martes, 25 de febrero de 2020

LA CORTE NO PUEDE LEGISLAR




La congresista de la Alianza Verde Katherine Miranda defendió en W Radio el aborto o interrupción del embarazo sin restricción, con argumentos “reales” que señalan el mismo número de abortos que se vienen dando desde hace más de cuarenta años y que ninguna investigación ha corroborado. Por su misma condición de clandestinos, los abortos realizados en malas condiciones higiénicas no son registrados y ese número parece un comodín de los abortistas.

Según el Ministerio de Salud, citado por revista Semana, 72 mujeres murieron en 2016 por causas evitables, es decir, 0.018 % de las 400.000 mujeres que se practicaron abortos clandestinos. Cifra relativamente baja, explicable porque quienes los practican han mejorado su técnica de asepsia y antisepsia y porque muchos casos terminan en los servicios de salud sin complicación. En Colombia mueren 80 motociclistas en solo diez días, casi todos varones, que a nadie parece preocupar y son muchas más las mujeres que mueren por otras causas evitables.

La insistencia de esta columna en la complejidad de la condición humana, determinada por los avances de las ciencias y la filosofía en los últimos cincuenta años, y que nuestra Corte Constitucional ignora, tiene una aplicación privilegiada en el caso del aborto. Una simple estadística, una deleznable consideración jurídica o ideológica, los intereses mezquinos y políticos de la izquierda radical que buscan destruir la familia no pueden ser el fundamento de tan grave decisión estatal.

Los elegidos para que cumplan la función de representantes de la nación son los congresistas, no los magistrados de la Corte Constitucional que quieren “pasar a la historia” legislando sobre el aborto porque el Congreso no quiere. ¿En qué artículo de la Carta se da esa facultad de legislar a la Corte cuando el Congreso “no quiere”? Además, la Corte utiliza una demanda que pide mantener la prohibición del aborto en todos los casos, incluidas las tres causales que la misma Corte había definido arbitrariamente, para legislar en sentido contrario a la demanda.

La Corte no tiene en cuenta en su proyecto de fallo el interés de algunas multinacionales que se lucran del negocio del tráfico de órganos; que se es humano cuando se aprende a hablar, según la ciencia y el argumento central del feminismo radical marxista; que el aborto sin restricciones es la cuota inicial para que la ideología neonazi sea una realidad en el futuro inmediato del país. Ignora también la Corte que el aborto no puede ser un derecho de la mujer porque los derechos son de todos, con pene o con vagina.

Se argumenta también que como otros países aprobaron el aborto, es hora de que hagamos lo mismo. Sin embargo, las condiciones son otras por la agresividad con que la izquierda impone su enfoque de género en países como Argentina, Perú y España, y que en nuestra Carta se consagró gracias al Acuerdo de Paz con las Farc.

sábado, 22 de febrero de 2020

GÉNERO EN DISPUTA



Señor Director de La Patria:

No salgo de mi asombro después de leer el artículo de su columnista Darío Arenas Villegas, El género en disputa, título tomado del texto escrito por la filósofa norteamericana Judith Butler y publicado en 1990. Más allá de su crítica a un grupo cristiano que protesta por el nombramiento de Matilda González en la Secretaría de la Mujer –asunto que no discuto—me llaman la atención las inexactitudes del columnista que me llevan a pensar que no leyó el libro o no lo entendió.

Su planteamiento sobre el género sexual natural en animales y humanos que no corresponde con los genitales externos está en clara contradicción que la propuesta de Butler y el enfoque de género que se consagró en el Acuerdo de paz con las FARC y ahora hacen parte de nuestra Constitución Nacional. Para Judith, el género es una asignación cultural sin relación alguna con la naturaleza humana, es decir, con la biología, la genética, las ciencias cognitivas o con la epigenética.

También es discutible la afirmación de Arenas Villegas en el sentido de que el punto nodal de este debate es la lucha por el reconocimiento, como se desprende del texto de Butler y de toda la literatura que circula en todo el mundo sobre la perspectiva de género. La lucha por el reconocimiento es democrática desde cuando F. Hegel escribió La fenomenología del espíritu, y en eso hemos avanzado mucho, tanto que existen claras y serias oposiciones al intento cristiano por deslegitimar esa lucha.

El punto nodal del debate es otro y está expresado en el grito de guerra de Judith Butler en el Prefacio de su libro de 1999: “Sigo albergando la esperanza de que las minorías sexuales formen una coalición que trascienda las categorías simples de la identidad, que rechace el estigma de la bisexualidad, que combata y suprima la violencia impuesta por las normas corporales restrictivas”. Como bien lo señalan Agustín Laje y Nicolás Márquez en El libro negro de la nueva izquierda, casi todas las ideólogas del enfoque de género son lesbianas marxistas que tienen como meta destruir toda forma de heterosexualidad, imponer un solo género, el transgénero, destruir la familia convencional o patriarcal y despenalizar el incesto y la pedofilia.

