El Tribunal
Supremo de los Estados Unidos dictaminó el año pasado que el aborto no es un
derecho fundamental en la Constitución Política de esa nación. Nuestra Corte Constitucional
se ha expresado en los mismos términos.
Los derechos
humanos fundamentales se predican del ciudadano por el hecho de existir sin
ninguna otra consideración como raza, opinión, credo religioso, SEXO, edad,
partido político, enfermedad, color de la piel o identidad, incluida la
identidad de GÉNERO. Por tanto, no hay derechos humanos fundamentales distintos
para hombres y mujeres. No hay un solo derecho fundamental de los hombres que
no sea también de las mujeres.
En Colombia, una
mujer puede abortar sin importar la opinión del padre del niño por nacer.
También lo puede hacer ignorando las recomendaciones del médico o simplemente
simulando una enfermedad mental o amenazando con suicidarse para “justificar” la
causal que permite el aborto (o asesinato) en el tercer trimestre del embarazo
cuando el no nato es viable.
Las lesbianas
y mujeres transgénero que defienden el enfoque de género, inventado por la
izquierda en los últimos cincuenta años en las facultades de ciencias sociales
y humanas de los Estados Unidos, alegan que el aborto es un derecho de las
mujeres porque está relacionado con sus derechos a la vida y a la salud. Eso no
es más que un sofisma antidemocrático e irresponsable.
El enfoque de
género es la ideología de una minoría de la comunidad LGBTIQ+ que no llega al 1
por ciento de la población y que quiere imponer sus falacias para destruir la
organización familiar, legalizar el aborto, la pedofilia y el incesto. Así
apareció en la no aprobada Constitución Chilena mamerta y en algunos proyectos
de ley presentados por Gustavo Petro y el tenebroso ministro de Justicia. La
mayor parte de los homosexuales y lesbianas se reconocen como hombres y mujeres,
rechazan el enfoque de género de la izquierda por degradante y perjudicial para
la organización social. Las mujeres heterosexuales tampoco aceptan esa perversa
ideología.
Así como
inventan derechos que no existen, los partidos de izquierda manipulan la
repugnante “paridad” de género en los cargos públicos. En las últimas elecciones,
Petro puso en lista para el Congreso a Mary Luz, la exguerrillera madre de dos de
sus hijos; Roy Barreras, a su esposa, y María José Pizarro a su hermana. Esa
paridad de género es un fraude y una burla, no un derecho. La política es un
negocio familiar.
Cuando
aprobaron que el 30 por ciento de los cargos públicos eran para las mujeres, nada
dijeron de los derechos de grupos discriminados como homosexuales, comunidad
LGBTIQ+, indígenas o negros, y los parapolíticos en prisión cedieron sus cargos
a esposas, hijas y hermanas.
El enfoque de
género marxista, introducido por las Farc, debe salir de nuestra Constitución
Nacional. La ley de la Corte Constitucional que legaliza el aborto, no dictada
por el Congreso, debe ser modificada. La ideología de izquierda no es nuestra
Carta Política.
No hay comentarios:
Publicar un comentario