lunes, 23 de marzo de 2020

EL GÉNERO EN DISPUTA




Me sorprendió una columna en un periódico de Manizales el 22 de febrero, El género en disputa, título tomado del texto publicado en 1990 por la filósofa norteamericana Judith Butler. Más allá de su crítica a un grupo cristiano que protesta por el nombramiento de la transgénero Matilda González en la Secretaría de la Mujer –asunto que no discuto— me llaman la atención las inexactitudes del columnista que me llevan a pensar que no leyó el libro o no lo entendió. Es una irresponsabilidad.

Su planteamiento sobre el género sexual, natural en animales y humanos, que no corresponde con los genitales externos está en clara contradicción con la propuesta de Butler y el enfoque de género. Para Judith, el género es una asignación cultural sin relación alguna con la naturaleza humana, es decir, con la biología o los genitales

También es discutible la afirmación del columnista en el sentido de que el punto nodal de este debate es la lucha por el reconocimiento. Esa lucha es democrática, presentada por F. Hegel en La fenomenología del espíritu. De hecho, hemos avanzado mucho en el reconocimiento de las minorías LGBTI, tanto que existen claras y serias oposiciones al intento de pocos cristianos por deslegitimar ese reconocimiento. Judith Butler rechaza la visión hegeliana o de la sociedad burguesa por ser discriminadora de la mujer y las minorías sexuales. Ella es marxista. Judith es a Hegel lo que la izquierda es a la derecha.

Al contrario de lo que piensa el columnista, la propuesta de Butler busca destruir la democracia y la sociedad capitalista mediante la abolición de toda forma de heterosexualidad y, por consiguiente, de la organización familiar convencional. Como los géneros son una imposición patriarcal, se trata de suprimirlos para que no quede ninguno. Además, se busca legalizar las relaciones sexuales entre familiares (padres con hijos y entre hermanos) pues no se acepta el tabú del incesto.

En este contexto se comprende muy bien el conflicto que hay en España por la imposición del enfoque de género en forma transversal en todas las instituciones educativas, porque “los hijos no son propiedad de los padres”. La comunidad de Murcia y los partidos de centro y derecha se oponen a la reforma mediante un pin parental que es una autorización de los padres para que sus hijos puedan participar en esa educación sexual que consideran un nuevo adoctrinamiento marxista.

Es la misma confrontación que se dio en Bogotá el año 2012, cuando el entonces alcalde Gustavo Petro trató de aplicar el mismo sistema educativo que hoy divide a los españoles y que en Argentina fue impuesto por la izquierda peronista desde los años noventa, al parecer con muy pobres resultados.

Después de estudiar durante varios años el enfoque de género, me parece comprensible que no lo entiendan sus defensores y detractores, pues en el fondo es otra forma, muy complicada, de mirar la condición humana.

martes, 17 de marzo de 2020

IRENE MONTERO Y LA PANDEMIA




Nuestra sociedad ha cambiado mucho desde cuando aproximadamente un tercio de los europeos, unos 25 millones, fueron víctimas de la pandemia del siglo XIV. Producida por una bacteria que la pulga de las ratas inoculaba a los humanos, también llegó de China en los barcos que anclaban en el mar Negro y de allí se distribuyó por toda Europa.

Como pasa hoy con el Covid-19, los errores humanos agravaron la desgracia. Como en ese entonces se desconocía el origen de la enfermedad, se buscaba en el demonio o en la voluntad de Dios. Alguien debía ser el “culpable”. Entonces muchos cristianos en su desesperación e impotencia miraron a los odiados judíos. Y algún ignorante, como los “genios de la conspiración” de nuestras redes sociales, hizo correr el rumor de que los judíos habían contaminado las aguas del pozo del pueblo. Miles de judíos fueron asesinados a pesar de que el clero insistía en que los judíos también morían con la plaga.

Para algunos historiadores, por otro lado, la peste negra o bubónica, marcó el comienzo del fin de la Edad Media, en lo que sin duda tienen mucha razón. En el campo religioso, por ejemplo, la muerte de buena parte de los sacerdotes y obispos menguó el poder de la Iglesia, lo que facilitó la aparición de algunos sacerdotes y laicos rebeldes, siendo los casos más conocidos y paradigmáticos el inglés John Wyclif, muerto en 1390 por accidente cerebrovascular cuando era juzgado por la Inquisición, y John o Jan Hus, condenado a la hoguera por el concilio de Constanza en 1415. Sus ideas fueron retomadas por la Reforma protestante en el siglo XVI.

