El malogrado consejo de ministros del 4 febrero pasado sintetiza algunas de las afirmaciones sostenidas por esta columna y que hoy quiero resumir.
Gustavo Petro es un enfermo mental grave. No tiene autocrítica, es mitómano, tiene antecedentes de delirios de persecución, alcohólico, paranoico, narcisista; vive en una “realidad” propia y es incapaz de ponerse en la posición del otro. Su autobiografía es su historia clínica psiquiátrica cargada de mentiras y fantasías.
Aunque nunca ha sido de izquierda, Petro se declaró socialista o marxista, pero en el montaje circense del consejo de ministros dijo ser “humanista”, expresión sinónima de romántico, con una visión ingenua del “pueblo”, significante vacío que acomoda caprichosamente según sus obsesiones y complejos. Tiene más aproximaciones con Pancho Villa que con Lenin, Stalin, el Che Guevara o Ernesto Laclau.
Petro es notoriamente inculto, pero intenta engañar a los mal informados con sus ridículas incursiones en historia, filosofía o las novelas de García Márquez. En otra columna mostré su ignorancia en materia filosófica por los comentarios que hace en su biografía sobre Michel Foucault y Gilles Deleuze. Es un charlatán.
La interpretación de la historia de Colombia que hizo Petro no pudo ser más ridícula. Dijo que a Bolívar lo asesinaron en Santa Marta cuando todos los colombianos sabemos que murió afectado de tuberculosis. Eso de presentar a Bolívar como un demócrata es ingenuo, pues proponía una dictadura para estos países. Cuando nos independizamos de España, el 47 por ciento de la población era indígena, y Bolívar entendía que no iba a funcionar entonces una democracia.
La formación política de Petro es incongruente. “Siempre estuve del lado del campesino”. El campesino solo tiene importancia política para los movimientos románticos de derecha, como vimos en la revolución mexicana de 1910. Para el socialismo marxista que Petro decía defender, el campesino no tenía valor por su apego a la propiedad de la tierra. No ha podido entender que la Nueva Izquierda es identitaria y que todo el mundo está reaccionando contra ella por los abusos y por el daño que está haciendo a la familia y a la democracia.
“Gustavo Petro es un impostor”. Esa afirmación es de Everth Bustamante, militante del M–19 quien aseguró para Blu-radio que Petro no conoció a Jaime Bateman y nunca fue activo miembro de la guerrilla pues después de estudiar economía fue personero de Zipaquirá y concejal por la ANAPO; estuvo encarcelado entre agosto de 1985 y marzo de 1987 por el porte ilegal de armas en una invasión de tierras. Para Bustamante, “Petro no representa el legado del M-19 pues la Constitución del 91 fue de reconciliación nacional y él hace todo lo contrario”. “Petro no tiene una concepción política sólida y trata de volver verdad sus mentiras”.
De todos modos, lo más sorprendente en este panorama sombrío del gobierno es el apoyo que recibe de personas aparentemente cultas y de un 30 por ciento de los colombianos. También sorprende que nuestra Constitución no haya previsto este circo para cerrarlo por dañino.
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