Si en la época reciente todos los regímenes zurdos
coinciden en su afán de repartir subsidios a raudales para asegurar su
reelección y usar la misma estrategia de la lucha contra la corrupción o la
radicalización de la democracia creando todo tipos de derechos “sociales” para
favorecer sus seguidores, son marcadas las diferencias entre Petro y los
presidentes de izquierda en Latinoamérica.
Asimismo, los adversarios de la izquierda están
más confundidos aún porque su concepto del marxismo corresponde al clásico del
siglo XIX que, aunque se mantiene en la mente algunos mamertos como la ministra
de Trabajo, Gloría Inés Ramírez, no tiene relación con el de las activistas del
medio ambiente o del feminismo radical. A los campesinos cocaleros e indígenas,
sujetos centrales en el movimiento petrista, el viejo Carlos Marx ni siquiera
los tuvo en cuenta en su revolución.
Un elemento determinante en la variedad de
regímenes de izquierda es la patología psiquiátrica de sus líderes que Carlos Marx,
Antonio Gramsci y Ernesto Laclau jamás tomaron en consideración. No es lo mismo
un caudillo con mentalidad de monje como Pepe Mujica, un cínico como Nicolás
Maduro, un fascista como Daniel Ortega o un paranoico y megalómano como Gustavo
Petro.
Ahora, si analizamos la ideología de la nueva
izquierda, la confusión entre los zurdos y sus opositores es peor. Casi nadie conoce en Colombia la hegemonía
discursiva de Ernesto Laclau, seguidor de Jacques Lacan y uno de los mejores
representantes del Socialismo del siglo XXI impulsado por el Foro de Sao Paulo.
Veamos un ejemplo del enredo de la nueva izquierda.
Si Jacques Lacan se hizo famoso por su expresión “el inconsciente está
estructurado como un lenguaje”, Laclau aseguraba que “la política está
estructurada como un lenguaje”. Ambos usan la lingüística como metodología. De
manera que, si usted no tiene buenos conocimientos sobre semiología y lingüística,
nada entenderá de la nueva izquierda. La mayoría de los influenciadores y
profesores de filosofía fallan en este punto, incluidos Gloria Álvarez y Agustín
Laje, militantes de derecha. Ignoran a Lacan.
Las revoluciones que toman el poder no saben qué
hacer con él. Es patético el encarte en que está Petro con unos ministros que
usan lenguajes tan diversos. La única voz sensata, y no siempre, es la del
ministro de Hacienda. Cuando no hay una ideología precisa, cualquier improvisación
vale. La historia de nuestros líderes de izquierda no muestra preparación
académica importante en economía y mucho menos en filosofía. Es ridículo que
Roy Barreras compare a Petro con Michel Foucault.
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