Además, la economía sufrió un revolcón enorme. Los obreros y campesinos sobrevivientes tuvieron más oportunidades de trabajo mejor remunerado. La estructura mental de la época también se modificó con el humanismo, el regreso a la cultura antigua y el Renacimiento.

La diferencia entre la Edad Media y la contemporánea es la ciencia. El Covid-19 será controlado en pocos meses y el mundo volverá a la normalidad mientras lloramos por los abuelos y las abuelas que nos dejan. Y lo sucedido en España en los últimos días será el símbolo del fracaso de las ideologías en el control de los males que nos atacan. Irene Montero, esposa de Pablo Iglesias y líder de la Secretaría de la Mujer del gobierno de izquierda, desconoció la recomendación científica de la Unión Europea de no realizar manifestaciones.

Para ella fue más importante la política feminista del enfoque de género que la seguridad de las mujeres, y presidió la manifestación feminista del 8 de marzo. Ella resultó positiva para el virus y la epidemia se disparó en Madrid. En Irene se juntan dos pandemias, la del virus y la ideológica; esta última más peligrosa aún. En el siglo XIV la ideología legitimó el antisemitismo; en el XXI, busca destruir la familia.

viernes, 13 de marzo de 2020

LA ESTRUCTURA O EL RELATO



Siempre que hablo como cristiano estoy expresando una idea que considero la “verdad” de mi fe y para ello utilizo una palabra. Eso mismo sucede cuando hablo como marxista: una idea aprendida en los textos de mi fe revolucionaria es plasmada en las redes sociales, por ejemplo, por medio de distintas expresiones. En el primer caso, palabras o significantes como Jesús, salvación, Dios o evangelio coinciden con ideas o significados que tengo de ellas; en el segundo sucede lo mismo con expresiones como clase social, capitalismo, alienación, modos de producción o sociedad sin clases.

El sujeto cristiano o marxista que soy está convencido de que a cada idea tomada de esos relatos corresponde o da sentido o valor a la palabra que utilizo. Ahora, si llamamos a mi idea religiosa o marxista “significado” y, a la palabra o expresión que uso en cada caso, “significante”, tengo que concluir que en el lenguaje ordinario prima mi idea o significado sobre la palabra o significante.

Esa visión cambia completamente en el mundo de hoy cuando hemos aprendido que yo, como sujeto, no existo, pues no soy más que una creación mental. Eso significa que cuando hablo, no soy “yo” quien lo hace; es mi relato cristiano o marxista el que habla por mí. Entonces se invierte el esquema: primero está la palabra o el relato o el código o el lenguaje o el significante que la idea. Es la primacía del significante sobre el significado.

Las palabras o significantes valen o tienen pleno sentido en la doctrina cristiana o marxista que aprendí o me enseñaron otros, pero fuera de ese relato no tienen ningún significado o sentido. Los relatos que conforman mis identidades como cristiano, comunista, pereirano, colombiano, ateo, revolucionario, masculino, femenino, etc. son estructuras mentales en las que ingreso cuando aprendo a hablar o entro al mundo simbólico o de los códigos.

Los lenguajes o relatos que me constituyen como ser humano encontraron en la película Matrix una buena explicación: vivimos en una máquina virtual o en un lenguaje en el que no somos más que elementos pasivos de un juego llamado estructura. De allí que, cuando peleamos en las redes sociales, no son dos o diez personas las que se enfrentan, sino dos o diez discursos, relatos o lenguajes distintos. Generalmente conformamos redes con aquellas “personas” o con aquellos relatos que son iguales a “nosotros” o a nuestro discurso para que todos ratifiquemos lo que creemos “ser” con toda ingenuidad.

