martes, 25 de octubre de 2022

El fracaso de la reforma agraria

 

Un año antes de que se aprobara la Reforma Rural Integral contenida en el Acuerdo de paz, el entonces profesor de la Universidad de Harvard y especialista en economía latinoamericana, James A. Robinson, publicó un artículo en El Espectador para llamar la atención del Gobierno sobre el error que se iba a cometer con un acuerdo fundamentado en la distribución de la tierra porque, según él, la propiedad de la tierra es una suma igual a cero.

 

Si guerrilla y gobierno buscaban la paz, la forma de lograrla era otra porque da lo mismo que sea usted o cualquiera otro el dueño de la parcela. Aunque no soy economista, me pareció muy lógico el planteamiento de Robinson, especialmente en la era de la globalización y la tecnología. El hecho de que un campesino tenga una parcela no significa mayor cosa para el país; tampoco, para su familia si no cuenta con enormes recursos, capacidad de endeudamiento y tecnología de punta para ser competitivo en el mercado nacional e internacional.

 

Al respecto, la posición de Gustavo Petro es completamente contraria a la de Robinson y así lo dijo: “Una reforma agraria nunca es un proceso técnico; es un proceso social y político”. Es decir, es un proceso ideológico y por lo tanto debe lograrse por la fuerza “y para ello debe haber un sujeto político que lo pelee: el campesinado de Colombia”, agregó.

 

Petro no habla de clases sociales, sino de “sujetos políticos”; pero un sujeto político no se logra con una simple arenga. Un sujeto político como la Primera Línea se formó después de más de veinte años de adoctrinamiento en colegios y universidades. La izquierda considera al campesinado como uno de los sujetos políticos que, con un pequeño grupo LGBTIQ+, cocaleros, estudiantes adoctrinados, maestros, indígenas y algunos negros, remplaza el proletariado; pero los campesinos no son sujetos revolucionarios.

 

Los campesinos son mayores de edad. En algunos departamentos el promedio de edad es superior a 57, según el DANE. Sus hijos se van a buscar mejores oportunidades. Y cuando esos campesinos entiendan que los quieren montar en el mismo bus con unas feministas que buscan destruir la familia, legalizar la pedofilia y el incesto, no se van a subir.

 

Compramos productos del campo a otros países porque los obtienen a bajo costo gracias en sus grandes extensiones de tierras planas, enormes capitales y tecnología. Nuestra topografía y los inviernos destructores de carreteras y cultivos hacen que la reforma agraria no sea más que una ilusión o una farsa politiquera de las FARC y la izquierda.

 

El socialismo busca seguridad alimentaria y sustitución de importaciones, según la fallida estrategia de la CEPAL. También quiere anular los tratados de libre comercio. Ya se anunciaron demandas de empresas norteamericanas contra Colombia por violación al Tratado de Libre Comercio si se aprueba la reforma tributaria.

 

Ni siquiera hay dinero presupuestado para comprar los tres millones de hectáreas que FEDEGAN ofreció al Gobierno.

martes, 18 de octubre de 2022

DESPENALIZAR LA PROTESTA

 

El ministro de Justicia, Néstor Osuna, presentó un proyecto de ley para despenalizar o no incluir en el Código Penal los crímenes cometidos en las protestas “sociales”. Escribo “sociales” entre comillas porque hay protestas que son sociales, espontáneas y democráticas como la del pasado 26 de septiembre, en la que participé para protestar contra la improvisación y abusos del gobierno Petro.

Sin embargo, hay protestas que no son sociales ni espontáneas, sino planeadas por la izquierda nacional e internacional con claros intereses terroristas, pero que son realizadas de tal forma que ocultan mediante montajes pacifistas sus verdaderas intenciones delictivas. Las protestas de la Primera Línea fueron eso en 2019 y 2021.

