Nuestra sociedad ha cambiado mucho desde cuando
aproximadamente un tercio de los europeos, unos 25 millones, fueron víctimas de
la pandemia del siglo XIV. Producida por una bacteria que la pulga de las ratas
inoculaba a los humanos, también llegó de China en los barcos que anclaban en
el mar Negro y de allí se distribuyó por toda Europa.
Como pasa hoy con el Covid-19, los errores humanos agravaron
la desgracia. Como en ese entonces se desconocía el origen de la enfermedad, se
buscaba en el demonio o en la voluntad de Dios. Alguien debía ser el
“culpable”. Entonces muchos cristianos en su desesperación e impotencia miraron
a los odiados judíos. Y algún ignorante, como los “genios de la conspiración”
de nuestras redes sociales, hizo correr el rumor de que los judíos habían
contaminado las aguas del pozo del pueblo. Miles de judíos fueron asesinados a
pesar de que el clero insistía en que los judíos también morían con la plaga.
Para algunos historiadores, por otro lado, la peste negra o
bubónica, marcó el comienzo del fin de la Edad Media, en lo que sin duda tienen
mucha razón. En el campo religioso, por ejemplo, la muerte de buena parte de
los sacerdotes y obispos menguó el poder de la Iglesia, lo que facilitó la
aparición de algunos sacerdotes y laicos rebeldes, siendo los casos más
conocidos y paradigmáticos el inglés John Wyclif, muerto en 1390 por accidente
cerebrovascular cuando era juzgado por la Inquisición, y John o Jan Hus,
condenado a la hoguera por el concilio de Constanza en 1415. Sus ideas fueron
retomadas por la Reforma protestante en el siglo XVI.
Además, la economía sufrió un revolcón enorme. Los obreros y
campesinos sobrevivientes tuvieron más oportunidades de trabajo mejor
remunerado. La estructura mental de la época también se modificó con el
humanismo, el regreso a la cultura antigua y el Renacimiento.
La diferencia entre la Edad Media y la contemporánea es la
ciencia. El Covid-19 será controlado en pocos meses y el mundo volverá a la
normalidad mientras lloramos por los abuelos y las abuelas que nos dejan. Y lo
sucedido en España en los últimos días será el símbolo del fracaso de las
ideologías en el control de los males que nos atacan. Irene Montero, esposa de
Pablo Iglesias y líder de la Secretaría de la Mujer del gobierno de izquierda,
desconoció la recomendación científica de la Unión Europea de no realizar
manifestaciones.
Para ella fue más importante la política feminista del
enfoque de género que la seguridad de las mujeres, y presidió la manifestación
feminista del 8 de marzo. Ella resultó positiva para el virus y la epidemia se
disparó en Madrid. En Irene se juntan dos pandemias, la del virus y la ideológica;
esta última más peligrosa aún. En el siglo XIV la ideología legitimó el antisemitismo;
en el XXI, busca destruir la familia.
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