viernes, 17 de noviembre de 2017

COMER CARNE O NO (II)




Como la medicina actual se basa en evidencias científicas, y como las investigaciones relacionadas con la influencia de la flora bacteriana intestinal llevan pocos años, no es posible obtener conclusiones definitivas en este campo, aunque ya se puede vislumbrar la trascendencia de este nuevo paradigma en materia de nutrición y salud.

Los escritos médicos que consulté para esta nota coinciden en la necesidad de disminuir el consumo de carne a unas pocas porciones semanales, considerando como porción la cantidad que cabe en la palma de la mano.  También proponen que se debe preferir el pescado, aunque con tales requisitos que se hace imposible para la mayoría de los colombianos.

El pescado ideal es aquel de aguas frías como el salmón, por su alto contenido de ácidos grasos omega-3, especialmente el salvaje de Canadá. Por otro lado, siguen apareciendo estudios sobre la grave contaminación del atún por mercurio, como el que publicó la Universidad Nacional hace como dos años y que fue cuestionado por el INVIMA por supuestas fallas metodológicas. También conocí el caso de una señora bogotana que se dedicó a consumir exclusivamente pescado como fuente proteica y en pocos meses presentó síntomas de intoxicación por mercurio.

En el caso del ganado vacuno o porcino y las aves, es importante que las autoridades sanitarias mantengan informada a la comunidad del riesgo real que corremos por consumir la carne de estos animales tratados con antibióticos, hormonas y otros químicos, como también sobre los peligros que pueden implicar para la salud los vegetales tratados con insecticidas o que son modificados genéticamente.

Paso ahora a otro aspecto relacionado. En las recomendaciones que viene haciendo los médicos dedicados a la nutrición, además de las señaladas en la nota anterior, insisten en el consumo de probióticos, pero no los ofrecidos en la mayoría de los supermercados, tales como los yogures ricos en azúcares, frutas y químicos; deben ser probióticos naturales, ricos en bacterias vivas, como el yogur griego importado que podemos encontrar en Pereira y otras ciudades.

La porción de ese yogur se debe diluir en medio litro de agua filtrada para elevar el pH del estómago y facilitar que los bacilos lleguen vivos al intestino; su consumo debe hacerse al menos una hora antes de una comida principal.  También hay bacilos vivos que se pueden conseguir en farmacias y aplicar en enemas.  

Se recomienda, además, el consumo de encurtidos o alimentos fermentados, pero no en la forma como lo hacemos muchos, en vinagre, sino en salmuera preparada con agua destilada.  Es notario el kimchi, probiótico poderoso y alimento fermentado que es la base de la dieta coreana, preparado con vegetales, especias y ají.

Entre los libros que estudié para esta nota, recomiendo La Biblia de la salud intestinal, del Dr. Gerard E. Mullin; Alimenta tu cerebro, del Dr. David Perlmutter; Anticáncer, del Dr. David Servan-Schreiber.

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