Gracias al internet y a las redes sociales es más fácil entender que vivimos en un mundo virtual o en un lenguaje, algo que antes era más difícil de comprender para nuestros padres o abuelos. Entonces resulta relativamente fácil hoy entender a Yuval Noah Harari cuando en su último libro, 21 lecciones para el siglo XXI, afirma que todos los relatos religiosos o políticos son engañosos y que no soy más que un algoritmo.

martes, 10 de marzo de 2020

UN CONCEPTO BURGUÉS




Cuando se firmaron los acuerdos de paz entre el expresidente Santos y las guerrillas de las Farc, la mayoría de los colombianos no se percataron de que la “verdad” tenía un sentido distinto entre las partes. La verdad jurídica de la JEP es diferente a la de nuestros tribunales; la verdad en el Centro Nacional de Memoria histórica depende de si es dirigido por simpatizantes del marxismo o por Darío Acevedo C.; la Comisión de la Verdad tiene un discurso diferente cuando es orientada por un sacerdote formado en la Teología de la liberación o por un demócrata. En otras palabras, el Acuerdo fue un fraude por la ambigüedad de todas sus expresiones.

Por eso, en los medios y redes sociales se repite todos los días la imagen de alias “Tornillo” aclarando que el concepto de derechos humanos o de persona humana es un concepto burgués. En eso tiene toda la razón. Esas palabras hacen parte de nuestro relato democrático, pero nunca han sido componentes del discurso marxista. Cuando un guerrillero secuestra a un niño para convertirlo en un arma de guerra, o cuando una mujer “aborta” a un niño viable en el tercer trimestre del embarazo, o cuando el mismo “Tornillo” abusa de un menor de edad, no están afectando los derechos humanos o a una persona porque en su ideología esos términos no existen.

Cuando un individuo de la especie humana se compromete o asume como propio un relato cristiano, marxista, demócrata o fascista, adquiere una identidad o se pasa a vivir en uno o varios de esos relatos que determinarán su comportamiento y su vida. Los relatos son estructuras simbólicas o virtuales que me constituyen porque fuera de ellos no soy nada, no existo. Cuando aprendemos a hablar recibimos no solo la identidad personal imaginaria simbolizada en un nombre, sino también otros lenguajes que me dan las identidades de cristiano, petrista, uribista, colombiano, demócrata, etc.

Esta teoría se llama estructuralismo, apareció en el siglo pasado y cambió completamente nuestra forma de pensar. Para el estructuralismo, como para la ciencia, no somos personas o sujetos, sino simples creaciones mentales. Nuestro relato democrático es una mitología como la religión. Sobre esa fantasía se creó nuestra organización política que la izquierda ha querido destruir hace siglo y medio para establecer el socialismo, otro relato imaginario, que puede ser como el de Nicolás Maduro, el de Fidel Castro o el que domina la China o Corea del Norte.

Cuando los ideólogos del marxismo entendieron el estructuralismo y que su viejo esquema político estaba equivocado, entonces Gustavo Petro llamó a su movimiento “Colombia Humana”, Claudia López dice que lucha por los derechos humanos de las mujeres y la comunidad LGBTI y, en algunos textos de los camaradas, se dice que lo único rescatable del relato democrático es su visión de los derechos humanos. Sin embargo, todo eso es una trampa para ganar elecciones; su plan es otro.

martes, 3 de marzo de 2020

LA ESTRATEGIA DE LA IZQUIERDA






Toda la Nación se sorprendió con el resultado de las pasadas elecciones regionales por el repunte de la izquierda en varias capitales y departamentos. En una discutible interpretación, los camaradas ya sueñan con un arrollador triunfo en las presidenciales y tal vez por eso empieza el sonajero de nuevos aspirantes y de las traiciones entre ellos mismos. Ahora, Sergio Fajardo tiene que someterse a ciertas condiciones para aspirar en nombre de la Alianza Verde.

Tres o cuatro son los cuentos chinos con los que hacen votos los amigos de Maduro. El más importante es el de su lucha contra la corrupción. Como el pueblo no sabe o no entiende que el problema es estructural, se deja engañar fácilmente. Las campañas anticorrupción solo benefician, en votos, a quienes las hacen, como dicen los japoneses. Por eso, estos se olvidaron de la pelea anticorrupción, el aumento de las penas o la publicación de las declaraciones de renta de los funcionarios públicos y se dedicaron a desarrollar el país. La corrupción política desapareció como efecto secundario del progreso.

“Estructural” significa que usted y yo, todos, estamos involucrados en los negocios sucios de los políticos. Claudia López y su esposa, Angélica lozano, denuncian a quienes se enriquecieron con la política porque, ellas, como las mayorías de los líderes de izquierda, vienen de hogares pobres, muchas veces disfuncionales, apenas empiezan y pronto recurrirán a los mismos mecanismos usados por los partidos tradicionales para llenar los bolsillos de familiares y amigos, como siempre ha pasado en todos los países subdesarrollados o como en Bogotá, con Samuel Moreno y “el Señor de las Bolsas”.

