martes, 26 de noviembre de 2019

Iván Tabares Marín: OTRO SÍNODO DEL CADÁVER

MI NOTA DE PRENSA EN EL DIARIO DE PEREIRAIván Tabares Marín: OTRO SÍNODO DEL CADÁVER: En las elecciones presidenciales chilenas de 1999, el candidato Ricardo Lagos, en representación de los partidos tradicionales, obtuv...

OTRO SÍNODO DEL CADÁVER




En las elecciones presidenciales chilenas de 1999, el candidato Ricardo Lagos, en representación de los partidos tradicionales, obtuvo 47 por ciento de los votos en primera vuelta, suficientes para vencer a su principal rival, Joaquín Lavín. El Partido Comunista apenas logró el 4 por ciento de los votos, exactamente los que hacían falta a Lagos. Toda la izquierda votó en segunda vuelta por Lagos y lo eligió porque no soportaban que un empresario como Lavín, de la “extrema derecha” en la lógica de los comunistas, llegara al poder.

En las últimas semanas hemos visto la rebelión de los muchachos en Chile que, con el lema “el neoliberalismo nació en chile y en Chile morirá”, han destruido todo lo que encuentran a su paso, incluidos el metro de la capital y varias iglesias como si quisieran cobrarle a Augusto Pinochet su osadía de poner los pilares de la economía que han impulsado el desarrollo del país en los últimos treinta años. Quieren tomar venganza porque Pinochet demostró que la economía de mercado es mejor que el frustrado intento socialista de Salvador Allende.

Coinciden esos acontecimientos con el espectáculo del nuevo sínodo del cadáver dramatizado por la izquierda española en el poder. En su histérico odio que nunca olvida y nunca deja de tomar venganza, el cadáver del dictador Francisco Franco fue retirado de su sepulcro para humillarlo en un sitio menos pretencioso. No sería extraño que unos cien años después de la muerte de Álvaro Uribe los marxistas de entonces busquen la forma de humillar su memoria, lo exhumen y lo juzguen por el enorme “prontuario” que le tienen en las redes sociales.

La tradición del sínodo del cadáver se remonta a los últimos años del siglo IX, en la iglesia de Roma. En ese entonces la disputa por la silla de Pedro tenía un carácter netamente político entre las familias más poderosas de la Ciudad Santa. El papa Formoso, que gobernó la iglesia de Cristo entre los años 891 y 896, fue desenterrado el año siguiente por el sucesor Esteban VI para someterlo a un juicio con todas las “formalidades legales”. Condenado por perjurio y violación de la ley canónica, le fueron amputados tres dedos en descomposición de la mano derecha, despojado de sus hábitos y arrojado al río Tíber. 

Más allá de estas analogías, cualquiera se pregunta ¿cómo pudo un partido, que apenas logró el 4 por ciento de los votos en 1999 en Chile, conseguir que los estudiantes –ninguno de los cuales conoció a Pinochet— hayan iniciado el juicio contra el dictador? ¿Adoctrinamiento?

También es imposible no encontrar similitudes con lo que está pasando en Colombia. El paro del 21 de noviembre fue básicamente de carácter estudiantil, motivado por la misma ideología de los muchachos chilenos. La izquierda colombiana no soporta que su máximo rival, el expresidente Uribe, se haya salido con la suya y haya impedido que Gustavo Petro llegara al poder.


martes, 19 de noviembre de 2019

Los existencialistas




Tres jóvenes estudiosos de la filosofía se encuentran en el año 1932 en un café de París durante sus vacaciones. Raymond Aron le cuenta a la pareja conformada por Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir que en Alemania el profesor Edmund Husserl enseña una nueva teoría, la fenomenología, que cambiaría nuestra cultura. Sartre viajó a Berlín a estudiar fenomenología los dos años siguientes, exactamente los mismos en que otro seguidor de Husserl, Martín Heidegger, se ponía al servicio del movimiento nazi que acaba de tomar el poder en Alemania.

Una de las tesis centrales de la fenomenología enseña que mi consciencia no es nada más que una tendencia, una proyección hacia las cosas, una función del cerebro, sin ninguna sustancia o esencia. A esa condición se llama intencionalidad. Solo existen los objetos intencionales, los que conocemos; el sujeto no es nada más que el encuentro con los objetos.

Si el ser humano no es un proyecto definido, Sartre propone que somos libres para construir nuestra vida; vivimos para hacernos: la existencia precede a la esencia. Ese es el núcleo del existencialismo individualista. Acomodarnos a una identidad, como la que nos propone la sociedad burguesa, la religión o un partido, es mala fe, es renunciar a la libertad.

Sartre y Beauvoir se harán marxistas, circunstancia que los convierte en ídolos de la juventud de su tiempo. El intento por armonizar su teoría de la libertad individual absoluta con el socialismo resulta imposible y recibirá la condena de los mismos comunistas. Su militancia política lleva a la pareja a rechazar a la mayor parte de sus amigos porque se retiran del partido o cuestionan algunas de sus doctrinas y errores.

