En un comentario sobre la reforma
rural integral (RRI) de los acuerdos de paz utilicé el concepto de la suma
igual a cero para referirme a la propiedad de la tierra. Como la cantidad de
tierra disponible para repartir entre los campesinos es limitada, da lo mismo
que las parcelas las posea uno u otro porque llegará un momento en que ya no habrá
más para repartir y, por otro lado, la escritura de la propiedad por sí misma
no resolverá el problema del campesino y, mucho menos, del resto del país.
Mucha razón tenía Gustavo Petro
cuando afirmaba que a las FARC no les interesaban las elecciones ni las curules
en el Congreso, pero sí el poder que había logrado en el campo colombiano. Los
acuerdos de paz garantizan ese poder en los próximos años, aunque el Estado no
cumpla con lo prometido. Pero si intenta cumplir, de todas maneras, el problema
para la seguridad económica y política de la Nación va a ser inmanejable.
Para los muy pocos colombianos que
leímos los acuerdos, fueron desconcertantes el carácter constitucional de los
mismos y la obligación que tienen los próximos gobiernos de incluir los acuerdos
en los planes de desarrollo, léase bien, con
carácter prioritario (1.2.3). Eso significa que los nueve planes nacionales
para el desarrollo rural deben ser financiados antes de establecer las
inversiones para educación, salud, subsidios, empleo de las mayorías
colombianas urbanas. El movimiento estudiantil es un atentado contra los
acuerdos de paz (el presupuesto nacional también es una suma igual a cero: una
partida se le da a la U o se da a la RRI o a la justicia, etc.)
Pero lo peor no es eso. Con los
acuerdos estamos dando marcha atrás en la historia y el proceso lógico del
desarrollo. Para explicarlo debemos recordar el cambio social, poblacional y
económico que vivieron los países del primer mundo o desarrollados en la
postguerra, después de 1950 y que hizo que los campesinos o la población rural
desapareciera casi en su totalidad. La
agricultura se tecnificó, se crearon numerosas universidades y la educación se
convirtió en un derecho universal. Los campesinos migraron a las ciudades
ingresaron a la Sorbona, aprendieron a formar barricadas y a tirar piedras en
nombre de la revolución proletaria cuando se habían aburguesado.
En otras palabras, la agricultura
moderna, para que sea eficiente y competitiva, implica enormes inversiones,
grandes extensiones de tierra, mucha tecnología de punta y muy pocos
trabajadores. Lo menos indicado que puede hacer un país para aumentar la
riqueza y lograr bienestar para todos es “amarrar” al campesino a una hectárea,
una vaca y una choza en lo más profundo de los llanos o las selvas amazónicas.
Pare entender de economía debo consultar a un
economista; los asesores de Santos en los acuerdos fueron un abogado, un
filósofo y varios politólogos
Buenos días señor Iván.
ResponderEliminarEstoy buscando un correo electrónico al que pueda contactarlo, podría facilitarme alguno?
Puede escribirme a mi correo: ruben.ramirez.diaz@gmail.com
Muchas gracias.