Ernesto
Laclau, fallecido en 2014, es el mejor teórico del Socialismo del siglo XXI y
el escritor predilecto de los mamertos ilustrados. Una mala aplicación de su
pensamiento sobre el populismo define la situación política que estamos
viviendo en el gobierno Petro.
Las teorías
de Laclau no concuerdan con la estrategia asumida por la izquierda
latinoamericana. Como la lucha de clases del viejo marxismo no funcionó, Laclau
sigue a Antonio Gramsci y mejora su proyecto con la visión de Jacques Lacan. Supone
que los antagonismos de algunas organizaciones o grupos con el Estado se basan
en sus demandas no satisfechas.
Entre esas organizaciones,
una de ellas toma las riendas del movimiento contra el Estado y crea una
hegemonía cultural o identitaria. El líder de grupo que hegemoniza a los otros
se convierte en un significante vacío que representa las demandas de todos esos
grupos.
Con un
ejemplo sencillo Laclau explicaba el concepto de significante vacío. Una señora
consulta en un hospital de Buenos Aires, pero no es atendida. Cuando sale
indignada grita en la puerta del hospital: “Viva Perón”. Esa expresión
significa en la mente de la señora: “necesito salud” o “si Perón gobernara mi
demanda sería resuelta”. En ese tiempo Juan Domingo Perón estaba exilado.
El
significante (el sonido o la huella acústica que es una palabra) puede tener
muchos significados. Por ejemplo, si digo “Jesucristo”, cada uno de mis oyentes
o lectores evocará un significado diferente o, como decía el padre John Dominic
Crossan, hay un “Jesús” distinto para cada cristiano. Eso mismo pasa en el
populismo que, según Laclau, es una forma de hacer política; no es una
ideología. Puede haber populismo de izquierda o de derecha y es parte del proceso
en la toma del poder.
La palabra
“Petro” en Colombia correspondería a la expresión “Perón” en la Argentina de
mediados de siglo XX. “Petro” sería un significante vacío que simboliza las
necesidades no satisfechas por el Estado a sus grupos hegemonizados; pero en
realidad no es así.
Los
movimientos indígena, feminista, ecológico y la Primera Línea no representan
demandas de la sociedad colombiana; por el contrario, son su negación. La ecología de izquierda prefiere sacrificar
la seguridad económica de la nación por una visión romántica y falsa o no
científica del medio ambiente. Los indígenas se prestan al montaje de la
izquierda porque ignoran los proyectos reales de la izquierda; el movimiento
feminista es la destrucción de la familia, y la primera línea es la nueva
guerrilla adoctrinada en colegios y universidades.
La izquierda
de hoy es un engaño ideológico en el que cabe cualquier cosa por loca o absurda
que sea. Tal vez ese es el motivo de su fracaso en Argentina, Venezuela, Perú y
Chile. La Constitución rechazada en Chile es el libreto de Petro que aquí se impone
en reformas legales, facultades extraordinarias o dictatoriales para el presidente,
subsidios que compran conciencias y la toma del Congreso con “mermelada” para
políticos decadentes.