En este contexto se comprende muy bien el conflicto que hay en España por la imposición del gobierno de izquierda del enfoque de género en forma transversal en todas las instituciones educativas, porque “los hijos no son propiedad de los padres”. La comunidad de Murcia y los partidos de centro y derecha se oponen a la reforma mediante un pin parental que es una autorización de los padres para que sus hijas puedan participar en esa nueva educación sexual.

Después de estudiar durante varios años el enfoque de género, me parece comprensible que no se entienda por amigos y enemigos pues es otra forma de analizar la condición humana.

domingo, 16 de febrero de 2020

ABORTO U HOMICIDIO






Un abogado explicó la semana pasada para un periódico nacional que en estricto sentido legal o jurídico no hubo homicidio porque la Corte no puso límite a la interrupción del embarazo en los tres casos que la misma Corte autorizó. Eso es completamente cierto en la técnica jurídica: una conducta es delito porque así lo determinó la ley. En el caso del aborto, el Congreso no ha querido legislar en representación del pueblo, y nos queda la duda sobre si un fallo de la Corte Constitucional es ley cuando es aprobado por dos o tres votos más de los magistrados que suscribieron positivamente la sentencia.

Eso significa que, si los médicos interrumpen el embarazo en las semanas 32, 34 o 36, cuando el niño prematuro es perfectamente viable, tampoco es un asesinato, y la destrucción del no nato con pinzas es un procedimiento perfectamente legal y constitucional. Además, otro punto que deja numerosas dudas es una de las causales que autorizan el procedimiento médico: la enfermedad de la madre que implique un grave riesgo para su vida. En esa causal se incluyen los trastornos psíquicos o emocionales de tan variada interpretación y no exigen especialización del psicólogo o médico que los certifique. ¡Horror!

Para la ciencia médica, es de mucho riesgo para la madre la realización del procedimiento en los últimos meses de embarazo, algo que no tuvieron en cuenta los magistrados. El embrión tiene una composición genética distinta a la de la madre. Este hecho tampoco importó a los magistrados cuando consideraron que la madre tiene pleno derecho a decidir el aborto sin la intromisión de terceros, incluido el padre.  Algunos colectivos sostienen que es un derecho humano exclusivo de las mujeres tal decisión. Ridículo. Ningún derecho humano puede estar definido por el hecho de tener vagina.

Se conocen como “feminazis” a las mujeres, generalmente lesbianas y marxistas, que conforman los movimientos que apoyan el enfoque de género y el aborto sin restricciones. Se les llama así porque dicen representar menos del 10 por ciento de la población, la comunidad LGBTI, y aspiran a imponer su ideología al 90 por ciento de la población heterosexual restante, destruir toda forma de heterosexualidad y legalizar el incesto. La nueva raza aria.

Las feminazis mezclan los códigos para hacer política marxista; hablan como demócratas al defender su torcida interpretación de los derechos. Como la condición de “humano” se logra con el lenguaje, tal como lo sostiene la filosofía estructural, el niño antes de aprender a hablar es un “animalito” y, antes de nacer, es “un pedazo de carne desechable” de la madre. La naturaleza humana, dicen ellas, es un mito de la sociedad patriarcal. Para el mismo estructuralismo, el ser humano es una creación mental, un algoritmo, no una persona, como lo he repetido muchas veces; pero esto lo callan las feminazis porque deja sin piso sus mentiras y su juego de palabras.

miércoles, 12 de febrero de 2020

EL VERBO "DESPUBLICAR"




“Di la orden de despublicar (sic) una noticia de Univisión sobre un supuesto pago del cartel de Sinaloa a un expresidente de Colombia”, escribió Daniel Coronell en su cuenta de Twitter. Ese verbo “despublicar” no existe, como tampoco el verbo “desdecir” que pudo utilizar la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, la semana pasada cuando debió retractarse, por enésima vez, de una de sus calumnias contra un político.

Ambos eventos se relacionan con asuntos discutidos en esta columna. Uno de ellos es el de las locuciones o expresiones performativas, aquellas que se caracterizan por efectuar cambios en la realidad por el simple hecho de pronunciarse. Explicaba la teoría de Judith Butler sobre la asignación del género sexual al niño o niña en el momento de nacer. La expresión “es una niña” condiciona toda la vida de esa pequeña que, en realidad, podría ser un varón atrapado en un cuerpo de niña, por ejemplo.