El mejor amigo de Sartre fue Paul Nizan. Renunció al Partido Comunista en 1939 como protesta contra el pacto de no agresión, suscrito por Stalin con Hitler. Nizan murió el año siguiente en Dunkerque. Otro miembro del grupo, Maurice Merleau-Ponty, era, a diferencia de los otros, “el único que se sentía a gusto consigo mismo; un burgués siempre amable que no compartía el horror de Beauvoir y Sartre por la familia”. Con su libro Aventuras de la dialéctica tomó distancia del “ultrabolchevismo” de Sartre, a quien criticaba por incoherencias y falta de sentido práctico de sus escritos políticos”.

Albert Camus, marcado por su miserable niñez en Argel, precisó sus diferencias con el marxismo en su libro El rebelde, publicado en 1951. “La historia no conduce a un solo e inevitable destino y no existe la perfección”. “Mientras tengamos sociedades humanas tendremos rebelión. Cada vez que una revolución elimina los males de la sociedad, se crea un nuevo statu quo, que a su vez desarrolla sus propios excesos”. Un caso especial entre los amigos de Sartre fue Raymond Aron, el demócrata, autor de El opio de los intelectuales, su definición del marxismo.

Las citas son del libro En el café de los existencialistas, de Sarah Bakewell.

martes, 12 de noviembre de 2019

LOS DERECHOS DE LAS VÍCTIMAS




Entre las acusaciones planteadas en los medios por los líderes indígenas y el senador Iván Cepeda contra el historiador y profesor universitario Darío Acevedo Carmona, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, me llamó la atención una, por su gravedad, por el sofisma absurdo que implica y porque es un engaño para la mayoría de los colombianos que no tienen por qué saber de estas cosas.

Después del cuestionamiento que hubo durante el último mandato de Juan Manuel Santos por la forma sectaria como se conformaron ese CNMH y la Comisión de la Verdad, en el gobierno de Iván Duque se nombró al profesor Acevedo a manera de contrapeso, supongo.

El profesor Acevedo es acusado por la izquierda y sus aliados indígenas de haber cuestionado la existencia de un conflicto armado en Colombia con las Farc. Como todos los colombianos deben saberlo, ese principio fue la coartada utilizada por el gobierno anterior para imponer el Acuerdo de paz.

Me explico: al crearse la ficción de que las Farc conformaban otro Estado, se podía desconocer nuestra Carta y aplicar las normas internacionales que rigen los pactos de paz entre naciones para dar gusto a las pretensiones de los guerrilleros y concederles otros privilegios no pedidos por los narcotraficantes y violadores de niños.  Y como el Acuerdo de paz hace parte de nuestra Constitución, los indígenas y la izquierda acusan al historiador Acevedo Carmona de estar violando nuestra Carta y, léase bien, poniendo en peligro o desconociendo los derechos de las víctimas consagrados en esos acuerdos.

A Cepeda y sus aliados se les olvida que la Constitución Nacional es un mito de valor absoluto como parte del pacto social que es. Por tanto, cualquier descubrimiento científico o histórico que sea contrario a esa Constitución en nada la afecta, salvo contadas excepciones definidas por las autoridades judiciales.

Con unos ejemplos me puedo explicar mejor. Las ciencias cognitivas han demostrado que el yo, el sujeto o la persona no existe. Ello no implica que nuestra Constitución queda abolida por el hecho de que la persona humana es la base del reconocimiento de los derechos fundamentales.  Otro ejemplo. La jurisprudencia de la Corte Constitucional ha reiterado que cualquier ciudadano puede escoger el género sexual como parte de su libre desarrollo de la personalidad. Aunque eso es un error, contrario a la ciencia y al sentido común, tiene plena validez jurídica y constitucional.

En conclusión, el hecho de que un historiador haya desconocido alguna vez el carácter de Estado soberano de las Farc no tiene repercusión alguna para las víctimas. Todo esto es parte de la guerra sucia de indígenas y la izquierda contra Gobierno y nuestras instituciones. Sin tener el poder, los mamertos quieren acabar con el derecho de opinión de sus opositores. Después del absurdo debate en el Congreso, acusaron al profesor Acevedo Carmona ante la Procuraduría de cometer faltas disciplinarias por sus opiniones. Ridículo.

jueves, 7 de noviembre de 2019

RECAPITULEMOS



Algunos amigos de esta columna ya habrán notado que hay una correlación tan clara entre todas las entregas que podríamos decir que se trata de un discurso continuado y que quien no haya leído las primeras notas de enero puede encontrar difíciles las ulteriores, problema que he tratado de evitar en lo posible.

Mi propósito es presentar otra forma de ver la realidad que cobró mucha fuerza en la segunda mitad del siglo pasado, especialmente en Francia, y que nuestro sistema educativo ha ignorado, entre otras razones, por el adoctrinamiento marxista a que se somete a los estudiantes en los colegios y universidades públicos. A esa nueva forma de entender la cultura y nuestra condición humana se le ha llamado giro lingüístico y estructuralismo.

