martes, 29 de noviembre de 2022

La "cháchara" de la participación comunitaria

 

Desconcertante la entrevista concedida por el dirigente del ELN Israel Ramírez Pineda, alias Pablo Beltrán, al noticiero de CM& la semana pasada. Desconcertante por la falta de preparación del guerrillero y del periodista comisionado por Yamid Amat.

Esa media hora tuve la sensación de estar en 1970, en plena Guerra Fría, como si la caída del Muro de Berlín, símbolo del fracaso comunista, no hubiera ocurrido. Como si la nueva izquierda no hubiese cambiado su discurso de lucha de clases por el de la guerra cultural o de identidades. Como si los nuevos sujetos revolucionarios (indígenas, feministas radicales, cocaleros, la primera línea de jóvenes adoctrinados y ecologistas) no hubieran sustituido el proletariado y las guerrillas en el proyecto de la toma del poder, no por la fuerza, sino mediante elecciones y con el juego sucio de Isabel Cristina Zuleta, Guanumen y el Registrador General.

El periodista no hizo más que darle al negociador del ELN la oportunidad de repetir su discurso anacrónico y muy parecido al de Petro, motivo por el cual pensé que el nuevo proceso de paz será “un diálogo entre guerrilleros” que están de acuerdo en todo para humillar, otra vez, a los colombianos.

Dijo Beltrán que “la democracia representativa está en la ruina” y que su guerrilla busca crear una democracia participativa. La democracia participativa es la patraña usada por la izquierda para imponer su proyecto populista y dictatorial, tal como está haciendo Petro con sus “diálogos vinculantes” para conformar el Plan Nacional de Desarrollo. Una reforma constitucional de hecho ante la indiferencia de la Corte.

El filósofo marxista Slavoj Zizek llama “cháchara” al discurso de la participación comunitaria: “Toda esa cháchara acerca de la participación popular activa, de que la gente (o la multitud) se organice en movimientos sociales, en última instancia solo sirve para ocultar la carencia de una alternativa distinta al modelo parlamentario y el Estado estalinista”. Ese comentario es, además, un sarcasmo contra el Socialismo del siglo XXI de Ernesto Laclau, cuyas fallas en Latinoamérica empiezan a demostrar que Zizek tiene razón.

Si la democracia participativa no funcionó en la pequeña comunidad de Atenas del siglo V a. C., mucho menos hoy con cincuenta millones de colombianos cuando las fuentes principales de información son las mentirosas redes sociales y cuando los jóvenes son adoctrinados, no leen o no entienden lo que leen y prefieren una dictadura a una democracia.

Otras de las falacias de Beltrán: “Hay un régimen que todavía mata líderes sociales”. Los informes de la Fiscalía señalan que la mayoría de esos asesinatos son producidos por las guerrillas y las bandas criminales en su lucha por el control territorial y de los negocios ilícitos. Sin embargo, el joven entrevistador no hizo una sola réplica a los comentarios maliciosos del entrevistado como si su objetivo fuera un montaje en favor de la estafa de la paz total.  ¿Quién pagó esa entrevista?

martes, 22 de noviembre de 2022

El proyecto de educación sexual


Son tantas las falacias y errores incluidos en el proyecto de ley 229 de 2021, aprobado en primer debate en la comisión sexta de la Cámara de Representantes, “por medio del cual se promueve y fortalece la educación integral de la sexualidad”, que estoy seguro de que quienes aprobaron ese adefesio no lo analizaron o no tienen la preparación académica para hacerlo, a no ser que alguno de ellos sea doctor en filosofía; tampoco la tienen los opositores.

El enfoque de género, base del proyecto 229, tiene como último objetivo la destrucción de la organización familiar, soporte de la sociedad democrática y capitalista o de cualquiera otra. Además, la izquierda busca legalizar la pedofilia y el incesto, objetivos planteados por Judith Butler en su texto El género en disputa. El artículo 10 de la rechazada Constitución chilena, que cité en otra columna, daba las bases para esa legalización.

Como todo lo que hace la izquierda hipócrita, el proyecto se adorna con palabras rimbombantes que tienen múltiples interpretaciones como “derechos”, “humanismo”, “ética”, etc. ¿De cuál ética hablan? ¿La de Guanumen e Isabel Cristina Zuleta o la de alias Tornillo? Además, el proyecto se adorna con principios en los que todos estaríamos de acuerdo en una perspectiva democrática y respetuosa de las tradiciones religiosas culturales de nuestra nación; pero el diablo está en los detalles.

El proyecto es antitécnico y tiene varios “micos”. Establece en todo el sistema educativo el proyecto de Petro alcalde de Bogotá, el mismo que en España legalizó el partido Podemos de Pablo Iglesias y su esposa Irene Montero. Irene vino a Colombia hace pocos días a repetir que los niños tienen derecho a relaciones sexuales consentidas “cuando les dé la gana”.

