Esta nota es una respuesta a una columna escrita por
Claudia Isabel Palacios Giraldo en El Tiempo de Bogotá del 6 de junio pasado,
titulada el “El hombre que te mata”. Ella hizo un curso sobre género y forma
parte de un panel de periodistas en Blu Radio.
Para hablar de género se necesita una información
amplia sobre medicina, psicología, psicoanálisis y filosofía posmoderna que
ella no tiene. También desconoce el proceso ideológico por el que ha pasado la
izquierda en el último medio siglo, necesario para entender su juego sucio
internacional y el dinero que se mueve en este campo. Son muchos los medios que
reciben altas sumas de dinero por hacer publicidad a este proyecto que busca
destruir la organización familiar y darle votos a la izquierda.
También es necesario conocer los procesos culturales actuales
como las redes sociales y la forma cómo se educan los niños. La supuesta maldad
“esencial” de los varones no determina los feminicidios como supone Claudia. No
son las mujeres —todas santas en la torcida visión del enfoque de género— las
únicas víctimas de esta tragedia que sin ninguna duda seguirá creciendo si las
mismas feministas siguen entregando un celular a sus hijos desde la cuna.
Los hijos asesinados y los hombres que se suicidan
también son víctimas. Por eso no podemos caer en la trampa perversa de las
feministas que buscan polarizar las relaciones entre hombres y mujeres para dar
paso a la teoría queer y a su negación de la diferencia de los sexos como
quiere la izquierda.
Las feministas son las responsables indirectas de los
feminicidios porque “el hombre que mata” lo criaron ellas. Cada individuo es un
títere de las ideologías e influencias en que se formó. Somos una creación de
los otros, en particular de la madre y de las redes sociales que están
cambiando la especie humana para mal si no enfrentamos con seriedad y sin odios
el futuro.
La crisis actual se inició con la generación Z. Los niños
tuvieron la mala suerte de ser sobreprotegidos por sus padres y entregados a
una pantalla que alucina, crea dependencia, bloquea su desarrollo cognitivo y
emocional y destruye todo lo bueno que recibieron de sus madres. Les negaron
los juegos con amigos y la experiencia del otro que se ama y se respeta. La pornografía
de las redes reduce a las mujeres a “cosas” desechables. Los niños ya no
maduran, no tienen tolerancia a la frustración y por eso, cuando son adultos, cualquier
negación o desengaño los enloquece, matan y se suicidan. Las mediocres feministas
agravan el problema con el perverso violentómetro, promocionado por Blu Radio,
y con sus tergiversaciones nacidas de la ignorancia.
El ciudadano tampoco tiene la formación para analizar la columna de Claudia, un plagio del violentómetro promocionado por Blu Radio y creado en México para hacer imposible el matrimonio heterosexual, pues el perverso enfoque de género es impulsado por lesbianas como Judith Butler, de buen recibo para los violadores de menores, como los guerrilleros, y para las mujeres desconocedoras del determinante del feminicidio, ellas mismas. Sí a la familia, NO al enfoque de género.
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