El enfoque es básicamente filosófico, lingüístico e histórico de gran influencia en todas las expresiones de nuestra cultura como la religión, el arte, la crítica literaria y las ciencias sociales en general, razón por la cual sorprende que las autoridades de educación no lo hayan incluido en los programas académicos, además de la versión anacrónica y simplista que se enseña del marxismo.

También es evidente que la base de la discusión es científica, aunque, como señala el Nobel de fisiología y medicina, Eric R. Kandel, la conciencia es el gran misterio sin resolver del cerebro: “determinar la naturaleza de la conciencia –esto es, cómo adquirimos nuestro sentido de identidad a partir de la cerebración inconsciente—es uno de los mayores retos científicos…”

He mostrado cómo las discusiones actuales adquieren una nueva luz en el enfoque estructural. Por ejemplo, la ideología de género que impulsa la izquierda, las diferencias entre el hombre y los animales, la religión cristiana, el derecho natural, la política, la historia de la cultura, la ecología, la ética, etc., cambian de manera sustancial.

Este intento es un desafío tremendo para todos nosotros, pues se trata de cambiar los viejos esquemas mentales en que se soporta nuestro retraso como nación. Entenderé la reacción negativa de aquellas personas comprometidas con un relato religioso o político y que no son capaces de aguantar que su identidad y la ideología que da sentido a sus vidas se cambien de la noche a la mañana. Perfectamente comprensible.

No es fácil aceptar que la idea que yo tenía sobre mí mismo estaba equivocada. Inicialmente escribí que el propósito de esta labor era explicar una frase, solo una, de Yuval Noah Harari: “soy un algoritmo”. Cuando esa idea, que muchísimos colombianos cultos no entienden, sea parte de nuestra cultura, habré logrado el objetivo.

Hasta los años sesenta del siglo pasado fuimos adoctrinados por la iglesia católica; desde entonces el adoctrinamiento ha sido marxista, especialmente en las instituciones públicas. En el caso de la iglesia, no se aprecia mucho interés en adaptarse a estos nuevos paradigmas; en cambio, el marxismo ha logrado una renovación estructural de su proyecto político y su lucha es ahora cultural.






martes, 5 de noviembre de 2019

LOS VALORES FAMILIARES



El triunfo de Claudia López en las pasadas elecciones por la alcaldía de Bogotá dejó una cuestión sustancial en el tintero, dada la importancia que algunos candidatos dieron a la lucha por los valores familiares, aunque, valga la verdad, no quedó muy claro a qué se referían. Hasta los mismos grupos políticos que tienen como proyecto la destrucción de la organización familiar convencional proclamaron defenderla.

Hagamos un poco de historia. El primer escándalo en este campo surgió cuando Gustavo Petro era alcalde de Bogotá y estableció una nueva pedagogía en materia de educación sexual, orientada a suprimir la heterosexualidad y dar oportunidad a los niños para que eligieran “libremente” su identidad de género. Las cartillas venían de España y son similares a las que se vienen usando en otros países como Argentina.

Esa pedagogía desconoce los avances científicos en materia de identidad de género y se basan en propuestas filosóficas o ideológicas que vienen impulsando en todo el mundo algunos sectores radicales del feminismo, los partidos de izquierda, las Naciones Unidas, la comunidad LGBTI y algunas empresas multinacionales que se beneficiarían con la legalización de la pedofilia, el aborto y otros negocios.

El segundo episodio de esta discusión se dio en el primer cuatrienio de Juan Manuel Santos. La mecha se prendió en Bucaramanga, cuando una diputada con algunas organizaciones de padres de familia y de colegios cristianos protestaron por unas cartillas que modificaban el manual de convivencia de los colegios e implantaban la ideología de género.

Los colombianos no teníamos la menor idea de lo que eso significaba. Solo supimos que esas cartillas habían sido avaladas por el Ministerios de Educación bajo la dirección de la lesbiana Gina Parody y que habían sido aprobadas por la comunidad LGBTI, a través de su ONG Colombia Diversa, y la ONU. La confusión fue mayor cuando el mismo presidente de la República dijo en todos los medios que “esa ideología de género no existe”.

El capítulo tres del debate se dio cuando se puso a consideración del país el Acuerdo de paz con las Farc en el año 2016. La discusión en el Congreso de la República fue muy acalorada. La senadora Claudia López acusó a los colombianos que no apoyaban el “enfoque de género” (otro nombre de la ideología de género) incluido en el Acuerdo como enemigos de la Constitución Nacional y de los derechos humanos.

El núcleo del problema es muy sencillo. Para esa ideología o enfoque de género, la identidad sexual se nos impone en la primera infancia por medio de las locuciones performativas explicadas en esta columna, según la lesbiana marxista Judith Butler y el transgénero marxista Paul Beatriz Preciado. Esa asignación de identidades haría parte de la ideología capitalista y la sociedad patriarcal. El neomarxismo busca, pues, acabar con todo vestigio de heterosexualidad y de la familia tradicional para lograr su promesa de igualdad social y libertad sexual plena.