Miles o tal vez millones de publicaciones en todo el mundo se apresuraron a repetir ese escándalo que relacionaba a uno de los más grandes narcotraficantes del mundo con el expresidente Uribe Vélez. Los militantes de la izquierda y todos aquellos jóvenes colombianos que, según las pruebas Pisa, no son capaces de diferenciar una opinión de un hecho, repitieron la calumnia. La función performativa del lenguaje o de la palabra produjo el daño. Muchos otros actuaron de mala fe porque ya sabían que la denuncia era falsa, pero se trataba de crear confusión y hacer política de la sucia.

En otra columna traté de explicar que el marxismo ya no es una “ciencia” materialista, como todavía creen algunos devotos fanáticos de esa religión sin Dios; por el contrario, es una ideología fundamentada en otra ideología que ya no busca tomar el poder por la fuerza de las guerrillas o por la revolución de la clase obrera que en ninguna parte funcionó.

El marxismo internacional entendió que los más de 160 millones de muertos producidos por la “dictadura del proletariado” en la URSS y en China no eran personas, sino simples construcciones mentales y que quienes quedaron vivos tenían en su cerebro la misma ideología o estructura mental capitalista de los muertos, es decir, que habrían tenido que asesinar a todos los habitantes para que el marxismo hubiese triunfado.  

Por eso, la revolución es cultural ahora. Se trata de cambiar significado de las palabras, la estructura simbólica de los cerebros, para que la gente mal informada vote por la izquierda convencida que lucha por los derechos de las mujeres cuando lo que pretenden es destruir la heterosexualidad y la familia, como también legalizar el aborto, la pedofilia y el incesto. La mentira y la calumnia remplazaron los fusiles, las bombas y el narcotráfico en la estrategia. Y se ríen de los jueces y de los calumniados cuando tienen que “desdecir”, porque el daño está hecho.

martes, 4 de febrero de 2020

EL ACUERDO DE PAZ FALLIDO



Si los colombianos entendieran el significado y las perversas implicaciones del “enfoque de género”, consagrado en el Acuerdo de paz, con absoluta seguridad la Alianza Verde no habría logrado elegir a los alcaldes de Bogotá, Cali y Manizales, como tampoco la izquierda al de Medellín.

Si supieran que uno de sus objetivos es abolir la norma que prohíbe el incesto, es decir, que los padres podrán tener relaciones con sus hijos y los hermanos entre ellos, una vez se generalice el adoctrinamiento neomarxista en jardines, escuelas, colegios y universidades, casi nadie habría votado por esos alcaldes.

Si supieran que en Argentina, Perú y España el proyecto infame de la izquierda internacional es una realidad, que hace parte de nuestra Constitución y que “deberá ser entendido y aplicado de manera transversal en la implementación de la totalidad del Acuerdo”, todos los colombianos se levantarían a protestar hasta cuando esos alcaldes renuncien a sus cargos y se revise el Acuerdo fallido.

La Alianza Verde y la izquierda se salieron con la suya porque ocultaron sus intenciones y porque hay una ignorancia total entre todos los colombianos cultos e incultos en esta campo, tal como se vio los debates que se dieron cuando Gustavo Petro estableció unas cartillas de enfoque de género en todos los colegios oficiales de Bogotá; cuando la ONG de la comunidad LGBTI, Colombia diversa, con la aprobación de la ministra lesbiana Gina Parody y el aval de las Naciones Unidas, intentaron modificar el manual de convivencia de los colegios públicos, y cuando algunos sectores, que tampoco entendían el asunto, se opusieron a incluir la perspectiva de género en el Acuerdo.

La principal o más citada representante del movimiento feminista radical, Judith Butler, lesbiana y marxista como casi todas las teóricas de ese movimiento, sentó las mejores bases de la perspectiva de género en su libro Género en disputa, primera edición de 1990, el libro que muchos leen y casi nadie entiende.

El principio básico de ese pensamiento lo expresa Butler así: “Si la sexualidad se construye culturalmente dentro de las relaciones de poder existentes, entonces la pretensión de una sexualidad normativa que esté “antes”, “fuera” o “más allá” del poder es una imposibilidad cultural (…)”. En términos sencillos, significa que el género o la identidad de género es cultural, impuesta por los otros, el poder, el lenguaje, y que no puede haber una sexualidad normativa “antes”, “fuera” o “más allá” del poder, es decir, en la naturaleza humana, la biología, las ciencias cognitivas o la epigenética, que establezca la heterosexualidad como obligatoria para todos.

Acabo de estudiar por segunda vez el manual usado en Argentina para preparar a los maestros que adoctrinan a los niños y niñas, titulado Para una didáctica con perspectiva de género, 2015, y atérrense, las expertas seis profesoras universitarias marxistas, autoras de las ponencias, no entienden bien de lo que se trata o lo ocultan. Ciegos guiando ciegos.