lunes, 27 de noviembre de 2017

EL DEBATE SOBRE EL ATEISMO EN DICIEMBRE




Para el mes de diciembre se anuncia el diálogo entre el sacerdote jesuita Gerardo Remolina y el biólogo ateo Richard Dawkins sobre la existencia de Dios en tres ciudades colombianas, Bogotá, Medellín y Cartagena, con motivo de la celebración de los 80 años de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana.

Quienes nos interesamos por el tema –muy pocos colombianos, probablemente- esperamos escuchar buenos aportes dados los vientos de renovación que soplan en la iglesia católica por el pontificado de Francisco.  Ya el clero empezó a lanzar los primeros avances de lo que nos tiene preparado el Vaticano, como la nueva doctrina que niega la resurrección de Jesús o le da nuevas interpretaciones.

 Seguramente Roma se ha dado cuenta de que sus añejas posiciones ya no aguantan más en la era del internet y de que, si quiere hacer una verdadera contribución a la paz mundial, tiene que tener la suficiente humildad para entender y aceptar la Reforma luterana ocurrida hace ya 500 años. También tiene que pedir perdón por su descarado antisemitismo de veinte siglos, determinante importante, sin duda, del Holocausto y, además, facilitar los encuentros efectivos con otras religiones, lo que no logrará si no está dispuesta a cambiar o a suprimir los anacrónicos dogmas.

Los dogmas fundamentales del cristianismo son anexos filosóficos o de la cultura pagana del siglo I a las bellas enseñanzas de Jesús, como la filiación divina de Jesús, la resurrección, el pecado original y el juicio universal.  Es difícil entender para un agnóstico que se sigan publicando textos tan abiertamente antisemitas como los evangelios u otros tan racistas y antifeministas como los contenidos en la Biblia y, lo que es más grave, que a eso se llame “palabra de Dios”

Lo que no puede ocurrir en el encuentro del padre Remolina y el científico ateo es el diálogo de sordos a que siempre hemos asistido, pues mientras uno plantea que la fe es un salto al vacío, el otro propone argumentos científicos relacionados con el Big-Bang, la evolución de las especies y la teoría del caos, entre otros.  El clero sabe que es un hecho científico la inexistencia del sujeto o alma responsable ante Dios por “sus” pecados; pero, sobre todo, conoce las investigaciones modernas han mostrado el carácter mitológico o no histórico de la Biblia y las condiciones poco piadosas en que nacieron las religiones.

La mayoría de los colombianos todavía se imaginan a Dios como una persona muy parecida a nosotros y a la cual se puede manipular o con quien se puede negociar, tal como se revela en las redes sociales. Ese cristianismo infantil o mediocre, lleno de magia y supersticiones, es mantenido por el Vaticano, en franco contraste con el ateísmo mayoritario de Europa, representado por el genial Richard Dawkins.  Hacia ese ateísmo avanza el mundo entero; pero parece que Roma prefiere ignorarlo.


viernes, 24 de noviembre de 2017

viernes, 17 de noviembre de 2017

COMER CARNE O NO (II)




Como la medicina actual se basa en evidencias científicas, y como las investigaciones relacionadas con la influencia de la flora bacteriana intestinal llevan pocos años, no es posible obtener conclusiones definitivas en este campo, aunque ya se puede vislumbrar la trascendencia de este nuevo paradigma en materia de nutrición y salud.

Los escritos médicos que consulté para esta nota coinciden en la necesidad de disminuir el consumo de carne a unas pocas porciones semanales, considerando como porción la cantidad que cabe en la palma de la mano.  También proponen que se debe preferir el pescado, aunque con tales requisitos que se hace imposible para la mayoría de los colombianos.

El pescado ideal es aquel de aguas frías como el salmón, por su alto contenido de ácidos grasos omega-3, especialmente el salvaje de Canadá. Por otro lado, siguen apareciendo estudios sobre la grave contaminación del atún por mercurio, como el que publicó la Universidad Nacional hace como dos años y que fue cuestionado por el INVIMA por supuestas fallas metodológicas. También conocí el caso de una señora bogotana que se dedicó a consumir exclusivamente pescado como fuente proteica y en pocos meses presentó síntomas de intoxicación por mercurio.

En el caso del ganado vacuno o porcino y las aves, es importante que las autoridades sanitarias mantengan informada a la comunidad del riesgo real que corremos por consumir la carne de estos animales tratados con antibióticos, hormonas y otros químicos, como también sobre los peligros que pueden implicar para la salud los vegetales tratados con insecticidas o que son modificados genéticamente.

Paso ahora a otro aspecto relacionado. En las recomendaciones que viene haciendo los médicos dedicados a la nutrición, además de las señaladas en la nota anterior, insisten en el consumo de probióticos, pero no los ofrecidos en la mayoría de los supermercados, tales como los yogures ricos en azúcares, frutas y químicos; deben ser probióticos naturales, ricos en bacterias vivas, como el yogur griego importado que podemos encontrar en Pereira y otras ciudades.

