martes, 26 de julio de 2022

CIENCIA Y MITOLOGÍA

 


La discusión planteada entre columnistas de tres medios nacionales y a la que me referí la semana pasada tiene otras aristas a las que dedicaré esta nota. En particular, me interesa el concepto de “Justicia Epistémica”, usado en el documento del Pacto Histórico que Moisés Wasserman y Héctor Abad criticaron.

Wasserman hizo un análisis de ese concepto al que tachó de oxímoron o contradicción en los términos. En palabras sencillas, la izquierda petrista considera que toda forma de conocimiento, “episteme” o saber tiene el mismo valor o es igualmente verdadero.

Valen lo mismo, o menos, las conclusiones de la ciencia físicas sobre el medio ambiente que las creencias mitológicas de indígenas, campesinos y de los que viven sabroso. Y como son comunidades sometidas al poder hegemónico de la izquierda, esta defiende la “justicia epistémica” o igualdad de saberes que le da votos de negros, indígenas, campesinos mal informados y coaccionados por organizaciones criminales.

Catalina Ruiz-Navarro cita en su columna de El Espectador contra Wasserman al filósofo Ambrosio Velasco: Justicia epistémica “no significa equivalencia entre diferentes tipos de conocimiento, sino simplemente reconocimiento y no exclusión de saberes y tradiciones socialmente relevantes”.

Para la democracia, no es exclusión de saberes el carácter no confesional de la Constitución Nacional. Las mitologías de la Edad de Piedra de las comunidades indígenas no se desconocen ni se les excluye, pero no pueden estar por encima de la Constitución Nacional o de la ciencia; tampoco el cristianismo, aunque la mayoría de los colombianos son cristianos.

El enredo reside en la mezcla o combinación de todos los saberes que utiliza la izquierda para hacer demagogia. Para ellos es lo mismo ciencias naturales y humanas, filosofía y las creencias mitológicas de los pueblos ancestrales; pero, desprecian las mitologías cristiana, democrática y capitalista. Solo valen y deben ser reconocidos los mitos de sus seguidores adoctrinados y apadrinados. El padrinazgo es la principal fuente de corrupción de la izquierda. La izquierda llama “hegemonía” a su padrinazgo.

“Justicia epistémica” tiene otra interpretación en la visión de Michel Foucault y otros pensadores. La “episteme” es el paradigma, la forma de pensar, la estructura, el relato o la mentalidad de una época. Por ejemplo, la episteme de la Edad Media europea era el cristianismo con Dios como su mito central que le daba orden y sentido. La episteme de la edad moderna democrática se centra en el mito del sujeto. En las epistemes o ideologías, incluida la marxista, reside el poder, no en la ciencia.

En un Estado marxista, como Cuba, Venezuela, Corea del Norte o Nicaragua, el poder y la verdad residen en la ideología de izquierda, no en los mitos indígenas. Asimismo, en una comunidad cristiana el poder clerical reside en la doctrina o en el evangelio. En una tribu indígena el poder y la “verdad” son determinados por su mitología. Los izquierdistas nos quieren regresar a la Edad de Piedra y en el Congreso se comportan como cazadores y recolectores.

martes, 19 de julio de 2022

LA GUERRA IDEOLÓGICA

 

En las últimas semanas se desató una pelea entre columnistas de diversos medios que está como para alquilar balcones y en la que quiero terciar con el propósito de hacer un poco de pedagogía en la violenta polarización en que vivimos y que seguirá mucho más agresiva a partir de la posesión de Petro con la infanta Sofía, experta en chantajes y amenazas.

El motivo de la polémica fue un documento de la campaña que “corrió los límites de la ética”, atribuido a Francia Márquez por la Silla Vacía. Este medio consultó algunos científicos o expertos que hicieron unas críticas al documento: “Argumentación débil, vaga y ambigua”, “bienvenidos al oscurantismo”, “bienvenidos a 1492”.

