martes, 19 de julio de 2022

LA GUERRA IDEOLÓGICA

 

En las últimas semanas se desató una pelea entre columnistas de diversos medios que está como para alquilar balcones y en la que quiero terciar con el propósito de hacer un poco de pedagogía en la violenta polarización en que vivimos y que seguirá mucho más agresiva a partir de la posesión de Petro con la infanta Sofía, experta en chantajes y amenazas.

El motivo de la polémica fue un documento de la campaña que “corrió los límites de la ética”, atribuido a Francia Márquez por la Silla Vacía. Este medio consultó algunos científicos o expertos que hicieron unas críticas al documento: “Argumentación débil, vaga y ambigua”, “bienvenidos al oscurantismo”, “bienvenidos a 1492”.

El exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, tituló sus críticas en El Tiempo “Ciencia hegemónica y Justicia epistémica” para hacer una sátira del documento en una visión científica y escribió: “Son 16 páginas en las que catorce veces aparece `vivir sabroso´ y en las que se “califica a la ciencia como una amenaza”. Luego, se limita a discutir algunos conceptos del texto como “ciencia hegemónica” aplicado a la ciencia moderna que también es calificada de “logocentrista, monológica, antropocéntrica, tecnocéntrica y patriarcal”.

Esos conceptos “raros” con que termina el párrafo anterior son tomados del filósofo argelino Jacques Derrida, muy usados por los líderes de izquierda para confundir a sus seguidores y enemigos, pero que con toda seguridad Francia Márquez ni la mayoría de los colombianos saben a qué se refieren.

La expresión “hegemónica” se aplica por la izquierda para definir el nuevo marxismo que ya no es lucha de clases, sino la hegemonía de la izquierda en la dirección de otros grupos sociales para la toma del poder. Esa hegemonía somete a indígenas, feministas, comunidad LGBTI, campesinos, ecologistas, estudiantes e intelectuales que son adoctrinados y vinculados a la izquierda.

Sin embargo, en el documento de Francia se aplica ese mismo concepto a la ciencia, con lo que Wasserman no está de acuerdo con toda razón. La ideología marxista nunca le ha dado importancia a la ciencia y la niega porque la considera un instrumento del poder burgués y prefiere priorizar las ideologías de sus comunidades hegemonizadas para engañarlas y atraerlas a su redil. La mejor elaboración teórica de la hegemonía como estrategia marxista es obra del argentino Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe.

Finalmente, la columnista izquierdosa de El Espectador, Tatiana Acevedo Guerrero, arremetió contra la Silla Vacía y el profesor Wasserman. Recurrió, como siempre hacen los mamertos cada vez que escuchan una crítica, a insultar al profesor: “deshonesto intelectual”. Y calificó su columna como “una de las peores que he leído”.

El error fundamental de Tatiana y el marxismo reside en que los problemas científicos, como el ecológico, lo convierten en un problema ideológico o político del que solo ellos y su dogmatismo tienen la solución. Suponen que el marxismo es un saber absoluto y por eso siempre lo han presentado como científico.

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