martes, 29 de septiembre de 2020

LA PLANTILLA DE ARCADIA


Ha existido desde hace muchos años una tendencia izquierdista en muchos profesores de ciencias humanas y en los artistas, especialmente en los escritores de novelas latinoamericanos, que se refleja en todo lo que escriben o hacen como si su cerebro funcionara como una plantilla a la que acomodan todo evento, cuento o teoría.  Es como unos lentes de realidad virtual que les impide ver lo que pasa a su alrededor; es un juego de metáforas que siempre dice lo mismo como el sermón dominical del pastor; es una aplicación o un algoritmo que se fija en su cerebro para interpretar cualquier evento.
Reapareció revista Arcadia en la pandemia con nuevos columnistas que mantienen la misma línea de pensamiento. Esta vez invitaron al muy conocido novelista mexicano Jorge Volpi para que hiciera lo mismo que hacían quienes ahora no están. El ensayo se titula Tiempo de virus. Comienza con “un fantasma recorre el mundo” para que los lectores se enteren de la carga ideológica que viene. “Un virus desconocido que se extiende por el mundo como el fantasma de Marx decidido a destruir las sociedades que hemos amalgamado en los últimos decenios”, dice luego para hacer más patético el escrito.
“El covid-19 luce como la enfermedad prototípica de la globalización neoliberal”. ¡Qué tal! En este punto, el lector no sabe si llorar o reír. Para tomar altura filosófica cita a Foucault, el pensador francés que se oponía todo como adolescente frustrado: asistimos a “una nueva distopia: la vigilancia de los cuerpos a través de la tecnología”. No evita la referencia a los millones de seres humanos que muere de hambre cada año, pero se abstiene de hablar de Corea del Norte, Cuba y Venezuela o de los más de 120 millones de muertos que dejó su marxismo, la mayoría de ellos por inanición. 
Y no podía faltar la lucha de clases como en los programas adoctrinadores de la alcaldesa de Bogotá. Comenta que la cuarentena es de izquierda, mientras el regreso a la normalidad es de derecha. Esta última opción es “una medida típicamente neoliberal, pues privilegia la economía y el lucro sobre salvar vidas”. Cualquier falacia sirve cuando de hacer política se trata; son opiniones que ofenden el sentido común de sus lectores.
He relacionado algunos de los apuntes más importantes del artículo de Volpi en la muy mamerta revista, que no hacen más que transcribir los discursos de Gustavo Bolívar, Iván Cepeda, Aída Avella o de cualquiera de los senadores terroristas y violadores de niños que hoy estorban en nuestro Congreso. ¿Qué sentido tiene publicar una revista en la que cada entrega es una repetición de la anterior? Es una revista del relato único. Mantiene el mismo discurso marxista obsoleto presentado de una manera maliciosa sin explorar su evolución o el carácter cultural que hoy tiene en todo el mundo. El hecho que sea una revista de Semana explica muchas cosas.

martes, 22 de septiembre de 2020

PASARON MUCHAS COSAS

 

En aquella época, los encapuchados de las marchas universitarias no recibían ninguna remuneración por atacar a los policías como ahora; lo hacían por puro romanticismo, por la inspiración revolucionaria que recibían de la ideología comunista o por cierta pasión contracultural que se apodera de los adolescentes en todos los tiempos y lugares cuando tratan de asumir la identidad que les da un relato terrorista.

En las tardes del año 1969, solía asistir a las protestas de los estudiantes de la Universidad Nacional de Bogotá en compañía de una amiga pereirana que vivía en las residencias estudiantiles. Aunque yo tenía la misma edad de los revoltosos, su actividad me parecía un montaje teatral sin mucho sentido, salido de todo contexto político y social como lo sigo considerando hoy.

Ya hacía diez años que Fidel Castro había tomado el poder en Cuba, y hacía cinco que se habían fundado las Farc en Colombia, cuando un grupo de universitarios preparados en la Unión Soviética convencieron a alias Tirofijo de transformar sus autodefensas liberales campesinas en un grupo marxista. Luego aparecieron el ELN y el EPL.

En 1966, Mao Zedong había iniciado la Revolución Cultural que se extendería por más de un lustro en toda la China y tenía en los niños y adolescentes sus principales gestores con el propósito de destruir el más mínimo vestigio de la cultura burguesa y occidental. Hasta hablar un idioma extranjero, usar lentes o leer libros no aprobados por el Partido Comunista eran considerados delitos, en un movimiento parecido al de lo políticamente correcto que lleva hoy a los muchachos gringos y a nuestros indígenas ingenuos a derribar estatuas “incorrectas”.

El mejor contraste de las revueltas de la “Nacho” lo dieron los jóvenes parisinos de mayo del 68. Aunque nuestros revolucionarios del barrio El Chicó de Bogotá (como el impulsor del Acuerdo de paz con las Farc, Enrique Santos Calderón) sigan manteniendo el mito romántico de ese movimiento y lo llamen “glorioso”, de revolucionario no tuvo nada y tampoco de marxista. “La revuelta no estaba dirigida contra los males que provoca esta sociedad sino contra sus beneficios”, escribió Herbert Marcuse.