Para decirlo de otra forma, la Primera Línea es una nueva forma de guerrilla de la izquierda y por eso la infanta Sofía Petro nos amenazó con ella si no votábamos por su papá en la segunda vuelta de las elecciones. La coartada de la protesta de la Primera Línea puede ser un pequeño aumento de las tarifas del metro como en Chile o una reforma tributaria mucho menos dañina e injusta que la de Petro como era la de Carrasquilla.

Universidades, colegios, maestros y grupos feministas conforman la comparsa pacifista de la protesta con danzas y canciones para que la comunidad sea engañada y se convenza de que las protestas la representan. Luego, los encapuchados salen en pequeños grupos que atacan a la policía para obligarla a reaccionar y presentarla en videos editados como violadora de los derechos humanos.

Esta farsa es usada ahora por el gobierno Petro como justificación para suprimir el ESMAD, transformarlo en un grupo de hermanitas de la caridad y crear una legislación permisiva que facilite el bloqueo de calles y carreteras, la invasión de tierras por la minga y los campesinos o los ataques al comercio, el transporte, RCN, revista Semana y a la Fuerza Pública. Es un plan macabro preparado durante años.

La absurda reforma es una repetición de lo que hizo el Acuerdo de paz con las FARC. Los asesinatos culposos y dolosos cometidos por los encapuchados, más los daños producidos a particulares y al Estado o el terrorismo y el concierto para delinquir se consideran conexos con el derecho constitucional a la protesta y por tanto no podrán ser judicializados. Esos crímenes serían actos políticos y democráticos. Osuna nos cree tontos a todos los colombianos como cuando propuso un acuerdo con cada atracador para que no vaya a la cárcel. Ese refrito fracasado se llamaba en los años setenta Código Penal Alternativo.

El ministro parece que no viviera en Colombia, pues no conoce los informes de la Fiscalía General de la Nación que demuestran la participación en las “protestas” de guerrillas, bandas criminales, mercenarios, vándalos, Gustavo Bolívar, gobiernos extranjeros, la hoy ministra de Cultura y Claudia López, entre muchos otros cómplices de los criminales.

Es difícil determinar si los proyectos de algunos ministros son montaje, amenaza, burla o van en serio.

martes, 11 de octubre de 2022

Así funciona el cerebro

 

Cada colombiano tendrá su propia explicación del triunfo de Gustavo Petro en las elecciones, pero muy pocos considerarán los determinantes científicos de ese fenómeno. Uno de estos determinantes es dado por los sistemas de formación de juicios de nuestro cerebro, según los estudios de Daniel Kahneman.

El sistema uno es intuitivo, inmediato, emocional, no elaborado y predominante. Tomemos como ejemplo la fórmula que repiten Petro y su ministro de Hacienda todos los días: “Hay que subir los impuestos a los ricos para financiar a los pobres”. Además de la trampa que contiene la afirmación en el sentido de que los subsidios a los pobres buscan sus votos para las próximas elecciones, esa frase pone en funcionamiento el sistema uno del cerebro predominante en las personas no letradas y con una enorme carga emocional en su razonamiento.

El sistema dos del cerebro emite juicios complicados, analíticos, estructurados y racionales. En nuestro ejemplo, el sistema dos mide el impacto que los impuestos tendrán en la inversión de capitales, la productividad, el empleo, la inflación y la miseria de los más pobres, entonces se comprenderá que los impuestos a los ricos tienen un límite a partir del cual agravan la situación económica de todo el país.

Ese es el principio básico de la política fiscal, propuesto por Arthur Laffer: “Cuando las tasas impositivas son bajas, su aumento tiende a incrementar los ingresos fiscales por la simple razón de que el Gobierno se queda con una parte mayor de los ingresos de todo el mundo. Sin embargo, cuando la tasa impositiva sube demasiado, elimina los incentivos para trabajar duro, esforzarse e invertir, porque las ganancias generadas por todas esas actividades se las lleva el Gobierno”.

