jueves, 22 de junio de 2017

¿QUIÉNES SON LOS BÁRBAROS?




Para la tradición católica, en la misa se reúnen los fieles para participar en un banquete en el que se consumen el cuerpo y la sangre de Cristo, realmente presentes en la hostia.  No se trata de un mero simbolismo como lo consideran otros cristianos o cualquier otro ser humano ajeno a la teología; se trataría, pues, de cierto “canibalismo” socialmente aceptado.

Otra expresión cultural nuestra y prácticamente universal es la prisión que si le creemos a Michel Foucault se empezó a utilizar como castigo penal en las postrimerías del siglo XVIII, hace apenas un poco más de dos siglos, en un claro intento de imitar el retiro monacal para facilitar el encuentro con Dios como también la reivindicación, la resocialización y la “salvación” del reo. Es inexplicable que nuestra sociedad siga usando ese castigo a pesar de su barbarie, sus torturas y la conclusión científicamente demostrada de que no produce los efectos buscados, incrementa el delito y es abiertamente discriminatorio e injusto.

Un tercer ejemplo de tradiciones consideradas respetables y legítimas por todos los ciudadanos y nuestro orden legal es el de los procedimientos sancionatorios de las comunidades indígenas para los infractores de sus leyes.  Mientras se recogen firmas en Colombia para intentar establecer la cadena perpetua para los violadores, el código penal indígena considera que unos pocos azotes son suficiente castigo.  ¿Quiénes son los bárbaros?

Podemos enumerar muchas otras variables culturales, como la que desencadenó la polémica nacional en torno a las cartillas de educación sexual elaboradas por Colombia Diversa y respaldadas por las Naciones Unidas.  Si el género es definido por la cultura, ¿por qué no dejar que cada niño escoja libremente, sin la injerencia dañina de la sociedad machista, su forma de vestir, sus juegos y sus compañeros sexuales?  Ese parece haber sido el centro de la discusión que los defensores del viejo esquema familiar convencional consideraron inaceptable.  ¿Quiénes son los bárbaros?

Imaginemos que los ateos se toman las calles de nuestras ciudades para exigir la abolición de la misa católica por sus crueles raíces caníbales o para demandar la prohibición de todas las religiones, consideradas por ellos “un insulto para la inteligencia humana”.  ¿Qué pasará el día en que muchos ciudadanos exijan el cierre de todos los criaderos y mataderos de animales o, con sobradas razones, se tomen las cárceles infames?  El abuso de las mayorías, ya sean cristianas o animalistas, no puede distorsionar nuestra democracia.  Es absurdo que gracias al movimiento animalista nuestros jueces estén dedicados a enviar a la cárcel a los maltratadores de animales o a los zoófilos, cuando más del 90 por ciento de los homicidios permanecen en la impunidad.  Empleemos la rabia, la agresividad y el fundamentalismo de los antitaurinos para salvar los niños de la Guajira o los niños reclutados, adoctrinados y violentados por los guerrilleros.  ¿Quiénes son los bárbaros?

¿Quiénes son los bárbaros?

Iván Tabares Marín

Para la tradición católica, en la misa se reúnen los fieles para participar en un banquete en el que se consumen el cuerpo y la sangre de Cristo, realmente presentes en la hostia.  No se trata de un mero simbolismo como lo consideran otros cristianos o cualquier otro ser humano ajeno a la teología; se trataría, pues, de cierto “canibalismo” socialmente aceptado.

Otra expresión cultural nuestra y prácticamente universal es la prisión que si le creemos a Michel Foucault se empezó a utilizar como castigo penal en las postrimerías del siglo XVIII, hace apenas un poco más de dos siglos, en un claro intento de imitar el retiro monacal para facilitar el encuentro con Dios como también la reivindicación, la resocialización y la “salvación” del reo. Es inexplicable que nuestra sociedad siga usando ese castigo a pesar de su barbarie, sus torturas y la conclusión científicamente demostrada de que no produce los efectos buscados, incrementa el delito y es abiertamente discriminatorio e injusto.

Un tercer ejemplo de tradiciones consideradas respetables y legítimas por todos los ciudadanos y nuestro orden legal es el de los procedimientos sancionatorios de las comunidades indígenas para los infractores de sus leyes.  Mientras se recogen firmas en Colombia para intentar establecer la cadena perpetua para los violadores, el código penal indígena considera que unos pocos azotes son suficiente castigo.  ¿Quiénes son los bárbaros?

Podemos enumerar muchas otras variables culturales, como la que desencadenó la polémica nacional en torno a las cartillas de educación sexual elaboradas por Colombia Diversa y respaldadas por las Naciones Unidas.  Si el género es definido por la cultura, ¿por qué no dejar que cada niño escoja libremente, sin la injerencia dañina de la sociedad machista, su forma de vestir, sus juegos y sus compañeros sexuales?  Ese parece haber sido el centro de la discusión que los defensores del viejo esquema familiar convencional consideraron inaceptable.  ¿Quiénes son los bárbaros?

Imaginemos que los ateos se toman las calles de nuestras ciudades para exigir la abolición de la misa católica por sus crueles raíces caníbales o para demandar la prohibición de todas las religiones, consideradas por ellos “un insulto para la inteligencia humana”.  ¿Qué pasará el día en que muchos ciudadanos exijan el cierre de todos los criaderos y mataderos de animales o, con sobradas razones, se tomen las cárceles infames?  El abuso de las mayorías, ya sean cristianas o animalistas, no puede distorsionar nuestra democracia.  Es absurdo que gracias al movimiento animalista nuestros jueces estén dedicados a enviar a la cárcel a los maltratadores de animales o a los zoófilos, cuando más del 90 por ciento de los homicidios permanecen en la impunidad.  Empleemos la rabia, la agresividad y el fundamentalismo de los antitaurinos para salvar los niños de la Guajira o los niños reclutados, adoctrinados y violentados por los guerrilleros.  ¿Quiénes son los bárbaros?

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