No nos hemos
dado cuenta aún de la tremenda revolución que se viene con los avances de la
medicina, no solo por sus implicaciones en el mejoramiento de la salud o el
control de los problemas de obesidad, sino también por el impacto en la
economía de todo el mundo, tanto en la producción de medicamentos y alimentos
como en los sistemas de crianza de los animales para el consumo humano.
En todo el
mundo se adelantan investigaciones que muestran la importancia que tiene la
flora bacteriana que todos llevamos en el intestino en la génesis de las
enfermedades y en la obesidad, como también los sencillos sistemas para
modificarla que harán obsoletos muchos de los medicamentos que hoy
utilizamos. De la dieta que usted lleve
depende el tipo de bacterias que lo van a enfermar o le van a dar salud.
En términos
generales, la dieta occidental, rica en azúcares, grasas dañinas y alimentos
procesados, hace que nos llenemos de bacterias patógenas intestinales
responsables de la epidemia de obesidad, diabetes, enfermedades crónicas y
cáncer que, en oriente, con una dieta diferente, no se presenta. Hasta las
enfermedades mentales como la depresión, la ansiedad, el autismo, el Párkinson
o el Alzheimer o las enfermedades autoinmunes, como el Lupus, la Esclerosis
Múltiple o la Artritis Reumatoide, se relacionan con lo que comemos y con las
bacterias del colon.
También en
términos generales, se trata de consumir menos azúcares o harinas, alimentos
procesados, carnes y grasas de origen animal y dar prioridad a los vegetales,
los alimentos ricos en residuos, prebióticos, probióticos preparados en casa,
encurtidos o alimentos fermentados y grasas de origen vegetal.
Por fortuna
ya se encuentra en nuestras librerías y en internet muchos textos que nos
ilustran en este campo desde los estudios del Dr. David Perlmutter como Cerebro
de pan, Alimenta tu cerebro y Más allá de tu cerebro, o La Biblia de la salud
intestinal del Dr. Gerard E. Mullin o el ya clásico Anticáncer del Dr. David
Servan-Schreiber. También estudios para expertos como los relacionados con la
Medicina Funcional.
Un capítulo
especial de estas investigaciones se relaciona con el gluten, una proteína que
da ese aspecto elástico o “tirudo” del pan y que se encuentra en muchos cereales
como el trigo, la cebada. La intolerancia al gluten, relativamente frecuente en
el norte de Europa y Norteamérica, pero rara entre nosotros, se caracteriza por
síntomas digestivos como diarreas, cólicos, gases, etc., que mejoran con una
dieta si gluten.
La novedad
reside en el hecho de que muchas personas con intolerancia al gluten no
presentan síntomas digestivos, pero sí síntomas generales inespecíficos como
malestar general, cefalea, dolores musculares y otros, mejoran con dieta sin
gluten. Además, se discute la relación del gluten con la obesidad y si debe
retirarse de la dieta.
Creo que la
importancia del tema amerita su ampliación.
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