“Los hijos no pertenecen a los padres”, pregonaba ella misma cuando el enfoque de género se estableció en España para legitimar la intervención del Estado en la educación sexual. EL proyecto también revive el intento de Gina Parody, exministra de Educación del gobierno Santos, de modificar los manuales de convivencia de los colegios.

Repito las falacias del enfoque de género mamerto: el carácter exclusivamente cultural o social de las identidades de género, sin ningún condicionante biológico; el mito del sujeto o del fantasma en la máquina cerebral del niño que puede elegir el género y consentir las relaciones sexuales.

No es necesario ser un experto para entender que los niños adquieren de forma inconsciente su rol de género en la identificación con sus padres y que la intromisión del Estado y los maestros en ese proceso generará muchos conflictos emocionales, perversiones y suicidios.

Los padres no dicen a los hijos que deben ser heterosexuales. Estos actúan como tales por su identificación inconsciente con los padres. Los niños transgénero por lo general reclaman a sus padres hacia los cuatro años que sus genitales no corresponden a su género; los homosexuales expresan su tendencia progresivamente. La familia debe asumir con amor esas esas diferencias.

martes, 15 de noviembre de 2022

El Leviatán encadenado

 

El análisis de los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson en su último libro El pasillo estrecho nos sirve para hacer una aproximación a la estrategia de la izquierda con el propósito de destruir las instituciones democráticas utilizando las organizaciones indígenas y otras etnias, organizaciones sociales, el feminismo, los maestros e intelectuales, entre otros.

“Thomas Hobbes usó la imagen del Leviatán, el gran monstruo marino descrito en el libro bíblico de Job, como sinónimo de Estado, para enfatizar que este tenía que ser poderoso”. Hay tres formas de Leviatán: ausente, despótico y encadenado. El Estado no existe (Leviatán ausente) en las comunidades primitivas o indígenas; el Leviatán despótico es el de las monarquía y dictaduras; el encadenado es el Leviatán del Estado democrático.

La política en la modernidad es una confrontación permanente entre el poder del Estado y la sociedad. Cuando esa lucha está en tablas o la comunidad pone en peligro el poder del Estado se dice que la confrontación es suma cero y cualquier cosa puede suceder, como la aparición de una dictadura de extrema derecha o extrema izquierda (Leviatán despótico), o la anarquía (Leviatán ausente) como sucede en algunos países africanos.

Ejemplos de Estados debilitados en los que se impuso una dictadura: la república de Weimar en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial tomada por los nazis; la república chilena de 1970, tomada por Pinochet después del golpe de Estado contra Salvador Allende.

El Leviatán encadenado recibe ese nombre porque su poder está limitado por las normas, la Constitución Nacional y las leyes, más la relación de pesos y contrapesos entre los poderes. El Leviatán encadenado usa el poder para proteger la libertad, crear incentivos y oportunidades económicas generalizados y promueve una mejora sostenible de la prosperidad económica.

“Pero el Leviatán encadenado solo se ha presentado tardíamente en la historia y su desarrollo ha sido disputado o conflictivo”, de tal forma que se mueve en un pasillo estrecho del que puede salir. La mayoría de las naciones con el Leviatán encadenado se encuentran en Europa. Acemoglu y Robinson dicen que muchos de los países latinoamericanos “celebran elecciones regularmente y tienen algunas de las formas de las instituciones democráticas, aunque están lejos de disponer de un Leviatán encadenado”.  Eso se debe parcialmente, agregan, a que estas entidades políticas se encontraban en la órbita de un Leviatán despótico, controlado por las élites tradicionales.

En el Estado plurinacional, que intentaba crear en Chile la Constitución de izquierda rechazada, encontramos una de las tácticas usadas por la izquierda para destruir nuestro orden institucional. Allí está la explicación de que cuando se conoció la elección de Petro como presidente, inmediatamente los indígenas y campesinos, algunos orientados por guerrillas, invadieron un gran número de predios.

Con la izquierda en el poder estamos en una suma cero en la confrontación entre nuestras instituciones y el intento de quienes quieren destruirlas con los intelectuales de izquierda a la cabeza. Un Leviatán despótico nos amenaza.

martes, 8 de noviembre de 2022

La mala fe de la paz total

 

El viejo marxismo del siglo XIX prometía una sociedad sin clases y, por tanto, desaparecerían las luchas entre el capital y el trabajo, entre explotados y explotadores. Sin ese antagonismo el Estado no sería necesario. La nueva izquierda cambió su discurso y no habla de clases sino de identidades y hegemonías, pero mantiene el mito de la sociedad sin clases o la “paz total”.

Para comprender el engaño implícito en el proyecto de la paz total es necesario conocer muy bien la evolución de la izquierda en los últimos 32 años, desde la primera reunión del Foro de Sao Paulo, dirigida por Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva. Conceptos como sobredeterminación, hegemonía, posiciones de sujeto e identidad nos permiten dilucidar la trampa. Esta teoría se encuentra en los textos de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Ellos consideran que la paz total es imposible.

