martes, 20 de junio de 2023

El aborto no es un derecho fundamental

 


El Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictaminó el año pasado que el aborto no es un derecho fundamental en la Constitución Política de esa nación. Nuestra Corte Constitucional se ha expresado en los mismos términos.

Los derechos humanos fundamentales se predican del ciudadano por el hecho de existir sin ninguna otra consideración como raza, opinión, credo religioso, SEXO, edad, partido político, enfermedad, color de la piel o identidad, incluida la identidad de GÉNERO. Por tanto, no hay derechos humanos fundamentales distintos para hombres y mujeres. No hay un solo derecho fundamental de los hombres que no sea también de las mujeres.

En Colombia, una mujer puede abortar sin importar la opinión del padre del niño por nacer. También lo puede hacer ignorando las recomendaciones del médico o simplemente simulando una enfermedad mental o amenazando con suicidarse para “justificar” la causal que permite el aborto (o asesinato) en el tercer trimestre del embarazo cuando el no nato es viable.

Las lesbianas y mujeres transgénero que defienden el enfoque de género, inventado por la izquierda en los últimos cincuenta años en las facultades de ciencias sociales y humanas de los Estados Unidos, alegan que el aborto es un derecho de las mujeres porque está relacionado con sus derechos a la vida y a la salud. Eso no es más que un sofisma antidemocrático e irresponsable.

El enfoque de género es la ideología de una minoría de la comunidad LGBTIQ+ que no llega al 1 por ciento de la población y que quiere imponer sus falacias para destruir la organización familiar, legalizar el aborto, la pedofilia y el incesto. Así apareció en la no aprobada Constitución Chilena mamerta y en algunos proyectos de ley presentados por Gustavo Petro y el tenebroso ministro de Justicia. La mayor parte de los homosexuales y lesbianas se reconocen como hombres y mujeres, rechazan el enfoque de género de la izquierda por degradante y perjudicial para la organización social. Las mujeres heterosexuales tampoco aceptan esa perversa ideología.

Así como inventan derechos que no existen, los partidos de izquierda manipulan la repugnante “paridad” de género en los cargos públicos. En las últimas elecciones, Petro puso en lista para el Congreso a Mary Luz, la exguerrillera madre de dos de sus hijos; Roy Barreras, a su esposa, y María José Pizarro a su hermana. Esa paridad de género es un fraude y una burla, no un derecho. La política es un negocio familiar.

Cuando aprobaron que el 30 por ciento de los cargos públicos eran para las mujeres, nada dijeron de los derechos de grupos discriminados como homosexuales, comunidad LGBTIQ+, indígenas o negros, y los parapolíticos en prisión cedieron sus cargos a esposas, hijas y hermanas.

El enfoque de género marxista, introducido por las Farc, debe salir de nuestra Constitución Nacional. La ley de la Corte Constitucional que legaliza el aborto, no dictada por el Congreso, debe ser modificada. La ideología de izquierda no es nuestra Carta Política.

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