martes, 29 de junio de 2021

El decapitado por la primera línea

 

Santiago Ochoa, de 23 años y trabajador de una ferretería, fue decapitado por una de las bandas criminales que hacen parte de la primera línea de los delincuentes y milicianos universitarios que atacan nuestra economía, buscan el control territorial del suroeste colombiano, han intentado asesinar al presidente Duque y quieren tomar el gobierno para la izquierda.

Según informaciones de prensa, “La Inmaculada” es la banda que ha desmembrado, decapitado o asesinado a unas 59 personas en el Valle del Cauca en lo que va del paro o guerra asimétrica este año. La participación de estas bandas criminales en el paro explica también el incendio de oficinas de registro y del Palacio de Justicia de Tuluá con el propósito de destruir los documentos que puedan afectarlas.

Los militantes de la izquierda inundaron las redes y los medios con información falsa, como es usual, para señalar a la Fuerza Pública como responsable del asesinato de Ochoa.   La congresista de la Alianza Verde, Katherine Miranda, se apresuró a responsabilizar al gobierno del crimen en las redes sociales.

Desde cuando se inauguró en Italia la revolución molecular en 1977 se estableció la participación de todo tipo de delincuentes y terroristas en las distintas líneas de los ataques o manifestaciones, como las Brigadas Rojas, creadas en 1970; también participaron los Núcleos Armados Proletarios que reunían a militantes de extrema izquierda y a antiguos prisioneros de delitos de derecho común. Estos datos los he tomado de la biografía cruzada de Gilles Deleuze y Félix Guattari, escrita por F. Dosse, en un capítulo titulado “La revolución molecular: Italia, Alemania, Francia”.

Creo que ahora no queda duda alguna sobre el carácter bélico de lo que simula ser una protesta pacífica del pueblo en búsqueda de reformas políticas, sociales y económicas. Se revela también que el Consejo Nacional del Paro no era más que una pantomima de las centrales obreras para burlarse de los ingenuos, la mayoría de los colombianos, convencidos de que ese “paro” los representa. Es evidente, además, que el presidente Duque está en mora de declarar la Conmoción Interior, como hizo Italia en 1977, mecanismo necesario para enfrentar una guerra.

En el análisis del paro me impresiona la patología mental o emocional de quienes lo apoyan. ¿Cómo puede un estudiante romántico, lleno de ideales en favor de los derechos humanos y de los más pobres, participar en un ejército de delincuentes, asesinos, guerrilleros, mercenarios, narcotraficantes y psicópatas?

Este último párrafo es mi interpretación de las palabras del filósofo Jacques Derrida a propósito de la publicación del Anti-Edipo, marco teórico de la revolución molecular escrito por Deleuze y Guattari. Dijo Derrida que es un “libro malo (confuso, lleno de negaciones crispadas, etc.), pero un acontecimiento sintomático importante, a juzgar por la demanda a la que evidentemente responde y la recepción que se le hizo en un muy amplio y muy sospechoso sector de la opinión.”

lunes, 21 de junio de 2021

Los falsos positivos

 

Hubo más falsos positivos en los gobiernos anteriores al de Uribe que en el suyo. Quien debe comparecer ante la Comisión de la Verdad como testigo es su presidente, el jesuita Francisco de Roux. En los años ochenta la ONG de su comunidad, el CINEP, denunció los falsos positivos de los militares con conocimiento de los oficiales; pero ningún gobierno se enteró o todos prefirieron desentenderse del asunto. Por otras fuentes confirmé que fue un crimen habitual durante muchos años.

Solo el presidente Uribe decidió denunciarlos y sancionó a los oficiales involucrados. Según la JEP, el 78 % de los falsos positivos ocurrieron durante el gobierno de Uribe, pero no dan los datos de los cuarenta años o más anteriores, imposibles de rastrear hoy. El expresidente tal vez no se imaginó que esa infamia fuese cierta y soltó declaraciones ofensivas para los familiares de las víctimas. Un camandulero como él no mata una mosca y mucho menos ciudadanos inocentes.

