Empezó señalando que el presidente Duque tendría que responder por las muertes de la pandemia por no haber cerrado El Dorado oportunamente; el gobierno nacional le respondió citando la ley que atribuye a la alcaldía el control del aeropuerto. Luego, ella culpó a los ricos o burgueses por haber traído el virus desde Europa, cuando en realidad viajan al extranjero con más frecuencia los sectores populares por razones conocidas.
Más tarde decidió que la cuarentena debía ser total en los tres meses siguientes cuando llevábamos dos; pero la presidencia de la República la corrigió porque era necesaria la apertura gradual de la economía. La alcaldesa sigue imponiendo su plan de cierre parcial de la Capital por zonas, afectando esta vez aquellas con mayor número de negocios y empresas, según declaró a la revista Semana el presidente del Concejo.
Las protestas de empresarios y pequeños negociantes fueron inmediatas porque vieron que ese “plan Marshall” no se justifica en este momento de la pandemia y no busca reactivar la economía. El propósito dañino es el mismo de las manifestaciones iniciadas en noviembre del año pasado por la izquierda internacional en Chile y Colombia, con la participación de encapuchados y de la hoy alcaldesa en el marco de “Revolución Molecular”, inaugurada por Lula Da Silva en Brasil con la asesoría del francés Félix Guattari desde el siglo pasado.
La pregunta que surge se refiere al grado de dolo o culpa con que actúa Claudia López o si su problema es inconsciente. Para responder, recordemos que en Colombia la intención de la izquierda siempre ha sido la de entorpecer cualquier proyecto de desarrollo con la idea perversa de que la miseria del pueblo creará las condiciones de inconformidad que lleve a los menos informados a votar masivamente por esa corriente política, como es evidente en sus inútiles proyectos de ley, en su campaña anticorrupción o en su reiterada oposición en el Congreso a planes de desarrollo con argumentos ideológicos, nunca científicos o serios.
En la década de los setenta, los mamertos se opusieron con todo tipo de mentiras a la planificación familiar; recientemente montaron referendos en algunos municipios contra a minería legal, pero nunca han cuestionado la ilegal; con sus falacias ambientalistas se oponen al fracking a pesar de la estricta ley colombiana para proteger el medio ambiente en este caso; también se escudan en la ecología para evitar el control de los cultivos de coca, alimento básico de la guerrilla o las bandas criminales e impedimento principal para el progreso y la paz.
Sin duda alguna, el mayor golpe dado por la izquierda a nuestra economía se concretó en el mal llamado “Acuerdo de paz”. En lugar de crear empresas modernas, reformar el sistema educativo y tecnificar la producción agrícola, se busca dar una parcela a cada campesino, con enfoque de género, para mantenerlo en la miseria. La propiedad de la tierra es una suma igual a cero.
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