Desconcertante
la entrevista concedida por el dirigente del ELN Israel Ramírez Pineda, alias
Pablo Beltrán, al noticiero de CM& la semana pasada. Desconcertante por la
falta de preparación del guerrillero y del periodista comisionado por Yamid
Amat.
Esa media
hora tuve la sensación de estar en 1970, en plena Guerra Fría, como si la caída
del Muro de Berlín, símbolo del fracaso comunista, no hubiera ocurrido. Como si
la nueva izquierda no hubiese cambiado su discurso de lucha de clases por el de
la guerra cultural o de identidades. Como si los nuevos sujetos revolucionarios
(indígenas, feministas radicales, cocaleros, la primera línea de jóvenes
adoctrinados y ecologistas) no hubieran sustituido el proletariado y las
guerrillas en el proyecto de la toma del poder, no por la fuerza, sino mediante
elecciones y con el juego sucio de Isabel Cristina Zuleta, Guanumen y el
Registrador General.
El periodista
no hizo más que darle al negociador del ELN la oportunidad de repetir su
discurso anacrónico y muy parecido al de Petro, motivo por el cual pensé que el
nuevo proceso de paz será “un diálogo entre guerrilleros” que están de acuerdo
en todo para humillar, otra vez, a los colombianos.
Dijo Beltrán que
“la democracia representativa está en la ruina” y que su guerrilla busca crear
una democracia participativa. La democracia participativa es la patraña usada
por la izquierda para imponer su proyecto populista y dictatorial, tal como
está haciendo Petro con sus “diálogos vinculantes” para conformar el Plan
Nacional de Desarrollo. Una reforma constitucional de hecho ante la
indiferencia de la Corte.
El filósofo marxista
Slavoj Zizek llama “cháchara” al discurso de la participación comunitaria: “Toda
esa cháchara acerca de la participación popular activa, de que la gente (o la
multitud) se organice en movimientos sociales, en última instancia solo sirve
para ocultar la carencia de una alternativa distinta al modelo parlamentario y
el Estado estalinista”. Ese comentario es, además, un sarcasmo contra el
Socialismo del siglo XXI de Ernesto Laclau, cuyas fallas en Latinoamérica
empiezan a demostrar que Zizek tiene razón.
Si la democracia
participativa no funcionó en la pequeña comunidad de Atenas del siglo V a. C.,
mucho menos hoy con cincuenta millones de colombianos cuando las fuentes
principales de información son las mentirosas redes sociales y cuando los
jóvenes son adoctrinados, no leen o no entienden lo que leen y prefieren una
dictadura a una democracia.
Otras de las
falacias de Beltrán: “Hay un régimen que todavía mata líderes sociales”. Los
informes de la Fiscalía señalan que la mayoría de esos asesinatos son
producidos por las guerrillas y las bandas criminales en su lucha por el
control territorial y de los negocios ilícitos. Sin embargo, el joven
entrevistador no hizo una sola réplica a los comentarios maliciosos del
entrevistado como si su objetivo fuera un montaje en favor de la estafa de la
paz total. ¿Quién pagó esa entrevista?