Con la ayuda de un juez de izquierda, la Virgen se ha vuelto motivo de debates políticos para alimentar la pelea en que andan los defensores de lo políticamente correcto en todo el mundo. Todo hace parte de lo que he llamado “la revolución de los idiotas”, iniciada en los Estados Unidos por algunos intelectuales marxistas de las áreas del arte, ciencias sociales, literatura y filosofía, y que inspira a quienes destruyen estatuas, queman libros, prohíben películas y se oponen a todo lo que no sea del gusto romántico de los revolucionarios mercenarios bien remunerados.
Para que el mensaje sea claro, debo ratificar mi condición de ateo o agnóstico, aunque no por ello desconozca el respeto que merecen todas las ideologías religiosas y políticas, como manda nuestra Constitución Nacional. Además, afirmo que quien está violando nuestra Carta y los derechos humanos no es el Presidente Duque cuando proclama en redes sociales su fe religiosa, sino quien presentó la discutible tutela y el juez que la aceptó.
Cuando un presidente de la República confiesa su fe religiosa o se declara ateo, no está desconociendo nuestra Carta de los derechos humanos, y si alguien se ofende, es su problema, no del ciudadano presidente. Cuando el juez condena al presidente por la confesión de su doctrina religiosa, el mismo juez y los demandantes están imponiendo otra mitología o su interpretación particular sobre los derechos humanos: es la ideología de lo políticamente correcto contra una fe religiosa. Los “derechos humanos” y “la persona humana” son tan mitológicos como la Virgen de Chiquinquirá o el materialismo dialéctico. Cada ciudadano tiene su fe imaginaria. La verdad única es el mito totalitario.
El nuevo sofisma marxista de lo políticamente correcto nos lleva a la situación absurda de que cualquier ciudadano puede sentirse ofendido y presentar una tutela sobre cualquier cosa. Veamos un ejemplo. En la discusión sobre el enfoque de género en el Congreso, la entonces senadora Claudia López nos acusó, a quienes no estábamos de acuerdo con esa ideología, de estar violando los derechos humanos. De la misma forma, es muy conocidad la ambigüedad de el senador Gustavo Petro con relación a la religión para ocultar su ateismo; pero su posición no es una violación de los derechos humanos mientras no afecte la posibilidad de los ciudadanos de creer en la religión que deseen.
La izquierda no va a aceptar nunca que en una misma sociedad coincidan distintas ideologías, mitologías, géneros sexuales, opiniones, culturas, etnias y tradiciones porque en este aspecto es exactamente igual al fascismo o al nazismo. Esa es una diferencia básica con la democracia, que permite la convivencia o el reconocimiento de la diversidad de opiniones, crencias o forma de vivir. El socialismo siempre se postula como ateo, aunque nunca ha podida sustituir la religión a pesar de los intentos por hacerlo desde Stalin hasta el Partido Comunistas Chino de hoy.
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