El sistema cerebral predominante en los engañados por el populismo es el uno; en quienes defendemos la democracia y nuestra economía predominan el sistema cerebral dos y el principio básico de la política fiscal de Laffer. Los populistas apelan al sistema uno para manipular diversas emociones de sus seguidores: esperanza, resentimiento, odio, deseo de surgir, victimización, venganza, negación del otro. Por eso la izquierda desprecia las ciencias, la economía y el análisis racional del sistema cerebral dos.

Son muchos los prejuicios intuitivos del sistema uno. Por ejemplo: el precio “justo”, el valor objetivo, el control de precios, la falacia de la cantidad fija, el igualitarismo y mucho más. La falacia de la cantidad fija consiste en creer que la riqueza es un recurso finito que ha de repartirse como un sistema de suma cero; pero la riqueza no funciona así, pues “cuando los ricos se enriquecen más aún, los pobres también pueden hacerse más ricos”, dice Steven Pinker.

La falacia de la cantidad fija es la base de la reforma agraria del gobierno actual y del Acuerdo de paz porque la propiedad de la tierra es también una suma cero, según el experto en Economía Latinoamericana James A. Robinson.

martes, 4 de octubre de 2022

Un gobierno autista

 


Los proyectos de “la paz total” y de la reforma a la política criminal planteada por el ministro de Justicia, Néstor Osuna, son un claro desconocimiento de los avances de la neurología y las ciencias cognitivas en los últimos años. Obedecen a criterios exclusivamente ideológicos ya superados en todo el mundo, razón por la cual es inaceptable que organismos internacionales como las Naciones Unidas los apoyen. Su propósito es netamente demagógico para engañar a la comunidad y obtener los votos suficientes para garantizar la permanencia en el poder de la izquierda.

Se trata del mismo error que cometieron Sigmund Freud, los psicoanalistas y muchos filósofos marxistas al concebir que el comportamiento humano obedece a motivos culturales o sociales sin ninguna relación con la genética o la biología. Ese error llevó al psicoanálisis a explicar los trastornos emocionales, incluida la locura, por las relaciones familiares o edípicas y a proponer como única curación el diván o la psicoterapia. La psiquiatría demostró que el negociante y mentiroso Freud estaba equivocado.

Carlos Marx pensaba que las desigualdades sociales se debían a motivos económicos y sociales que debían ser modificados por una dictadura, el terrorismo, los campos de reeducación y de concentración o el paredón, según las reformas de Lenin, Stalin y Mao. Nunca se imaginaron los mamertos que el ánimo de lucro tiene determinantes biológicos que nunca podrán modificar. Es el mismo error repetido muchas veces por el Congreso cuando se inventa un curso o programa educativo para solucionar un problema social en el que la genética y las hormonas están involucradas. ¡Un nuevo ESMAD que dialoga con terroristas y asesinos entrenados de la Primera Línea! Ridículo.

Muchos comportamientos criminales están condicionados por patologías psiquiátricas que no se van a resolver con un acuerdo de paz con todas las organizaciones criminales. Si más del 1 por ciento de los ciudadanos son psicópatas —es decir, muchos miles de colombianos— ellos seguirán delinquiendo porque ese comportamiento no tiene tratamiento médico.

También son evidentes las patologías emocionales graves entre los guerrilleros, organizaciones criminales y políticas. Una persona capaz de arrebatar una niña de los brazos de su madre para reclutarla como guerrillera y luego violarla no es una persona sana mentalmente, aunque el Acuerdo de paz haya ignorado este aspecto. Una persona que lleva delinquiendo veinte o treinta años nunca dejará de hacerlo porque el Estado le va a regalar una pensión de $ 800.000 y un curso de derechos humanos.

La farsa del ministerio de Justicia se creó en los años setenta del siglo pasado por la izquierda europea. Se llamaba el Código Penal Alternativo. Consistía en cambiar la infame cárcel por sanciones menores o programas de reeducación que obviamente en ninguna parte funcionaron porque se basaban en una visión romántica e ingenua de la condición humana.

Como el autista no entiende las intenciones del otro, así están actuando Petro, Osuna, el exseminarista asesor de paz y otros románticos; pero es solo un montaje.