Mientras hace medio siglo los estudiantes de la Nacional intentaban incinerar a los policías colombianos en la calle 26 de Bogotá con sus bombas artesanales, dos jóvenes se prendían fuego en Europa para protestar contra los abusos del régimen soviético en Checoslovaquia. Ilia Rips y Jan Palach protestaban contra la invasión de los tanques soviéticos para reprimir la Primera de Praga, ese intento por construir un socialismo con rostro humano y democrático.

Este movimiento se había iniciado hacia 1948. En 1952, su principal líder, Rudolf Slánský, fue ahorcado con diez funcionarios comunistas de gobierno checo, casi todos judíos, después de un juicio montado con testigos falsos, exactamente como lo siguen haciendo hoy nuestros marxistas. Fue uno de los últimos crímenes de Stalin un año antes de su muerte. Pasaron muchas cosas.

martes, 15 de septiembre de 2020

EL LIBRETO DE FECODE

 

La víctima no era un buen ciudadano; era un antisocial que como miles de otros colombianos no dejan dormir a sus vecinos porque la Corte Constitucional dejó sin vigencia la norma del Código de Policía que habilitaba la intervención de los agentes. Aunque los medios más importantes del país se adelantaron a fijar responsabilidades para estimular la violencia cuando no se han concluido la necropsia y la investigación, un imprudente abogado lanzó la hipótesis de una fibrilación ventricular condicionada por el exceso de licor del taxista que cambiaría completamente la culpabilidad de los policías.

Los revoltosos, que no representan a la mayoría de los colombianos, generaron más muertes para radicalizar su locura. No son personas desadaptadas. ¿Desadaptadas con relación a qué? Es obvio que se trata de jóvenes que ya no se identifican con las doctrinas religiosas y mucho menos con las democráticas de los derechos humanos o con ese humanismo ramplón de algunos medios. En su gran mayoría son muchachos condicionados como el perro de Pávlov a reaccionar a ciertos estímulos muy precisos como si estuvieran sometidos a un plan preconcebido y bien orquestado. De hecho, no tiran una sola piedra cuando las víctimas son cadetes de la policía, los líderes sociales, los exguerrilleros de las FARC o un ciudadano asesinado por un atracador.

El hecho de que ataquen al mismo tiempo, con las mismas armas y capuchas, con objetivos y estrategias similares, nos permite suponer que su actuación no es espontánea, sino la representación de un papel que les fijaron y pagaron otros, los directores de escena. Las personas no existen; el comportamiento que a ellas se atribuye no es más que un libreto inscrito en su cerebro, como nos pasa a todos en el proyecto de vida que creemos nuestro, pero que en realidad nos impusieron.

El montaje de los anarquistas es la representación del drama que aprendieron en el colegio, la universidad y las redes sociales; es el sueño de Gustavo Petro y Claudia López; es el capítulo segundo de una tragedia iniciada en el mes de noviembre, cuando no existió un abuso policial como coartada hasta la muerte de Dylan, pero que se fundamentó en cien motivos imaginarios; es el proyecto del marxismo internacional, del Foro de Sao Paulo o de Puebla; es la misma revolución molecular. Un buen título para la obra podría ser “El espectáculo de FECODE”.

La ingenuidad del partido de gobierno y del mismo presidente Duque, más la excelente labor de los organismos de derechos humanos, infiltrados por el marxismo para anular a la policía y al Ejército en el control del orden público, han creado las condiciones favorables para la acción del comunismo internacional. La actitud pasiva y complaciente con el terrorismo de los alcaldes de izquierda en las principales ciudades del país han construido el escenario perfecto para la tragedia. Los colombianos somos el público pasivo en la platea. Preparémonos para lo peor.  