Habrá corrupción mientras el principal proveedor de empleos sea el Estado, y los pobres tengan que vender su dignidad para conseguir un empleo como aseadores, ascensoristas, maestros o conductores en cualquier entidad pública; pero la izquierda del siglo XXI y del Foro de Sao Paulo no tiene autoridad para presentarse como los “decentes”, ya que nada genera más corrupción que sus programas de centralización del poder y el bloqueo al libre juego del mercado o a la iniciativa privada.

Otro cuento engañoso es su lucha por los derechos de las mujeres. Su propósito perverso, del que nunca hablan, es el mismo que ya intentó Gustavo Petro en Bogotá y que la izquierda del PSOE y Unidas Podemos está implementando en España. Se trata de modificar los programas de educación de manera transversal con el enfoque de género para destruir la familia, legalizar la pederastia y el incesto, como la única forma que han encontrado para derrotar el capitalismo con el aval de la ONU.

Otro sofisma de los camaradas de las FARC (dedicadas hoy a destruir nuestros bosques) es su ecologismo ideológico. Defienden los animales, pero apoyan la legalización del aborto sin restricciones. Desprecian la ciencia, la única solución a la crisis ambiental, y convencen a los ingenuos de que ellos tienen la “verdad” del cambio climático.

lunes, 2 de marzo de 2020

CRÍTICAS AL ENFOQUE DE GÉNERO




“Yo intento no ser ni naturalista ni constructivista, si esta última palabra remite a una suerte de confección artificial totalmente desarraigada del género, fuera de toda premisa biológica”: Jacques Derrida.

La tesis fundamental del enfoque de género se refiere al carácter exclusivamente cultural de la identidad de género sin injerencia alguna de la naturaleza humana, la biología, la epigenética o las ciencias cognitivas. Por esta razón la educación sexual que propone busca suprimir la heterosexualidad, es decir, acabar toda diferencia en el deseo de los hombres y las mujeres para crear un “sujeto” sin género, con todo tipo de inclinaciones sexuales, transgénero, y poner fin a la dominación machista.

El premio Nobel de fisiología y medicina, Eric R. Kandel, acepta que “en la actualidad se sabe muy poco de la biología de la orientación sexual”, pero es enfático al señalar que las “las hormonas sexuales que se liberan en el cuerpo antes del nacimiento influyen en el comportamiento de género con independencia del sexo cromosómico (XX, XY) y anatómico (genitales externos).

Para demostrarlo presenta dos síndromes, el de insensibilidad androgénica completa y el déficit de 5-alfa-reductasa de tipo 2.   Son educadas como niñas porque sus genitales externos son de niña, pero en realidad son niños en los que la testosterona no actuó en el proceso de formación masculina durante su estado embrionario. Cuando crecen, expresan que se sienten niños atrapados en un cuerpo de niña. “Ahora sabemos que la identidad de género tiene un fundamento biológico y que puede diferir del sexo anatómico durante el desarrollo prenatal”, concluye el Dr. Kandel

Michel Onfray dice “haber descubierto con asombro las raíces concretas de la absurda teoría de género popularizada en los Estados Unidos en los años noventa por la filósofa Judith Butler”. Onfray se refiere a la historia de los gemelos Reimer. Uno de los gemelos fue sometido a una circuncisión, se infectó, hubo que amputarle el muñón del pene que le quedó; por decisión del médico John Money se le construyó una vagina y se le recomendó a la familia que educaran al pequeño como niña porque “es la cultura la que define la identidad de género”. Pues no, no funcionó, y la “niña” cuando creció dijo que sentía varón y hubo que practicarle un nuevo cambio de sexo. La primera cirugía se hizo en 1966. El joven se suicidó en el año 2002.

Otro pensador actual, sociólogo, marxista y seguidor de la filosofía estructuralista de Jacques Lacan, dedica buena parte de su libro El Coraje de la desesperanza a cuestionar las teorías de la misma Judith Butler como respuesta a sus camaradas que lo tratan de “homofóbico” por estar en contra del enfoque de género. Invito a su lectura.

Seguiré presentando nuevas críticas a esa mentira del enfoque de género, convertido en norma constitucional gracias al Acuerdo de paz y que hace estragos en España, Argentina, Manizales y en muchos otros sitios.