El exrector de la Universidad Nacional, Moisés Wasserman, tituló sus críticas en El Tiempo “Ciencia hegemónica y Justicia epistémica” para hacer una sátira del documento en una visión científica y escribió: “Son 16 páginas en las que catorce veces aparece `vivir sabroso´ y en las que se “califica a la ciencia como una amenaza”. Luego, se limita a discutir algunos conceptos del texto como “ciencia hegemónica” aplicado a la ciencia moderna que también es calificada de “logocentrista, monológica, antropocéntrica, tecnocéntrica y patriarcal”.

Esos conceptos “raros” con que termina el párrafo anterior son tomados del filósofo argelino Jacques Derrida, muy usados por los líderes de izquierda para confundir a sus seguidores y enemigos, pero que con toda seguridad Francia Márquez ni la mayoría de los colombianos saben a qué se refieren.

La expresión “hegemónica” se aplica por la izquierda para definir el nuevo marxismo que ya no es lucha de clases, sino la hegemonía de la izquierda en la dirección de otros grupos sociales para la toma del poder. Esa hegemonía somete a indígenas, feministas, comunidad LGBTI, campesinos, ecologistas, estudiantes e intelectuales que son adoctrinados y vinculados a la izquierda.

Sin embargo, en el documento de Francia se aplica ese mismo concepto a la ciencia, con lo que Wasserman no está de acuerdo con toda razón. La ideología marxista nunca le ha dado importancia a la ciencia y la niega porque la considera un instrumento del poder burgués y prefiere priorizar las ideologías de sus comunidades hegemonizadas para engañarlas y atraerlas a su redil. La mejor elaboración teórica de la hegemonía como estrategia marxista es obra del argentino Ernesto Laclau y su esposa Chantal Mouffe.

Finalmente, la columnista izquierdosa de El Espectador, Tatiana Acevedo Guerrero, arremetió contra la Silla Vacía y el profesor Wasserman. Recurrió, como siempre hacen los mamertos cada vez que escuchan una crítica, a insultar al profesor: “deshonesto intelectual”. Y calificó su columna como “una de las peores que he leído”.

El error fundamental de Tatiana y el marxismo reside en que los problemas científicos, como el ecológico, lo convierten en un problema ideológico o político del que solo ellos y su dogmatismo tienen la solución. Suponen que el marxismo es un saber absoluto y por eso siempre lo han presentado como científico.

martes, 12 de julio de 2022

La Ley 100 de 1993

 

Aquel año, el 30 por ciento de la población no tenía oportunidad de acceder a un servicio médico en toda su vida; los hospitales del Estado parecían de guerra porque prácticamente solo atendían casos de urgencia y muchas de los procedimientos no urgentes debían esperar muchos meses; el Seguro Social solo atendía a la esposa del trabajador cotizante durante el embarazo, en tanto que el recién nacido tenía derecho al servicio durante el primer año de vida.

La Ley 100 amplió la cobertura familiar sin restricciones, permitió que la servicio llegara a más del 90 por ciento de la población y creó el régimen subsidiado. Varios países enviaron comisiones para conocer el modelo y lo copiaron con algunas modificaciones. El algoritmo del sistema había sido elaborado por una universidad norteamericana, según nos contó el entonces ministro de Salud, Juan Luis Londoño de la Cuesta, en una reunión de un día con los dirigentes de ASMEDAS, el sindicato médico del Seguro Social, de cuya Junta Directiva Nacional este columnista era miembro.

En encuentros informales en el edificio del Congreso con el senador Uribe Vélez, ponente del proyecto, su disponibilidad para escuchar nuestras sugerencias para mejorar la norma fue permanente. Los médicos asmedistas del MOIR, Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, elaboraron en los años siguientes un documento que proponía la anulación del sector privado en la prestación de los servicios de salud, conforme al viejo dogma marxista y que hoy, la nueva ministra, famosa por difundir noticias falsas en redes, quiere revivir sin medir las consecuencias negativas de suprimir TODAS las EPS.

El entonces presidente de la República, el Dr. César Gaviria Trujillo, firmó el Decreto 2148 que liquidaba la IPS, Institución Prestadora de servicios de Salud, del Seguro Social, que solo conservaría el carácter de EPS, Empresa Promotora de Salud; pero el Congreso se atravesó en la buena decisión del presidente y allí empezó la tragedia. Una EPS no podía ser propietaria de sus IPS.

