jueves, 30 de julio de 2020

LA VIRGEN MARÍA POLITIZADA



Con la ayuda de jueces de izquierda, hasta la Virgen se ha vuelto motivo de debates políticos y una ocasión para alimentar la pelea ideológica en que andan los discípulos de lo políticamente correcto en todo el mundo. Todo hace parte de lo que he llamado “la revolución de los idiotas”, iniciada en los Estados Unidos por algunos intelectuales mamertos del área del arte, las ciencias sociales, literatura y filosofía y que inspira a quienes destruyen estatuas, queman libros, prohíben películas y se oponen a todo lo que no sea del gusto romántico de los revolucionarios mercenarios bien remunerados. Hasta la revolución comunista se hace por encargo o en cabeza ajena.
Para que el mensaje sea claro, debo ratificar mi condición de ateo o agnóstico, aunque no por ello desconozca el respeto que merecen todas las ideologías religiosas y políticas, como manda nuestra mitológica Constitución Nacional. Además, afirmo sin temor a equivocarme que quien está violando nuestra Carta y los derechos humanos no es el Presidente Duque cuando proclama en redes sociales su fe religiosa, sino quienes presentaron la discutible tutela y el juez que la aceptó.
Cuando me declaro abiertamente ateo en una columna de prensa no estoy violentando el derecho de nadie, que es lo que prohíbe el ordenamiento constitucional colombiano, porque no estoy despreciando u ofendiendo otra postura ideológica. Cuando el juez condena al presidente por la confesión de su doctrina religiosa, el mismo juez y los demandantes están imponiendo otra mitología o su interpretación particular sobre los derechos humanos: es la ideología mamerta de lo políticamente correcto contra una fe religiosa. Los “derechos humanos” y “la persona humana” son tan mitológicos como la Virgen de Chiquinquirá o el materialismo de “la señora esa” y de la alcaldesa esa.
He usado mi condición atea como referente para enfatizar que mi ideología es tan falsa como cualquiera otra, no solo porque nadie tiene el criterio correcto, la verdad o una ideología valedera frente a las otras, sino también porque la condición humana conlleva un imaginario que nos impide, en cualquier campo, tener la perspectiva “científica” con que se engañan los nuevos mamertos estructuralistas o culturales. Y uso la expresión “mamerto” porque es el calificativo que daban los mismos comunistas a quienes proclamaban su credo engañosamente materialista y que no tenían el valor de tomar un fusil e ingresar a la guerrilla.
La izquierda de “la señora esa” y del juez ese no va a aceptar nunca que en una misma sociedad coincidan diversas ideologías, mitologías, géneros sexuales, opiniones, culturas, etnias y tradiciones porque en este aspecto es exactamente igual al fascismo o al nazismo. El marxismo es la mitología de la única verdad que prohíbe las corridas de toros y elabora una mitología ecológica como arma revolucionaria; se para en la imaginaria posición de Dios para definir lo correcto y enviar al “infierno” a quien no comparta su fe.

martes, 28 de julio de 2020

ENTRE BARRABÁS Y JESÚS



Carl Schmitt (1888 – 1986), destacado jurista y politólogo alemán nazi, sigue siendo motivo de interés para la derecha y para la izquierda por sus brillantes escritos en favor de Hitler y por sus críticas a la democracia. Su teoría se ha llamado “Decisionismo”, pues plantea que las naciones, como los seres humanos, deben elegir entre Barrabás y Jesús para acceder al camino del desarrollo.

Schmitt describía perfectamente lo que han hecho nuestros gobernantes durante doscientos años de independencia: son indecisos, prefieren no tomar partido, son esclavos de los formalismos y aplazan todas las discusiones importantes; se aterran ante posibles intervenciones de los organismos defensores de derechos humanos, muchos de ellos infiltrados por la izquierda; prefieren nombrar una comisión inútil que estudie el problema antes que hacer algo efectivo para resolverlo. Es la actitud pasiva de Jesús y no la beligerante de Barrabás.