La JEP, la izquierda y medios como la W Radio, Caracol, El Espectador y Blu Radio, interesados en cuestionar y desacreditar a Uribe por motivos políticos y económicos, no especifican los falsos positivos ocurridos en cada gobierno y con malicia repiten el dato de la JEP, 6.402, casi ochocientos por año, dos o tres por día.

Es posible que, como pasó con la masacre de los militantes de la Unión Patriótica, brazo político de las FARC-EP, se haya exagerado el dato y se hubiese incluido como víctimas de los falsos positivos a los familiares y al perro. Inicialmente se habló de 1.500 militantes de la UP asesinados; en el último informe mentiroso de Semana, cuando era dirigida por el sobrino del expresidente Santos, se habló de más de 6.000 “víctimas”. ¿Si eran tantos los miembros de la UP? ¿Cuántos sobrevivieron?

Como tenemos una mentalidad binaria heredada de las estructuras o relatos que nos controlan –cristianismo, democracia, marxismo y redes sociales-, hemos perdido la capacidad de análisis. No indagamos por el silencio de los militares después de que el Acuerdo de paz lo convirtieran en un intercambio de impunidades, aunque expresamente el documento lo niega. Si hubo 6.402 falsos positivos y por lo menos hubo diez autores materiales por caso, tendríamos más de 64.000 militares involucrados, sin contar los respectivos y numerosos superiores que sirvieron de cómplices y no denunciaron. La JEP es juez y parte y por eso engaña.

Un análisis serio mostraría también el giro dado por la izquierda en los últimos años. Después de las denuncias sobre el fracaso del marxismo en los años ochenta, sus ideólogos, como el argentino Ernesto Laclau, entendieron que la mejor arma para sus propósitos era el control del lenguaje. En Colombia lo han logrado con la ayuda de los medios y las redes. “Uribe” significa paraco asesino; “decentes” son guerrilleros y violadores de niños; “políticos corruptos” quiere decir políticos no mamertos; “presidente Duque” es sinónimo de dictador.

martes, 15 de junio de 2021

Las caras de la revolución molecular

 

La forma más sencilla de entender las protestas es la histórica. Eso intenté mostrar en una columna de diciembre de 2019 sobre revolución molecular, RM. Hablé de sus orígenes en los años setenta del siglo pasado y su debut en 1977 en Italia con epicentro en la ciudad de Bolonia. El paro fue controlado con la declaratoria de estado de sitio y la prohibición de manifestaciones públicas.

También se pueden describir esas protestas como un montaje teatral que se expresa en otra semiología para confundir al Gobierno, comunidad, medios, organismos defensores de los derechos humanos y a muchos de los participantes en el paro. Esa perspectiva la titulé “no son infiltrados”, para mostrar que ellos (vándalos, terroristas, milicias estudiantiles, mercenarios, guerrilleros y bandas criminales) son la esencia o razón de ser del movimiento, mientras que los manifestantes pacíficos son los actores extras con los efectos especiales de la película para engañar al auditorio nacional e internacional.

El aspecto más importante de la RM es el geopolítico. Sus principales artífices son el marxismo internacional, algunos gobiernos y organizaciones financiadoras: Rusia, China comunista, Venezuela, Cuba, Argentina peronista, las FARC-EP y las mafias del narcotráfico. Más que identidad ideológica, entre ellos priman los intereses económicos como los de Rusia en Venezuela o los de las mafias enemigas de la aspersión aérea con glifosato. Es una “guerra híbrida”, como la definió el senador Rodrigo Lara, igual a la que se llevó a cabo en Ucrania en 2014, con difusión mundial de noticias falsas y la toma de parte del territorio de ese país por los rebeldes apoyados por Rusia. En Colombia empezaron por el suroeste.

