Toda la Nación se sorprendió con el resultado de las pasadas
elecciones regionales por el repunte de la izquierda en varias capitales y
departamentos. En una discutible interpretación, los camaradas ya sueñan con un
arrollador triunfo en las presidenciales y tal vez por eso empieza el sonajero
de nuevos aspirantes y de las traiciones entre ellos mismos. Ahora, Sergio
Fajardo tiene que someterse a ciertas condiciones para aspirar en nombre de la
Alianza Verde.
Tres o cuatro son los cuentos chinos con los que hacen votos
los amigos de Maduro. El más importante es el de su lucha contra la corrupción.
Como el pueblo no sabe o no entiende que el problema es estructural, se deja
engañar fácilmente. Las campañas anticorrupción solo benefician, en votos, a
quienes las hacen, como dicen los japoneses. Por eso, estos se olvidaron de la
pelea anticorrupción, el aumento de las penas o la publicación de las
declaraciones de renta de los funcionarios públicos y se dedicaron a
desarrollar el país. La corrupción política desapareció como efecto secundario
del progreso.
“Estructural” significa que usted y yo, todos, estamos
involucrados en los negocios sucios de los políticos. Claudia López y su esposa,
Angélica lozano, denuncian a quienes se enriquecieron con la política porque,
ellas, como las mayorías de los líderes de izquierda, vienen de hogares pobres,
muchas veces disfuncionales, apenas empiezan y pronto recurrirán a los mismos
mecanismos usados por los partidos tradicionales para llenar los bolsillos de
familiares y amigos, como siempre ha pasado en todos los países
subdesarrollados o como en Bogotá, con Samuel Moreno y “el Señor de las
Bolsas”.
Habrá corrupción mientras el principal proveedor de empleos
sea el Estado, y los pobres tengan que vender su dignidad para conseguir un
empleo como aseadores, ascensoristas, maestros o conductores en cualquier entidad
pública; pero la izquierda del siglo XXI y del Foro de Sao Paulo no tiene
autoridad para presentarse como los “decentes”, ya que nada genera más
corrupción que sus programas de centralización del poder y el bloqueo al libre
juego del mercado o a la iniciativa privada.
Otro cuento engañoso es su lucha por los derechos de las
mujeres. Su propósito perverso, del que nunca hablan, es el mismo que ya
intentó Gustavo Petro en Bogotá y que la izquierda del PSOE y Unidas Podemos
está implementando en España. Se trata de modificar los programas de educación
de manera transversal con el enfoque de género para destruir la familia,
legalizar la pederastia y el incesto, como la única forma que han encontrado
para derrotar el capitalismo con el aval de la ONU.
Otro sofisma de los camaradas de las FARC (dedicadas hoy a
destruir nuestros bosques) es su ecologismo ideológico. Defienden los animales,
pero apoyan la legalización del aborto sin restricciones. Desprecian la
ciencia, la única solución a la crisis ambiental, y convencen a los ingenuos de
que ellos tienen la “verdad” del cambio climático.
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