domingo, 14 de junio de 2020

EL POLICÍA INGENUO



Un joven miembro de la fuerza pública se negó a cumplir la orden judicial de un desalojo porque le pareció injusta e inmediatamente se convirtió en héroe nacional en las redes sociales. Este evento, como sucede con muchos otros, es un indicador del fracaso de nuestro sistema educativo y de la ignorancia de la mayoría de los colombianos en temas elementales de cultura general. Es también un indicador de la falta de criterio de la mayoría de los ciudadanos en el momento de depositar su voto en unas elecciones, razón por la cual el futuro de nuestra patria es muy desalentador. Pronto seremos otra Venezuela si no hacemos algo al respecto.

El programa de civismo, cultura ciudadana, democracia, o como se quiera llamar, cumple su cometido si el alumno entiende claramente los principios básicos de nuestras instituciones y la estructura de un estado democrático; pero parece que los maestros prefieren que los jóvenes hagan una síntesis del seriado El Matarife y elaboren una cartelera sobre los asesinatos cometidos por el Presidente Duque al abrir “prematuramente” la economía en esta pandemia, tal como propone la alcaldesa de Bogotá. La escuela adoctrina, no enseña.

En el caso del policía ingenuo, la responsabilidad también es de la entidad que lo envió a cumplir una función para la que no estaba capacitado, aunque resulta difícil para cualquier colombiano entender que el criterio que mueve a los jueces no es la moral o el humanismo fofo que nos enseñaron las madres y los pastores cristianos. Además, las órdenes de las autoridades se apelan, según el procedimiento establecido, pero no se incumplen porque “yo no estoy de acuerdo”.

Aunque no le dedico mucho tiempo a las redes sociales, me asusta la cantidad de tonterías que, inclusive personas consideradas cultas y ecuánimes, publican todos los días. Se ignoran las funciones y limitaciones establecidas en la Constitución para los cargos públicos. Se piensa que las leyes son un capricho del presidente y les aplican el criterio bárbaro de la responsabilidad objetiva, según el cual, todo lo que pase durante su mandato es responsabilidad suya. El ponente de una ley en el Congreso debe responder en el futuro por sus efectos o por las modificaciones que se le hagan en el debate o en su aplicación. Pero como la izquierda nunca presenta proyecto alguno para mejor nuestra sociedad, nunca son responsables de nada.

La mayoría de los participantes en las redes solo reflejan en las opiniones su ignorancia o su patología emocional; pero unos grupos, en permanente crecimiento, actúan de mala fe, reciben dinero por sus mentiras o hacen parte de un partido político dedicado a difundir información falsa para desacreditar al gobierno o para promover las banderas y consignas de su movimiento.  Ya no tengo espacio para hablar de las teorías de la conspiración.

Si bien algunas pocas personas aprovechan las redes en forma positiva, el balance general es negativo.


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