Sobredeterminación significa que nuestra conducta tiene muchos determinantes. A diferencia de las cosas que tienen una causalidad definida, las relaciones humanas se dan un mundo simbólico, de palabras, mitos, imaginarios y genes en los que no es posible definir culpables o inocentes, buenos y malos. Es un mundo de negatividades o de antagonismos, como lo llama Byung-Chul Han, y acabar con los antagonismos es suprimir la condición humana.

Si hay delincuencia, se debe a que se dan los determinantes que la favorecen; no es una decisión personal ser asesino. Por eso, por cada delincuente que firme la paz total con el Gobierno hay miles de colombianos y extranjeros dispuestos a sustituirlo en las organizaciones criminales. “Si te vas a convertir en un criminal, la inteligencia artificial ya lo sabe”; no es una decisión tuya.

Hegemonía se puede definir como la dominación por consenso. La paz total es un intento malicioso de la izquierda por extender su hegemonía sobre indígenas, campesinos, feministas radicales, ecologistas y la Primera Línea a toda la sociedad por medio de una dictadura. Pero eso no implica que desaparecerán los antagonismos y la violencia.

En la mentira de la paz total no habría identidades, es decir, no habría cristianos y ateos, negros y blancos, heterosexuales (todos seremos transgéneros o de género no binario), patronos y obreros, colombianos y extranjeros. Si desaparecieran los antagonismos, no necesitaríamos el Estado que dirima nuestros conflictos. Así lo expresó la epístola a los Gálatas 3: 28 de Pablo: “Ya no hay judío ni griego, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Es el cielo en la tierra.

Sin embargo, como decía Antonio Gramsci, “La progresividad de las hegemonías no aparece garantizada de antemano”. Las identidades de sujeto que la izquierda dio a sus hegemonizados se rompen fácilmente. Eso fue lo que sucedió en Chile con la reacción de los indios mapuche contra la izquierda y el rechazo de la nueva Constitución.

Solo los ingenuos o mal informados creen en la paz total.

martes, 1 de noviembre de 2022

Legalizar la pedofilia

 

La ministra de la Igualdad de España, Irene Montero, causó un gran escándalo al declarar que los niños tienen derecho a disfrutar de las relaciones sexuales “cuando les dé la gana” siempre y cuando expresen su consentimiento.

Irene es esposa del dirigente del Partido Podemos, Pablo Iglesias, amigo personal de Gustavo Petro. Unidas Podemos envió hace cuatro años una comisión a Bogotá para celebrar el eventual triunfo de Petro y este año mandó delegados a participar en la transmisión del poder.

Irene Montero tiene 34 años, es psicóloga y ha sido una de las principales impulsoras del enfoque de género marxista que las FARC incluyeron en nuestra Constitución Nacional por el Acuerdo de paz. Gustavo Petro estableció ese enfoque en las clases de educación sexual en los colegios públicos de Bogotá con la utilización de cartillas españolas.

La izquierda usa el concepto de “derecho” para darle una connotación democrática a perversiones como la pedofilia. Es obvio que un niño de ocho o diez años no tiene la suficiente madurez cerebral para consentir las relaciones sexuales. Por otro lado, el mito de la existencia de un sujeto o una persona en el niño, como si hubiera un fantasmita en su cerebro que toma decisiones, ha sido desvirtuando por la ciencia, pero sigue siendo la base del engaño de la izquierda.

La izquierda vive obsesionada con la legalización de la violación de los menores, el más repugnante de sus objetivos, junto con el aborto sin restricciones y el incesto. En otra columna me referí a la solicitud formal que hicieron en 1977 un grupo de intelectuales marxistas para que la Asamblea Nacional francesa legalizara le pedofilia con el consentimiento del menor.

Para comprender que la izquierda es un monstruo internacional, recordemos el artículo 10 de la rechazada Constitución chilena que consagraba el enfoque de género marxista para legalizar la pedofilia y el incesto: “El Estado reconoce y protege a las familias en su diversas formas, expresiones y modos de vida, sin restringirlas a vínculos exclusivamente filiativos (sic) o consanguíneos”. Un adulto y un niño o una niña podrían formar familia, aunque sean consanguíneos, y eso es incesto.

El fundamento del enfoque de género es una falacia, según la cual, la determinación del género sexual es exclusivamente cultural, es decir, definido por la familia y la sociedad según los genitales del niño. La importancia decisiva de la biología, negada por la izquierda en la determinación del género, la vemos en el niño transgénero quien hacia los cuatro años les cuenta a sus padres que su cuerpo o sus genitales no corresponden a su género.

Claudia López, alcaldesa de Bogotá, acaba de recibir el Premio LGBTI Andalucía. Ella fue la más aguerrida defensora del enfoque de género en el Congreso cuando Gina Parody intentó establecerlo en los manuales de convivencia de los colegios y escuelas con la complicidad de las Naciones Unidas. Y se autodenominan “decentes” y “progresistas” estos bárbaros.