Giorgia Meloni (nacida en 1977) es la actual
presidenta del Consejo de ministros de Italia desde octubre de 2022, la primera
mujer que ocupa ese cargo y uno de los principales artífices del reciente
triunfo de la derecha en las elecciones de la Unión Europea.
Es como una especie de “Javier Milei” europea, con una
gran diferencia: Milei es un economista liberal o libertario con varios libros
escritos sobre la materia; en cambio, Meloni, de origen muy humilde, ha sido
periodista y activista política desde su adolescencia, siempre en movimientos
de derecha; no es fascista porque ese partido fue prohibido por ley en Italia
desde 1952, pero ha sido neofascista, inicialmente del Movimiento Social
Italiano, MSI, conocido como los “misinos”. Hoy dirige el movimiento Hermanos
de Italia, FdI, por su sigla en italiano, Fratelli D´Italia.
La historia política de Italia después de la Segunda
Guerra Mundial (1939 – 1945) es muy parecida a la de otros países democráticos:
uno o dos partidos monopolizan el poder por un largo período, se corrompen
hasta cuando el electorado no aguanta más y elige un partido de extrema
izquierda o de extrema derecha.
En Italia, la Democracia Cristiana tuvo el poder desde
la Primera República (1948) con la participación de otros partidos y,
ocasionalmente, con el Partido Comunista Italiano, el más fuerte y belicoso de
Europa occidental hasta la Caída del Muro de Berlín o del marxismo en 1989.
Es muy importante tener en cuenta el fracaso del
marxismo –que Gustavo Petro intenta resucitar para sorpresa y bromas de todo el
mundo— y los intentos de Ernesto Laclau, fallecido en 2014, y su esposa Chantal
Mouffe por crear una nueva ideología que remplace el marxismo, conocida como la
hegemonía identitaria. La importancia radica en que la derecha de Meloni
también toma ideas del marxista italiano Antonio Gramsci y del teórico de los
nazis, Carl Schmitt, que inspiran a Laclau y Mouffe. Estos escribieron sus
textos básicos en la década de los ochenta.
En el marxismo, el sujeto revolucionario era el
proletariado por su condición de explotado en la sociedad capitalista y
democrática. En la Nueva Izquierda, los sujetos revolucionarios para derrotar
el capitalismo son las identidades, grupos, etnias u organizaciones que en
algún momento de la historia fueron víctimas de la sociedad, pero sin vínculo
con las relaciones de producción: indígenas, migrantes de otras culturas,
negros, mujeres, comunidad LGBTIQ+, ecologistas del decrecimiento económico, víctimas
del calentamiento global.
También nótese que el marxismo quería acabar con la
democracia, porque es una sociedad de clases, y aspiraba a crear una sociedad
sin clases —el “hombre nuevo” del Che Guevara— llamada por Petro “la paz total”;
en cambio, la Nueva Izquierda de Laclau busca radicalizar la democracia con el
cuento del pluralismo, para meter en la misma sociedad a indígenas, la
comunidad LGGBTIQ+ incendiaria de Iglesias, la primera línea criminal,
inmigrantes musulmanes con sus terroristas de Hamás y otros enemigos de la
democracia. En Europa, el gran problema es el islam.
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