a él y en cuyos gobiernos hubo muchos más falsos positivos no tuvieron responsabilidad alguna. Las muertes de la pandemia son culpa del Presidente Duque porque no hizo lo que ordenó la “presidenta” de Bogotá. Los ejemplos son millares.

Asimismo, si estoy hablando de religión, no puedo mezclar el cuento con filosofía o con ciencia porque son códigos distintos, con criterios diferentes. La combinación arbitraria de los códigos es común en persona ignorantes, pero no faltan en los ilustrados o científicos y, mucho más, en filósofos y políticos.

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