En otras palabras, hemos sido esclavos de la mitología democrática de los derechos humanos. No hemos encontrado el líder o el partido que nos lance a un desarrollo económico real, la única forma de superar nuestros problemas de corrupción y la falta de garantías para que la mayoría de los colombianos conformen una gran clase media necesaria para que nuestra democracia sea fuerte. Cometimos el error histórico de hacer un sistema burgués sin burgueses; un capitalismo sin capital, cuando nuestros únicos medios de producción siguen siendo el machete y el azadón; una “sociedad moderna” que solo producen café, petróleo y carbón; para colmo de males, tanto la derecha como la izquierda siguen tercamente empeñados en el mismo proyecto. 

Nuestra ingenuidad se hizo patética con el Acuerdo de paz. En lugar de aprobar una hoja de ruta hacia la modernidad, como nos recomendaron varios economistas, creamos las condiciones para que, en los próximos veinte o treinta años, los planes de desarrollo nos regresen a la Edad Media. Para obtener el Nobel de Paz y fortalecer la guerrilla se acordó, con enfoque de género, dar un pedacito de tierra a cada campesino, campesina, gay, lesbiana o transexual para no resolver nada.  

Países como Japón, China, Corea del Sur, Chile, España, Singapur, Rusia, Turquía y muchos otros tenían problemas similares a los nuestros. En circunstancias muy diversas, tuvieron gobiernos fuertes que no dejaban bloquear la economía por unos pocos niños burgueses de las universidades, tres cuatro indígenas, una alcaldesa histérica o por siete encapuchados pagados por las guerrillas y Nicolás Maduro. Industrializaron sus países en pocas décadas y les dieron el toque capitalista necesario para mejorar la calidad de vida de sus pueblos. 

Los partidos tradicionales de centro o derecha se mantienen en el ritual de la Constitución Nacional y no encuentran el camino al desarrollo; los partidos de izquierda, más despistados todavía, prometen acabar con nuestro capitalismo, que no existe, para repetir el circo mafioso de Venezuela. Seguimos fieles a Jesús en materia política. Schmitt tenía razón: tenemos una democracia estúpida. 

martes, 21 de julio de 2020

UNA INFILTRADA EN LA JAVERIANA


En un artículo, titulado La profesora de la Javeriana, hice una referencia marginal al caso de la doctora en filosofía, la argentina Luciana Candahia, que había sido despedida de su cátedra sin justa causa y mediante el pago de la indemnización de ley. Ella presentó una acción de tutela que fue aceptada y fallada a su favor con un regaño para que la Universidad “en adelante se abstenga de realizar conductas y promover protocolos estándares que prevengan la discriminación en razón de (sic) género u opiniones políticas”.
En mi columna comenté la posible ignorancia del juez porque, además de desconocer el fondo del debate, su fallo era obviamente improcedente, tal como lo decidió el juez de segunda instancia: no se demostró ningún derecho fundamental afectado por la decisión de la Universidad. 
Hay tantas aristas en este caso que muchas se quedarán por fuera de esta nota: el apoyo incondicional de la muy izquierdosa revista Arcadia, de la casa editorial Semana, a la profesora interesada en acabar la heterosexualidad; el respaldo de cien intelectuales encabezados por la reina de la cultura queer y principal ideóloga de la educación de género único que intenta despenalizar la pedofilia y el incesto, la norteamericana Judith Butler; el apoyo de la Colombia Humana; el desprecio de la profesora hacia Álvaro Uribe Vélez, cuya foto encabeza una entrevista publicada el 22 de mayo del 2019 por el Partido Comunista Colombiano con este titular: “Colombia tiene la dictadura más sangrienta e hipócrita” (en ese mes Iván Duque ya era Presidente).
Es de público conocimiento la influencia que el marxismo ha tenido en la religión católica, en particular en la Universidad de los jesuitas, por medio de la teología de la liberación; pero no es lo mismo que el cristianismo imite a la izquierda en la defensa de los más pobres a que contrate una profesora para enseñar la estrategia del comunismo internacional para destruir la familia. Es este aspecto al que me refería cuando señalaba la ignorancia del juez de primera instancia que ordenó el reintegro. 
Por fortuna para la democracia y las iglesias cristianas, los primeros intentos realizados en Latinoamérica para introducir el enfoque de género en guarderías y colegios ha sido un verdadero fracaso. Así lo expresa una “educadora” en el texto “Para una didáctica con perspectiva de género”, coordinado por Ana María Bach y publicado en Buenos Aires en 2015, usado para introducir a los maestros argentinos en las estrategias marxistas y enseñar a los niños que la heterosexualidad es un engaño del capitalismo.  
En Perú recibió el rechaza de la comunidad; en Colombia fracasaron los planes de Gustavo Petro y luego de la exministra de Educación en el mandato de Juan Manuel Santos, Gina Parody. Esa ideología de género fue defendida en el Congreso de la República por la entonces senadora de la Alianza Verde, Claudia López; el expresidente Santos dijo que no existía. 

