La confusión
en que nos encontramos todos los colombianos y los funcionarios del Gobierno se
puede explicar por la evolución teórica que va del marxismo clásico, el
original de Carlos Marx, a la nueva izquierda. El primero hablaba de clases; la
segunda, de relación equivalente entre los grupos hegemonizados por la
izquierda.
Estos grupos
hegemonizados o dirigidos por los partidos zurdos en su proyecto de toma del
poder mediante una dictadura son en nuestro caso latinoamericano: movimiento
feminista, ecologismo ideológico, indígenas, intelectuales o maestros
adoctrinadores y estudiantes de la Primera Línea. Cada uno de esos grupos tiene
una demanda no satisfecha por el Estado. Esas demandas son equivalentes porque
coinciden en su antagonismo con el orden institucional, es decir, ese hecho las
equipara y las hace solidarias.
Por el
contrario, en la vieja izquierda se hablaba de dos clases, la burguesía y el
proletariado. El resto del pueblo o sociedad civil no tenía valor alguno en el
esquema: campesinos, lumpenproletariado, trabajadores no asalariados,
profesionales, creativos y artistas, etc.
Una cita de
Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe nos resume el asunto: “La condición
de emergencia del “pueblo” como agente político en el discurso comunista ha
sido la relación de equivalencia entre clases, que desdobla la identidad de
estas últimas y que, a través de es desdoblamiento, constituye una polarización
de nuevo tipo”.
¿Qué
significa el desdoblamiento de las identidades de las clases u organizaciones
hegemonizadas por la nueva izquierda? Para responder, debe quedar muy claro que
ya no se habla de la posición económica en la determinación de las clases
enfrentadas en la lucha por el poder, sino de identidades. Una es la identidad
que tenían las mujeres en la sociedad patriarcal y otra es la dada por el
discurso con enfoque de género de la nueva izquierda. Eso mismo sucede con
indígenas, Primera Línea, organizaciones ecologistas, etc.
La cita
continúa: “La enumeración comunista (de las clases) no es la constatación de
una situación de hecho, sino que tiene un carácter performativo; la unidad de
un conjunto de sectores no es un dato: es un proyecto de construcción
política”. “Performativo” significa, como he comentado en otras notas, que es
producto del discurso o del adoctrinamiento. Las palabras tienen la función de
crear realidad. Cuando estudiantes, indígenas, ecologistas o feministas son
adoctrinados por la izquierda, se les está dando nuevas identidades antagónicas
con el Estado. He ahí la explicación de la polarización de todos los países
latinoamericanos y que parece insalvable. Los intelectuales son fundamentales
en ese adoctrinamiento.
El petrismo
no entiende la nueva izquierda. Por eso, se enreda mezclando reivindicaciones
salariales, que generan desempleo, con educación sexual desde el preescolar para
que los niños aprendan a estimularse sexualmente y se preparen a escoger el
género que más les guste. También usa su ideología ecológica para aumentar el
hambre y la pobreza. Es la crisis mamerta de Nicaragua, Cuba, Perú, Argentina,
Chile, Colombia, etc. No saben lo que hacen.
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