Como la
medicina actual se basa en evidencias científicas, y como las investigaciones
relacionadas con la influencia de la flora bacteriana intestinal llevan pocos
años, no es posible obtener conclusiones definitivas en este campo, aunque ya
se puede vislumbrar la trascendencia de este nuevo paradigma en materia de
nutrición y salud.
Los escritos
médicos que consulté para esta nota coinciden en la necesidad de disminuir el
consumo de carne a unas pocas porciones semanales, considerando como porción la
cantidad que cabe en la palma de la mano.
También proponen que se debe preferir el pescado, aunque con tales
requisitos que se hace imposible para la mayoría de los colombianos.
El pescado
ideal es aquel de aguas frías como el salmón, por su alto contenido de ácidos
grasos omega-3, especialmente el salvaje de Canadá. Por otro lado, siguen
apareciendo estudios sobre la grave contaminación del atún por mercurio, como
el que publicó la Universidad Nacional hace como dos años y que fue cuestionado
por el INVIMA por supuestas fallas metodológicas. También conocí el caso de una
señora bogotana que se dedicó a consumir exclusivamente pescado como fuente
proteica y en pocos meses presentó síntomas de intoxicación por mercurio.
En el caso
del ganado vacuno o porcino y las aves, es importante que las autoridades
sanitarias mantengan informada a la comunidad del riesgo real que corremos por
consumir la carne de estos animales tratados con antibióticos, hormonas y otros
químicos, como también sobre los peligros que pueden implicar para la salud los
vegetales tratados con insecticidas o que son modificados genéticamente.
Paso ahora a
otro aspecto relacionado. En las recomendaciones que viene haciendo los médicos
dedicados a la nutrición, además de las señaladas en la nota anterior, insisten
en el consumo de probióticos, pero no los ofrecidos en la mayoría de los supermercados,
tales como los yogures ricos en azúcares, frutas y químicos; deben ser
probióticos naturales, ricos en bacterias vivas, como el yogur griego importado
que podemos encontrar en Pereira y otras ciudades.
La porción de
ese yogur se debe diluir en medio litro de agua filtrada para elevar el pH del
estómago y facilitar que los bacilos lleguen vivos al intestino; su consumo
debe hacerse al menos una hora antes de una comida principal. También hay bacilos vivos que se pueden conseguir
en farmacias y aplicar en enemas.
Se
recomienda, además, el consumo de encurtidos o alimentos fermentados, pero no
en la forma como lo hacemos muchos, en vinagre, sino en salmuera preparada con
agua destilada. Es notario el kimchi,
probiótico poderoso y alimento fermentado que es la base de la dieta coreana,
preparado con vegetales, especias y ají.
Entre los
libros que estudié para esta nota, recomiendo La Biblia de la salud intestinal,
del Dr. Gerard E. Mullin; Alimenta tu cerebro, del Dr. David Perlmutter;
Anticáncer, del Dr. David Servan-Schreiber.
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