viernes, 17 de julio de 2020

LA UNIVERSIDAD NACIONAL



Hacia 1972, cuando empezaba los estudios de Medicina en la Universidad de Caldas, leí una tesis de un joven da apellido Padilla, calificada con los máximos honores en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, sobre los programas de planificación familiar que por esos tiempos se habían establecido en nuestro país. 

Me aterró ese documento por los variados argumentos no jurídicos utilizados para desacreditar nuestras normas legales, en particular los de carácter religioso. Además de calificar la ligadura de trompas como un delito de lesiones personales cometido por el médico, citaba un texto de San Agustín en que se consideraban pecado las relaciones sexuales en el matrimonio con el propósito exclusivo del placer. Es preferible, decía Agustín, que el esposo busque una prostituta y no a su esposa, si su propósito no es reproducirse.

A pesar de mi Alzheimer, recordé esa tesis cuando vi el informe sobre una tutela que se presentó contra la Fiscalía por haber relacionado a unos jóvenes terroristas con la Nacional en hechos ocurridos en un centro comercial de Bogotá. Además, porque esa tesis muestra los compromisos evidentes en esa época de la Universidad con el marxismo y porque es evidente la forma absurda de razonar hoy por parte de la izquierda.   

Es decir, si aspiro a graduarme como abogado, mis argumentos tienen que ser jurídicos o constitucionales, no religiosos o morales. Si mi discurso es científico, no puedo mezclarlo con argumentos religiosos o ideológicos. Otro ejemplo ilustra mejor la idea. El congresista y escritor de novelas, Gustavo Bolívar, afirmó para la revista Semana que el expresidente Uribe Vélez, si no era responsable por imprevisión de las masacres que habían sucedido en Antioquia durante el tiempo en que fue gobernador, debió serlo de cualquier otra forma.

La figura usada por Bolívar en ese comentario se conoce en derecho como responsabilidad objetiva, proscrita de nuestro sistema penal, la misma que se emplea en las redes sociales para acusar a los adversarios políticos en el poder. Hago referencia a las acusaciones contra el Dr. Uribe no porque lo considere inocente o culpable, sino porque la mayor parte de las acusaciones en las redes contra él usan la misma figura de la responsabilidad objetiva.

Si fue ponente de la Ley 100, es responsable de las fallas del sistema de salud en la pandemia; si durante su mandato ocurrieron algunos falsos positivos, debe ser judicializado; pero los presidentes anteriores a él y en cuyos gobiernos hubo muchos más falsos positivos no tuvieron responsabilidad alguna. Las muertes de la pandemia son culpa del Presidente Duque porque no hizo lo que ordenó la “presidenta” de Bogotá. Los ejemplos son millares.

Asimismo, si estoy hablando de religión, no puedo mezclar el cuento con filosofía o con ciencia porque son códigos distintos, con criterios diferentes. La combinación arbitraria de los códigos es común en persona ignorantes, pero no faltan en los ilustrados o científicos y, mucho más, en filósofos y políticos.

martes, 14 de julio de 2020

EL MONJE Y LOS FILÓSOFOS


                                                                                                      
Dado el auge que el budismo ha tenido entre algunos jóvenes occidentales, presentaré una síntesis de su doctrina y algunas críticas de las filosofías occidentales de hoy. Para ello es necesario recordar que el budismo surgió en el noreste de la India en el siglo VI a. C. como una reacción al hinduismo, la religión de las castas que los arios habían traído del norte. Sin embargo, las prácticas del Buda para llegar a la iluminación no tuvieron éxito en la India, pero sí en El Tíbet, Sri Lanka y otros pueblos de oriente. 