La porción de ese yogur se debe diluir en medio litro de agua filtrada para elevar el pH del estómago y facilitar que los bacilos lleguen vivos al intestino; su consumo debe hacerse al menos una hora antes de una comida principal.  También hay bacilos vivos que se pueden conseguir en farmacias y aplicar en enemas.  

Se recomienda, además, el consumo de encurtidos o alimentos fermentados, pero no en la forma como lo hacemos muchos, en vinagre, sino en salmuera preparada con agua destilada.  Es notario el kimchi, probiótico poderoso y alimento fermentado que es la base de la dieta coreana, preparado con vegetales, especias y ají.

Entre los libros que estudié para esta nota, recomiendo La Biblia de la salud intestinal, del Dr. Gerard E. Mullin; Alimenta tu cerebro, del Dr. David Perlmutter; Anticáncer, del Dr. David Servan-Schreiber.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Iván Tabares Marín: COMER CARNE O NO

Iván Tabares Marín: COMER CARNE O NO: Después de la publicación en el año 2014 del libro Cerebro de pan, del neurólogo y nutricionista David Perlmutter y Kristin Loberg, p...

COMER CARNE O NO




Después de la publicación en el año 2014 del libro Cerebro de pan, del neurólogo y nutricionista David Perlmutter y Kristin Loberg, por editorial Grijalbo, se empezó a cuestionar todo el esquema nutricional de occidente por su exagerado componente de carbohidratos, pero sobre todo de cereales con gluten, esa proteína que le da al pan su elasticidad y que se encuentra también en la cebada, la soya y otros.

En el exceso de carbohidratos estaba la explicación de la epidemia de Diabetes y obesidad. La intolerancia al gluten no era solo el causante de la enfermedad celíaca, una enfermedad rara en nuestro medio caracterizada por síntomas digestivos que mejoran con la supresión de los cereales, sino también de una serie de síntomas generales inespecíficos como debilidad, cefaleas, depresión que se tratan en la misma forma.  Además, se encontró una correlación entre esos alimentos y el proceso inflamatorio que acompaña la mayor parte de nuestras patologías desde el infarto del miocardio, la artritis, el cáncer y las enfermedades de la vejez, esto es, el Alzheimer, el Parkinson.

También se descubrió en los últimos años una clara relación entre la inflamación y todas esas enfermedades con la flora bacteriana de nuestros intestinos.  La comida “chatarra”, rica en grasas malas o de origen animal y azúcares, favorece la proliferación de bacterias intestinales dañinas que, a su vez, nos enferman y matan; por el contrario, una dieta tipo oriental o mediterránea, rica en vegetales, frutas, pescado, probióticos y alimentos fermentados, nos liberan de los abusos de la EPS.

A todo eso se unió otro factor definitivo en la dieta: la industria o los alimentos procesados. Pero no se trata solo de los aditivos y químicos en la elaboración de los alimentos del supermercado, sino también a las hormonas y antibióticos que se dan a los animales que comemos o a los insecticidas usados en las plantas. Esos químicos matan o alteran nuestra flora bacteriana intestinal, generan inflamación y nos enferman.

Resumo algunas de los motivos para no consumir carne y leche en esta nueva perspectiva: las sustancias químicas que se aplican en la industria de carnes que nos engordan y afectan nuestra flora bacteriana; la toxicidad del plástico en que se empaca esos alimentos; aumenta el riesgo de cáncer de colon, seno, próstata y otros; se altera el equilibrio de ácidos grasos omega-3 y omega-6, con predominio de estos últimos; el enorme daño ambiental que produce la ganadería.

Los autores consultados insisten en que es mejor recurrir a los alimentos orgánicos, es decir, procedentes de animales cuidados con pasto y no con químicos. Esto no deja de ser una ilusión porque es imposible sostener a la comunidad con este tipo de alimentos que son muy caros o no rentables e imposibles de producir dadas las condiciones de contaminación en que ya vivimos. Otro es el problema de los alimentos genéticamente modificados. (Continuará)

viernes, 3 de noviembre de 2017

LA CULPA ES DE LOS BICHOS




No nos hemos dado cuenta aún de la tremenda revolución que se viene con los avances de la medicina, no solo por sus implicaciones en el mejoramiento de la salud o el control de los problemas de obesidad, sino también por el impacto en la economía de todo el mundo, tanto en la producción de medicamentos y alimentos como en los sistemas de crianza de los animales para el consumo humano.

En todo el mundo se adelantan investigaciones que muestran la importancia que tiene la flora bacteriana que todos llevamos en el intestino en la génesis de las enfermedades y en la obesidad, como también los sencillos sistemas para modificarla que harán obsoletos muchos de los medicamentos que hoy utilizamos.  De la dieta que usted lleve depende el tipo de bacterias que lo van a enfermar o le van a dar salud.

