martes, 25 de agosto de 2020
UNA POLÍTICA MACABRA
martes, 18 de agosto de 2020
CLAUDIA LÓPEZ
martes, 11 de agosto de 2020
LA FUNCIÓN SOCIAL DEL COLUMNISTA
Me decía el director de La crónica del Quindío hace unos años que quienes comprábamos un periódico por la sección de opinión conformábamos una especie en vía de extinción. Eso seguía siendo evidente hasta el año pasado cuando El Diario virtual se podía leer sin suscripción. En promedio una columna de opinión era leída por unas 300 personas, en promedio, mientras la noticia sobre un sicariato, por seis o siete mil. Supongo que el número de lectores de las columnas de opinión en la versión física debe ser muy inferior.
Quienes trabajamos para sembrar inquietudes, suscitar el espíritu de libertad y enfrentamos asuntos de interés universal ya no podemos ser consultados en otros países, como lo he podido corroborar en Google y en una página que todos los días me informa de las citas o referencias de mis artículos. Entonces me pregunto si vale la pena escribir para muy pocos suscriptores que valoran el trabajo y el estudio que tenemos que realizar los colaboradores del periódico en un oficio no remunerado.
En mi caso particular, intenté desde enero del año pasado un experimento sin precedentes en la historia del periodismo nacional sobre unos conceptos nuevos vinculados a las ciencias humanas, el arte y la evolución general de la cultura. Me refiero a la inexistencia del sujeto o de la persona y al carácter engañoso o metafísico de todas las ideologías, conceptos que tomé de los escritos de Yuval Noah Harari y que fueron la oportunidad para incursionar en el pensamiento posmoderno de los principales filósofos europeos de los últimos años.
También mostré cómo esos avances del pensamiento universal cambiaban completamente nuestra visión de Dios y de la religión, nuestras ideas sobre política, ciencia, democracia, historia, marxismo, enfoque de género y, en general, sobre toda nuestra cosmovisión, pero especialmente acerca del sentido de la vida. Por los insultos e incomprensiones que esas mismas ideas despiertan en las redes sociales, me he dado cuenta de que la ignorancia al respecto es general y que nuestro sistema educativo ha fallado.
Mi frustración es mayúscula al observar cómo la propaganda y el eslogan mentiroso determinan la opinión de la mayoría de los colombianos tal como se refleja en encuestas o sondeos de opinión, siempre montados con interés político o populista. Cuando diversas encuestas muestran que más del 70 por ciento de los jóvenes entre 18 y 27 años prefieren una dictadura a una democracia y que cualquier exguerrillero terrorista y violador de niños tiene mejor aceptación en la comunidad que un expresidente de la República, no hay futuro para Colombia.
Con lo ocurrido al expresidente Uribe Vélez la semana pasada, todos los colombianos tenemos la obligación de revisar nuestro compromiso con la democracia. El Diario podría permitir leer nuestras columnas en internet ya que no nos lucramos con las suscripciones y para que nuestra labor no sea inútil.
martes, 4 de agosto de 2020
La Virgen Politizada
Con la ayuda de un juez de izquierda, la Virgen se ha vuelto motivo de debates políticos para alimentar la pelea en que andan los defensores de lo políticamente correcto en todo el mundo. Todo hace parte de lo que he llamado “la revolución de los idiotas”, iniciada en los Estados Unidos por algunos intelectuales marxistas de las áreas del arte, ciencias sociales, literatura y filosofía, y que inspira a quienes destruyen estatuas, queman libros, prohíben películas y se oponen a todo lo que no sea del gusto romántico de los revolucionarios mercenarios bien remunerados.
Para que el mensaje sea claro, debo ratificar mi condición de ateo o agnóstico, aunque no por ello desconozca el respeto que merecen todas las ideologías religiosas y políticas, como manda nuestra Constitución Nacional. Además, afirmo que quien está violando nuestra Carta y los derechos humanos no es el Presidente Duque cuando proclama en redes sociales su fe religiosa, sino quien presentó la discutible tutela y el juez que la aceptó.
Cuando un presidente de la República confiesa su fe religiosa o se declara ateo, no está desconociendo nuestra Carta de los derechos humanos, y si alguien se ofende, es su problema, no del ciudadano presidente. Cuando el juez condena al presidente por la confesión de su doctrina religiosa, el mismo juez y los demandantes están imponiendo otra mitología o su interpretación particular sobre los derechos humanos: es la ideología de lo políticamente correcto contra una fe religiosa. Los “derechos humanos” y “la persona humana” son tan mitológicos como la Virgen de Chiquinquirá o el materialismo dialéctico. Cada ciudadano tiene su fe imaginaria. La verdad única es el mito totalitario.
El nuevo sofisma marxista de lo políticamente correcto nos lleva a la situación absurda de que cualquier ciudadano puede sentirse ofendido y presentar una tutela sobre cualquier cosa. Veamos un ejemplo. En la discusión sobre el enfoque de género en el Congreso, la entonces senadora Claudia López nos acusó, a quienes no estábamos de acuerdo con esa ideología, de estar violando los derechos humanos. De la misma forma, es muy conocidad la ambigüedad de el senador Gustavo Petro con relación a la religión para ocultar su ateismo; pero su posición no es una violación de los derechos humanos mientras no afecte la posibilidad de los ciudadanos de creer en la religión que deseen.
La izquierda no va a aceptar nunca que en una misma sociedad coincidan distintas ideologías, mitologías, géneros sexuales, opiniones, culturas, etnias y tradiciones porque en este aspecto es exactamente igual al fascismo o al nazismo. Esa es una diferencia básica con la democracia, que permite la convivencia o el reconocimiento de la diversidad de opiniones, crencias o forma de vivir. El socialismo siempre se postula como ateo, aunque nunca ha podida sustituir la religión a pesar de los intentos por hacerlo desde Stalin hasta el Partido Comunistas Chino de hoy.