Para el budismo, el sufrimiento surge del deseo no satisfecho del yo imaginario que creemos ser porque las rutas ordinarias de la existencia –el poder, las riquezas, los placeres de los sentidos, etc.— no pueden procurar una satisfacción o felicidad permanentes. Todos los factores mentales negativos como el apego, el odio, los celos y la falta de discernimiento surgen de un yo que no es más que una simple etiqueta pegada al intelecto sobre la unión temporal de diversos elementos interdependientes.

El budismo se considera una disciplina contemplativa elaborada por ermitaños seguidores de Siddhartha Gautama, conocido como el Buda, quien logró la iluminación, es decir, superar el samsara o la cadena de reencarnaciones. Estas reencarnaciones no son de una entidad o de un sujeto (que no existe), sino un “oleaje de consciencia” o “un continuo de una corriente de consciencia” que se perpetúa sin que haya una entidad fija y autónoma que la recorra”.

Para un marxista contemporáneo, el budismo convierte un problema social y económico en místico o trascendental, como hacen todas las religiones. Sus campañas de solidaridad no resuelven los verdaderos determinantes de la pobreza y el sufrimiento; su solución es para una minoría de monjes privilegiados y vagos que han convertido su actividad en un negocio o su forma de vida.

Un filósofo neoestructuralista comparte la convicción del que el yo o sujeto no existe, pero su análisis es muy distinto. La consciencia es solo pensamiento y no ese flujo metafísico. El budismo defiende el mito del fantasma en la máquina, que la ciencia occidental y el posmodernismo rechazan. La consciencia surge en el humano cuando aprende hablar y es solo una realidad virtual, un lenguaje; el que ser humano es un algoritmo. El concepto de consciencia del budismo es imaginario o mitológico, como el de otras religiones. Si la reencarnación no es de la persona o del sujeto, tampoco lo es de la “consciencia”.

Para el pensamiento pragmático, las verdades últimas o la plenitud de la vida son principios mitológicos imposibles de demostrar porque escapan a las posibilidades de nuestro conocimiento. La sociedad tiene problemas para resolver a través del consenso de los interesados con el fin de buscar justicia social y felicidad. Richard Rorty (1931-2007) es contundente: “No hay nada en lo más profundo de nosotros que no hayamos puesto ahí nosotros mismos”.

sábado, 4 de julio de 2020

MARÍA LUCIANA CANDAHIA


En un artículo que titulé La profesora de la Javeriana, hice una referencia marginal al caso de la doctora en filosofía, la argentina Luciana Candahia, que había sido despedida de su cátedra, sin justa causa y mediante el pago de la indemnización de ley. Ella presentó una acción de tutela que fue aceptada y fallada a su favor con un regaño para que la Universidad “en adelante se abstenga de realizar conductas y promover protocolos estándares que prevengan la discriminación en razón de (sic) género u opiniones políticas”.
En mi columna comenté la posible ignorancia del juez porque, además de desconocer el fondo del debate, su fallo era obviamente improcedente, tal como lo decidió el juez de la segunda instancia: no se demostró ningún derecho fundamental afectado por la decisión de la Universidad. 
Hay tantas aristas en este caso que la mayoría se quedarán por fuera de esta nota: el apoyo incondicional de la muy izquierdosa revista Arcadia, de la casa editorial Semana, a la profesora marxista que busca acabar con la familia y la heterosexualidad; el apoyo de cien intelectuales encabezados por la reina de la cultura Queer y principal ideóloga de la ideología que intenta despenalizar la pedofilia y el incesto, la norteamericana Judith Butler; el apoyo de la Colombia Humana y el desprecio de la profesora hacia Álvaro Uribe Vélez, cuya foto adorna una entrevista, publicada el 22 de mayo del 2019 por el Partido Comunista Colombiano con este titular: Colombia tiene la dictadura más sangrienta e hipócrita (en ese mes Iván Duque ya era Presidente).
Es muy curioso que El Espectador, uno de los medios que recibió una enorme cantidad de dinero en contratos de publicidad durante el frívolo mandato del Nobel de Paz y que hizo un amplio despliegue con la tutela que reintegraba a la doctora marxista y amiga de Gustavo Petro, no haya dicho mucho sobre el fallo de segunda instancia. Más bien se dedicó por aquellos días a publicar los ensayos de Damián Pachón Soto, cuyo doctorado en filosofía de la Universidad de Santo Tomás, con tesis laureada, esta columna había cuestionado el año pasado a raíz de un panfleto de su autoría que publicó un editorial marxista para educación secundaria y que se distribuye sin ningún control oficial, tal vez porque Julián de Zubiría dice que eso es libertad de cátedra, el mismo alegato de Luciana.
Para los amigos que llegan por primera vez a esta columna es bueno recordar que Gustavo Petro inició un programa piloto en colegios Oficiales de Bogotá para introducir el enfoque de género, el mismo que el Acuerdo de paz volvió mandato constitucional y hoy es ley en la España con gobierno de izquierda; ese mismo enfoque de género se viene aplicando, con muy pobres resultados, desde los años noventa del siglo pasado por orden del peronismo en la Argentina de Candahia. Ese enfoque busca abolir todos los géneros sexuales. 