miércoles, 9 de septiembre de 2020

LOS SONDEOS DE OPINIÓN


En una encuesta publicada hace pocos días se preguntó la opinión de los colombianos sobre el manejo que el Gobierno le ha dado a la pandemia. Al margen de la respuesta, preguntas como esa se parecen a los numerales que todos los días algunas cadenas radiales ponen a consideración de sus oyentes, porque revelan las torcidas intenciones de quienes los hacen. Aunque traten de disimularlos, sus objetivos son claramente sectarios y políticos para estimular la polarización de los colombianos y, por lo general, para desacreditar al Gobierno nacional.
En cuanto a la encuesta o sondeo, la pregunta misma sobre el manejo de la pandemia genera muchas inquietudes debido a las numerosas variables que implica y al nivel de formación académica que se requiere para responder. ¿Se preguntó al encuestado si tenía algún título universitario en epidemiología o economía? Si no fue así, que es lo más probable, ese tipo de sondeos están llenos de mala fe y deberían ser reglamentados por el Estado porque de seguir así, el próximo encuentro en nuestra guerra ideológica será con armas.
¿Se indagó al encuestado sobre el tipo de información que recibe? ¿Ha leído algún libro sobre el tema, qué noticiero ve habitualmente o solo se informa por las redes o por lo que comentan sus amigos y familiares? ¿Cuántos grados cursó en el colegio, fue a la universidad o tiene un título académico? Si no se tienen en cuenta estas variables culturales como el nivel económico o la militancia política de los encuestados, el estudio no tiene ningún valor y, más bien, busca objetivos políticos turbios y crear caos. 
No es lo mismo el manejo de la pandemia en todo el país. Muchos municipios tienen como referente las órdenes y orientaciones del presidente de la República; pero las principales ciudades, como Bogotá, Medellín, Cali y Santa Marta, entre otras, tienen gobernantes que buscan imponer su propia ideología de izquierda antes que los criterios de los expertos que asesoran a Duque.
El caso de Bogotá es el más dramático porque la alcaldesa busca contrariar al presidente en todo e imponer sus ideas, aunque hagan daño a la economía. De hecho, el desempleo aumentó el 26 por ciento en la Capital, seis puntos por encima al promedio nacional. Por tanto, la pregunta es tendenciosa porque busca responsabilizar al partido de gobierno cuando en realidad las ciudades con más casos de la Covid-19 tienen alcaldes de izquierda. La cuarentena es usada como arma política para crear caos, generar desempleo y quebrar pequeñas empresas.
Las malas intenciones encubiertas en los numerales propuestos a la opinión publica cada mañana en alguna cadena radial, con una respuesta implícita o sugerida con total desfachatez, así como las semanales encuestas de opinión en las que tienen más aprobación en la comunidad los guerrilleros terroristas que un expresidente, ratifican que estamos perdiendo la lucha por la democracia. Los medios y las encuestadoras no son inocentes.

martes, 1 de septiembre de 2020

EL OTRO DE DIOS


“Cuando tenía doce años imaginé por mi cuenta una maravillosa trinidad: Dios Padre, Dios Hijo (Jesucristo) y Dios Demonio. Mi deducción era que Dios, pensando por sí mismo, creaba la segunda persona de la divinidad, pero para ser capaz de pensar tenía que pensar en su contrario, y por tanto tenía que crearlo. Así fue como empecé a filosofar”. La cita anterior es tomada del libro Soy dinamita: una biografía de Nietzsche, escrito por Sue Prideaux. Esta nota es una invitación a profundizar en la clave de nuestro tiempo: la inexistencia del sujeto o de la persona. 
Como el ser humano nace prematuro y no puede proveerse por sí mismo lo necesario para vivir, siempre necesita de otros. En más de cincuenta casos conocidos, niños y niñas, que no han aprendido a hablar, han sido criados por manadas de animales salvajes porque fueron abandonados por sus padres o han quedado solos después de un accidente aéreo, por ejemplo. Cuando son rescatados o vuelven al contacto con humanos, no tienen consciencia de sí, no hablan, no se perciben como humanos o como personas, no se creen sujetos y no tienen inclinaciones sexuales hacia otros humanos. Sin otro humano no existimos. Si Dios es persona, necesita de Otro, como nosotros. Consciencia es solo pensamiento.  
Esa puede ser, en términos actuales, la reflexión que un niño de doce años en el año 1856 y que ha sido el problema central de las religiones occidentales monoteístas. Una persona solitaria es impensable, experiencia que han corroborado el 18 por ciento de colombianos que viven solos en esta cuarentena de cuarenta semanas. El mito de que soy una realidad, una entidad, una esencia, solo se sostiene con la mirada de otro. Si alguien no me habla o al menos me mira, mi yo desaparece y prefiero morir. 
En otra columna explicaba cómo las tres religiones de un solo Dios han buscado una salida a la imposibilidad de que Dios sea una persona como nosotros y optaron por la mística, disciplina con muy poca trascendencia en el cristianismo, con la única excepción, quizás, de la iglesia ortodoxa oriental. La búsqueda mística de Dios en el islam se llama sufismo, y en el judaísmo, jasidismo.  
Como Oriente nunca ha creído en la existencia del sujeto, el budismo tomó la meditación como medio de superar la cadena de encarnaciones y alcanzar el nirvana; pero no reencarna la persona, sino la consciencia, algo completamente ininteligible para la mente occidental contemporánea. La consciencia budista se parece al concepto de “espíritu”, sin identidad, que aprendimos del clero.  Dios Persona es inconcebible sin su Otro, el Demonio, pensaba el niño F. Nietzsche.  
Slavoj Zizek afirma que el cristianismo oculta el abismo que nos separa de Dios proporcionando una respuesta tranquilizadora: Dios nos ama. Creo que es una tontería decir que Dios no existe; somos nosotros quienes no existimos, no somos entidades; somos algoritmos, pensamientos, idea