La faceta filosófica del paro me parece genial porque, a pesar de ser poco conocida y cuestionable, sirvió de base al marxismo y a la delincuencia internacionales para dar un golpe certero en los países donde se ha intentado, con tal habilidad que logra engañar todo el mundo como es evidente en los análisis de los expertos y de los medios colombianos. En la aplicación de la estrategia ya no importa mucho la muy discutible teoría de los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari. Importa el resultado o “acontecimiento” (como lo llaman) que consiste en hacer una guerra contra la economía, con el ánimo de tomar territorio y sin ningún respeto por la vida humana (en pandemia) y el futuro de la Nación.

 La RM es cultural, secuela del romántico Mayo del 68 y de la Revolución cultural (1966) que Mao Zedong inició también con niños. El peor error de la derecha fue entregar al marxismo el manejo de la cultura. El paro es una toma guerrillera que se empezó a preparar hace unos veinte años con el adoctrinamiento de los nuevos guerrilleros estudiantiles, cuando llegó el mundo virtual de las noticias falsas. El Acuerdo de paz fue el primer paso. El ELN entendió que la revolución es urbana y por eso quiere negociar.

martes, 8 de junio de 2021

El filósofo Sergio Jaramillo


Porque me ha correspondido enfrentar el debate filosófico con quienes se presentan ante la comunidad como expertos en esa disciplina, quiero hacer una denuncia pública contra el comisionado de Paz del gobierno de Juan Manuel Santos por los errores imperdonables que cometió en los diálogos de La Habana y que sigue repitiendo en sus intervenciones públicas.

Es inaceptable que Jaramillo no haya tenido información alguna sobre la ideología o enfoque de género, o haya permanecido callado cuando esa perversa ideología marxista se introdujo en el Acuerdo y en nuestra Constitución Nacional, y que tampoco haya corregido al expresidente cuando aseguró y repitió que esa ideología no existe. Si no sabía nada del asunto, debió informarse o al menos haber consultado los textos más importantes de esa teoría, El género en disputa, 1990, de la marxista Judith Butler, y El segundo sexo, 1949, de la también marxista Simone de Beauvoir. El Acuerdo legaliza la pedofilia y el incesto, y amenaza nuestra organización familiar. ¿Cómo un filósofo no sabe eso? ¿Por qué asumió una responsabilidad para la que no estaba preparado?

También le debe una explicación a la Nación hoy por la forma como el Gobierno Santos sirvió de cómplice al marxismo internacional en la preparación de la protesta y el terrorismo actuales al dar en el Acuerdo con las FARC todas las garantías a las manifestaciones. Debe explicarles a los colombianos si hubo otro acuerdo bajo la mesa que se expresó en un proyecto de ley de 2017 (que por fortuna no se aprobó) para conceder impunidad a los delincuentes y terroristas que intervinieran en los bloqueos futuros y que deberían comparecer ante la JEP y no ante la Fiscalía. Era otro acuerdo después del Acuerdo y que en el Código Penal se puede tipificar como traición a la Patria, concierto para delinquir y rebelión. Todo por un Nobel y una buena paga.

No puede ser que un filósofo nunca haya leído sobre Gilles Deleuze y Félix Guattari, los dos grandes pensadores franceses del siglo pasado que cuestionaron el marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo y que, sobre esa base, Guattari haya elaborado la revolución molecular que ya triunfó en Venezuela, Brasil, Bolivia y Chile, y cuya estrategia haya sido utilizada en las protestas de Ecuador, Perú, Ucrania, Estados Unidos y Colombia.  ¿No le llama la atención a Jaramillo el hecho de que no haya protestas similares en Venezuela, Argentina, Nicaragua y Bolivia, cuyos gobiernos son de izquierda?

Más irresponsable fue la aprobación diez curules para guerrilleros y quince más elegidas en zonas controladas por las FARC bajo el eufemismo de “curules para las víctimas”. Esos votos, sumados a los de la izquierda, mantienen bloqueado el Congreso de tal forma que cualquier iniciativa buena para el país es negada sin mucha discusión.

Colombia está despertando y comprendiendo que el Acuerdo de La Habana fue el primer paso para esta guerra absurda de amenazas imprevisibles.