jueves, 2 de julio de 2020

LA REVOLUCIÓN DE LOS IDIOTAS


En E.E. U.U. los sectores conservadores llamaron peyorativamente “lo políticamente correcto” a un programa izquierdista nacido en el siglo pasado en algunas facultades de humanidades, con el propósito de revisar con un criterio multicultural las obras de literatura, arte o filosofía para corregir o sancionar las que “afectaban” a las minorías oprimidas (mujeres, negros, esclavos, hispanos, migrantes, comunidad LGBTI, etc.).
Historiadores que usaban sus textos para hacer proselitismo político de izquierda, como el inglés Erich Hobsbawm, el español Josep Fontana o el colombiano Indalecio Liévano Aguirre, se consideraban políticamente correctos porque aplicaban los dogmas del materialismo dialéctico o de la lucha de clases en sus análisis. Por el contrario, quienes se salían del esquema eran tildados de “revisionistas” y condenados al ostracismo. En el campo de la filosofía pasaba algo similar. Si usted no repetía a Marx, Althusser, Foucault o Derrida, era un vulgar burgués vendepatrias y enemigo del pueblo.  
De esa visión nació también el movimiento de discriminación positiva, que propone un tratamiento preferencial para las víctimas de discriminación. De ingrata recordación en Colombia es la ley de cuotas para favorecer a las mujeres en la repartición de los cargos públicos y que fue maliciosamente utilizada por la parapolítica para que los encarcelados por esa causa fueran remplazados en sus cargos por las esposas, hijas y otras allegadas.
Fue la misma argucia de las FARC y el expresidente Santos para aumentar las curules de la izquierda en el Congreso con el cuento de que eran las 16 curules de las víctimas, cuando en realidad estas fueron remplazadas fraudulentamente por amigos de las guerrillas en las negociaciones de La Habana. La forma extrema de esta discriminación positiva fue la introducción del enfoque de género en el Acuerdo de paz provechando la ignorancia o la mala fe del expresidente Santos, sus asesores y los magistrados de las altas cortes. El enfoque de género, marxista y neonazi representa el uno por ciento de la población e inspira los frecuentes ataques de la comunidad LGBTI+ a las religiones por ser políticamente incorrectas.
El análisis de lo políticamente correcto y la discriminación positiva no es completo si no se revelan los ocultos intereses del actual movimiento antirracista de Estados Unidos extendido a Europa. Es dirigido por movimientos radicales de izquierda, financiado por organizaciones opuestas a Donald Trump y se ha convertido en la revolución de los idiotas que destruye estatuas y monumentos con algún cariz de lo políticamente incorrecto porque recuerdan a un personaje esclavista, colonialista, blanco o burgués.
Es un nuevo puritanismo llevado al extremo y que recuerda las peores épocas del fascismo, el nazismo y del fanatismo religioso; es la izquierda imitando la quema de libros por la Inquisición católica; otra infame revolución cultural similar a la de Mao Zedong entre 1966 y 1968; el PSOE desenterrando el cadáver de Francisco Franco el año pasado para tomar una venganza simbólica.  Sí, la revolución de los idiotas