En las
últimas semanas se desató una pelea entre columnistas de diversos medios que
está como para alquilar balcones y en la que quiero terciar con el propósito de
hacer un poco de pedagogía en la violenta polarización en que vivimos y que
seguirá mucho más agresiva a partir de la posesión de Petro con la infanta
Sofía, experta en chantajes y amenazas.
El motivo de
la polémica fue un documento de la campaña que “corrió los límites de la ética”,
atribuido a Francia Márquez por la Silla Vacía. Este medio consultó algunos
científicos o expertos que hicieron unas críticas al documento: “Argumentación
débil, vaga y ambigua”, “bienvenidos al oscurantismo”, “bienvenidos a 1492”.
El exrector
de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, tituló sus críticas en El Tiempo
“Ciencia hegemónica y Justicia epistémica” para hacer una sátira del documento
en una visión científica y escribió: “Son 16 páginas en las que catorce veces
aparece `vivir sabroso´ y en las que se “califica a la ciencia como una amenaza”.
Luego, se limita a discutir algunos conceptos del texto como “ciencia
hegemónica” aplicado a la ciencia moderna que también es calificada de “logocentrista,
monológica, antropocéntrica, tecnocéntrica y patriarcal”.
Esos
conceptos “raros” con que termina el párrafo anterior son tomados del filósofo
argelino Jacques Derrida, muy usados por los líderes de izquierda para
confundir a sus seguidores y enemigos, pero que con toda seguridad Francia
Márquez ni la mayoría de los colombianos saben a qué se refieren.
La expresión “hegemónica”
se aplica por la izquierda para definir el nuevo marxismo que ya no es lucha de
clases, sino la hegemonía de la izquierda en la dirección de otros grupos
sociales para la toma del poder. Esa hegemonía somete a indígenas, feministas,
comunidad LGBTI, campesinos, ecologistas, estudiantes e intelectuales que son
adoctrinados y vinculados a la izquierda.
Sin embargo,
en el documento de Francia se aplica ese mismo concepto a la ciencia, con lo
que Wasserman no está de acuerdo con toda razón. La ideología marxista nunca le
ha dado importancia a la ciencia y la niega porque la considera un instrumento
del poder burgués y prefiere priorizar las ideologías de sus comunidades
hegemonizadas para engañarlas y atraerlas a su redil. La mejor elaboración
teórica de la hegemonía como estrategia marxista es obra del argentino Ernesto
Laclau y su esposa Chantal Mouffe.
Finalmente,
la columnista izquierdosa de El Espectador, Tatiana Acevedo Guerrero, arremetió
contra la Silla Vacía y el profesor Wasserman. Recurrió, como siempre hacen los
mamertos cada vez que escuchan una crítica, a insultar al profesor: “deshonesto
intelectual”. Y calificó su columna como “una de las peores que he leído”.
El error
fundamental de Tatiana y el marxismo reside en que los problemas científicos,
como el ecológico, lo convierten en un problema ideológico o político del que
solo ellos y su dogmatismo tienen la solución. Suponen que el marxismo es un
saber absoluto y por eso siempre lo han presentado como científico.
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