martes, 20 de agosto de 2024

Cronología de un desastre


La izquierda es una organización internacional del crimen dispuesta inicialmente a lograr justicia social utilizando todas las formas de lucha; pero ante su fracaso marxista, se convirtió en un partido de oportunistas dispuestos a hacerse ricos y a favorecer a familiares y amigos como lo habían hecho los partidos tradicionales. Quienes estaban dispuestos a asesinar, secuestrar, reclutar niños campesinos e indígenas, no tuvieron inconveniente en tomar el poder en elecciones tramposas y buscar su propio beneficio económico. 

Fidel Castro se equivocó al pensar que la caída del marxismo no lo iba a afectar y siguió buscando en otros regímenes de izquierda el apoyo económico que había perdido de la Unión Soviética. Convirtió a sus soldados y médicos en mercenarios que exportaban su revolución” a África y Latinoamérica; se ganó los petrodólares del chavismo y explotó la labor de sus médicos esclavos en Venezuela y Brasil.  

Mientras todos los países comunistas, con una o dos excepciones, volvían al capitalismo, Fidel y su familia seguían soñando con el socialismo igual que Gustavo Petro. Todo era parte del montaje para llenar los bolsillos de los militantes o activistas. “Rebelarse vende”, y eso lo aprendieron bien los esposos Kirchner en Argentina, Ortega en Nicaragua, Maduro y Chávez en Venezuela y el petrismo en Colombia. Cuando la izquierda llega al poder, sus líderes pierden el sentido de la realidad, se obnubilan y empiezan a delirar como orates. 

Para mantener la solidaridad internacional de la izquierda, Fidel creó en 1990 el Foro de Sao Paulo con la complicidad de Luiz Inácio Lula Da Silva y la participación de los principales camaradas colombianos como el Polo Democrático y la Alianza Verde. Se mantuvo la vieja alianza con los regímenes islámicos y sus terroristas. 

Mas no todos los presidentes de izquierda se rigen por el mismo libreto. Lula se comprometió a llevar una política fiscal y monetaria responsable en su primer mandato; Michelle Bachelet se radicalizó en su segundo gobierno; el manejo de la economía por Andrés Manuel López Obrador ha seguido en buena medida los cánones académicos, lo que no podemos decir de Gustavo Petro. 

El Foro de Sao Paulo cambió completamente el libreto del viejo marxismo, las guerrillas perdieron su condición o estatus político y todo respaldo de la izquierda internacional; pero la torpeza de nuestra clase dirigente cayó en la trampa del Acuerdo de Paz y transformó nuestra Constitución Nacional en un monstruo de dos cabezas, uno democrático y otro de izquierda posmoderna con enfoque de género. 

El fusil fue sustituido por la comunicación o el lenguaje en la nueva estrategia de los mamertos gracias al aporte de sus intelectuales como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Era una batalla cultural, como la llamó Agustín Laje, pero que prefiero llamar una guerra epistémica porque introdujo una nueva forma de pensar, condicionada por la evolución del capitalismo, la crisis de los grandes relatos (religión, democracia y marxismo) y la terrible influencia de las redes sociales y las nuevas tecnologías. 

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