En los primeros meses de 1994, escribí una columna que el Dr. Gaviria leyó, razón por la cual el Superintendente de Salud, Oscar Emilio Guerra, me llamó el mismo día para decirme que no me preocupara porque el Gobierno estaba al tanto de mi denuncia. Mi comentario se refería a que no podían crearse más de cuatro o seis EPS porque los cálculos de los expertos mostraban que se necesitaban un millón 200 mil afiliados para alcanzar el punto de equilibrio, es decir, para que el negocio no diera pérdidas. Se crearon más de 35 EPS. La tragedia era inevitable.

Pero faltaba lo peor. El sucesor de César Gaviria fue Ernesto Samper Pizano, un izquierdista elegido con dineros del cartel de Cali y quien había pedido al Congreso que no aprobara el proyecto de ley; nombró en la presidencia del ISS a Carlos Wolf Isaza para que la tormenta fuera perfecta. Su interés era desmontar la Ley y lo lograron en parte y en completa impunidad.

martes, 5 de julio de 2022

COMISIÓN DE LA VERDAD

 

De la lectura del resumen de las recomendaciones de la Comisión me permito hacer estas conclusiones: 1. Es una repetición del Acuerdo de paz en muchos de sus puntos y del programa de la izquierda; es la cartilla con que adoctrinará FECODE. Se incluyen: legalización de los narcóticos o sustancias psicoactivas, supresión o reforma del ESMAD, garantizar las protestas populares, buscar consensos; comprometer a los colombianos, no a los victimarios en la reparación integral de las víctimas; continuar la función de jueces que la Comisión asumió sin estar autorizada; reiniciar los diálogos con el ELN.

2. Las recomendaciones reflejan un grado de incultura inaceptable de los comisionados para la responsabilidad asumida y la enorme cantidad de dinero que gastaron. Como si no vivieran en Colombia, ignoran que los bloqueos que soportamos desde 2019 no son “estallidos sociales” espontáneos, sino estrategias de carácter terrorista, organizadas por guerrillas, narcotraficantes, estudiantes universitarios entrenados; mercenarios pagados por la Colombia Humana, guerrillas, narcos y organismos internacionales; otros estudiantes eran los payasos de las marchas pacíficas. La hija de Petro ya sabe usar la primera línea como amenaza y chantaje.

3. Utilizan los mismos términos del Acuerdo de paz, muy usados por la izquierda, pero no se precisan su significado o contexto. Términos como “estructural”, “Transversal”, “diferencial” son muy peligrosos, ambiguos y desconocidos especialmente por los más interesados como pueden ser los indígenas, campesinos o pobres sin preparación académica o filosófica. Hacer un cambio estructural puede significar remplazar la democracia por otra forma de gobierno.

4. Hablan de educar a la comunidad sobre la paz; pero no se preguntan por el papel de FECODE o por el adoctrinamiento religioso y marxista de los colegios y universidades. Tampoco hacen referencia alguna a las transformaciones que la tecnología está imponiendo a la educación o el efecto dañino que está produciendo en nuestra cultura la gran cloaca de las redes sociales que acaban de elegir a Petro.

5. Propone la Comisión “avanzar en un examen crítico del pasado”. En mi visión, eso implicaría acabar con el cristianismo, prohibir los partidos de izquierda y suprimir la nueva forma de elegir un presidente destruyendo en las redes a otros candidatos, corriendo los límites de la ética y haciendo fraude en las elecciones.

6. Proponen un ministerio de la paz, que recuerda al Gran Hermano de la novela 1984. Olvidaron incluir los ministerios de la Verdad, la Felicidad y el Amor. Y los delitos de odio. Así tendríamos el totalitarismo completo.

7. Simplifican, como el texto del Acuerdo de paz, el problema del campo. No se plantean los problemas geográficos y económicos implicados en una reforma agraria o en dotar de todos los servicios y ayudas a los campesinos para que nuestro retraso compita con la producción de países ricos, tecnificados y con grandes inversiones. ¿Qué ingenuo querrá invertir en Colombia con la inseguridad jurídica del gobierno Petro? Aunque trate de disimularla con el ministro de Hacienda, como hizo Boric en Chile.