En términos generales, la dieta occidental, rica en azúcares, grasas dañinas y alimentos procesados, hace que nos llenemos de bacterias patógenas intestinales responsables de la epidemia de obesidad, diabetes, enfermedades crónicas y cáncer que, en oriente, con una dieta diferente, no se presenta. Hasta las enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, el autismo, el Párkinson o el Alzheimer o las enfermedades autoinmunes, como el Lupus, la Esclerosis Múltiple o la Artritis Reumatoide, se relacionan con lo que comemos y con las bacterias del colon.

También en términos generales, se trata de consumir menos azúcares o harinas, alimentos procesados, carnes y grasas de origen animal y dar prioridad a los vegetales, los alimentos ricos en residuos, prebióticos, probióticos preparados en casa, encurtidos o alimentos fermentados y grasas de origen vegetal.

Por fortuna ya se encuentra en nuestras librerías y en internet muchos textos que nos ilustran en este campo desde los estudios del Dr. David Perlmutter como Cerebro de pan, Alimenta tu cerebro y Más allá de tu cerebro, o La Biblia de la salud intestinal del Dr. Gerard E. Mullin o el ya clásico Anticáncer del Dr. David Servan-Schreiber. También estudios para expertos como los relacionados con la Medicina Funcional.

Un capítulo especial de estas investigaciones se relaciona con el gluten, una proteína que da ese aspecto elástico o “tirudo” del pan y que se encuentra en muchos cereales como el trigo, la cebada. La intolerancia al gluten, relativamente frecuente en el norte de Europa y Norteamérica, pero rara entre nosotros, se caracteriza por síntomas digestivos como diarreas, cólicos, gases, etc., que mejoran con una dieta si gluten.

La novedad reside en el hecho de que muchas personas con intolerancia al gluten no presentan síntomas digestivos, pero sí síntomas generales inespecíficos como malestar general, cefalea, dolores musculares y otros, mejoran con dieta sin gluten. Además, se discute la relación del gluten con la obesidad y si debe retirarse de la dieta.

Creo que la importancia del tema amerita su ampliación.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Iván Tabares Marín: UN NUEVO PARADIGMA MÉDICO

Iván Tabares Marín: UN NUEVO PARADIGMA MÉDICO: La ciencia médica sufre en los últimos años un cambio trascendental determinado por el descubrimiento de lo que pudiéramos llamar un ...

UN NUEVO PARADIGMA MÉDICO




La ciencia médica sufre en los últimos años un cambio trascendental determinado por el descubrimiento de lo que pudiéramos llamar un nuevo órgano y sus implicaciones en nuestra salud.  Me refiero a la flora bacteriana de todo nuestro cuerpo, en particular a la que reside en nuestro aparato digestivo, que nos ha permitido entender mejor nuestras enfermedades y el fracaso reiterado en nuestros intentos por rebajar de peso.

Tenemos diez veces más microorganismos en nuestro colon que células en todo el cuerpo, pero hasta ahora no habíamos entendido su importancia en la explicación de muchas enfermedades como las posibilidades enormes que nos ofrece para tener una mejor calidad de vida sin estar sometidos a la barbarie de la EPS.

Sabíamos, sí, que el proceso básico de muchas enfermedades es la inflamación, pero apenas ahora empezamos a comprender la manera como los alimentos y las bacterias intestinales intervienen en él.  Muchas enfermedades crónicas, el infarto del miocardio, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes mellitus, las enfermedades de la vejez como el Alzheimer y hasta el cáncer son mejor explicados y podemos prevenirlos fácilmente.

En el intestino grueso o colon se encuentran la mayoría de estas bacterias, unas dañinas y otras benéficas, pero si predominan las primeras, si invaden el intestino delgado o si alteran la barrera que les impide entrar a la circulación general o sangre, van a agravar la inflamación en todo el cuerpo y nos van a enfermar.

La llamada comida chatarra o procesada por la industria no solo es dañina por la grasa y las sustancias tóxicas que contiene, sino también porque favorece el crecimiento de las bacterias perjudiciales del intestino. Asimismo, la carne y la leche o sus derivados nos afectan por los antibióticos, hormonas y otras sustancias usadas para alimentar los animales de los que proceden.

Los alimentos pueden modificar la composición de la microbiota o flora de tal manera que podemos expulsar las bacterias dañinas y favorecer el crecimiento de las saludables.  Entendemos mejor que nunca aquello de que somos lo que comemos; que la dieta occidental es la causa principal de nuestras enfermedades; que veganos y vegetarianos, quienes aprendieron a comer de las tradiciones orientales, tienen mucho para enseñarnos; de que dieta, ejercicio, más una vida sin estrés con mucho amor, nos permitirán vivir sanos muchos años.

Aunque aún no hay acuerdo entre todos los investigadores y profesionales de la salud en esta materia, los lineamientos generales de este nuevo paradigma o modelo sanitario ya está muy definidos: debemos restringir el consumo de carbohidratos, sobre todo los refinados incluida la fructosa o azúcar de las frutas; perderles el miedo a las grasas, especialmente a aquellas llamadas de origen vegetal como el aceite de oliva, el aguacate, las nueces, el chocolate, entre otras; las vegetales deben ser la base de nuestra alimentación; el consumo de carne, muy restringido.