Un documento excepcional para comprender un poco ese bodrio
de la política nacional es la entrevista que la revista Semana realizó en su
última entrega a la senadora por la Alianza Verde (AV), Angélica Lozano. Es una
declaración de principios perfectamente compatibles con la decencia y la
democracia que está en evidente oposición a lo que ha sido hasta ahora la
actitud de toda la izquierda, de su Partido y, en especial, del comportamiento agresivo
y sectario de su señora, la alcaldesa.
Comienza diciendo que van a vacunarse contra los extremos,
como si su partido y otros de izquierda invitados a un pacto contra Uribe militaran
en el centro. Luego, cuando se le pregunta por el calificativo que le dio a Gustavo
Petro de ser “una mala persona”, dice que lo apoyaron por “convicción de país”
(sic) en la segunda vuelta, pero le reprocha por opinar que los gobiernos de
los Verdes son “lo peor”. ¿Cómo puede haber tantas contradicciones en una declaración
tan breve?
“Le puedo decir que la AV nunca ha ejercido una oposición
destructiva y obstructora”, asegura Angélica, cuando la izquierda toda no ha
hecho otra cosa contra los proyectos y programas del Gobierno: con sesgos
ideológicos rechazan el uso del Glifosato para la erradicación de cultivos
ilícitos; rechazan sin argumentos científicos el fracking; en el
Congreso piden la cabeza de un ministro cada mes. Respaldan a ultranza la barbarie del Acuerdo
de paz sin aceptar la modificación de la JEP inútil o del perverso enfoque de
género que la mitad de los colombianos rechazamos en el plebiscito.
Buscan legalizar aborto y la pedofilia, conforme a los
parámetros fijados por el marxismo internacional y como vienen haciendo Unidas
Podemos en España o el peronismo en Argentina; su objetivo último es destruir
la organización familiar e imponer la ideología de la comunidad LGBTI+, como se
insinuó en el discurso de posesión de la alcaldesa y se ratificó en la defensa
de las cartillas de la Parody y la ONU en el Congreso. ¿Eso es el “centro”?
Luego afirma contra toda evidencia: “La mayoría de las
ciudadanías quiere vacunarse contra los extremismos”. ¡Qué tal! Después de
polarizar al país aprovechando su capacidad para sembrar terror y mentir, de culpar
al Gobierno y al Centro Democrático de todos los males del país, pero, sobre
todo, de contar con el control de universidades y colegios públicos en su
campaña de adoctrinamiento político de tal forma que más del 80 por ciento de
nuestros jóvenes prefieren una dictadura a una democracia, ¿a qué juegan los
Verdes? ¿Por qué cambian su discurso y se disfrazan de demócratas?
Finalmente, dice que su partido busca el diálogo con TODOS
los actores. Cuestiona el narcisismo de sus 40 precandidatos. Ángela María
Robledo y Sergio Fajardo son buenos candidatos, pero los descarta. La
estrategia ya no es la lucha contra la corrupción; es aparecer como moderados
de centro para engañar otra vez.
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