El psicólogo
neozelandés John Money lanzó en 1955 su teoría sobre el género como algo
adquirido: “Un rol de género nunca se establece en el momento de nacer, sino
que se construye de forma acumulativa a través de las experiencias vividas”. Si
hay dudas sobre el carácter masculino o femenino de un recién nacido por una
malformación de sus genitales, o si el niño varón sufre un daño grave en su
pene por una infección o una cirugía, se puede hacer una reconstrucción de sus
genitales y criarlo con el género correspondiente al sexo dado en cirugía.
Como es más
fácil la construcción quirúrgica de una vagina que de un pene, eso es lo que
recomendaba Money en esos casos. En 1966 se experimentó con el niño David
Reimer que perdió su pene por una cirugía. Le construyeron una vagina y fue
criado como niña, pero en la adolescencia se sentía varón y su crisis emocional
lo llevó al suicidio. Este hecho era una clara demostración de que la teoría de
Money era falsa, según Michel Onfray, el filósofo francés. La tesis de Money es
exactamente la misma que sustenta la izquierda.
Dado que quien
es sometido a tratamiento hormonal y a la amputación de sus genitales no
volverá a sentir ningún placer sexual, los transexuales o transgéneros, reales
o ficticios, exigieron reconocer su identidad sin la obligación de la
reasignación hormonal-quirúrgica. El resultado fue la formación de un
movimiento político identitario aceptado por nuestra Corte Constitucional por
mandato de las Farc en el Acuerdo de paz.
La izquierda
y nuestra Corte Constitución cometen un gravísimo error porque ignoran que
muchas personas que dicen percibirse como transgéneros lo hacen porque padecen
alguna patología mental, como la esquizofrenia, o genética, como el autismo. Otras
personas pueden fingir el cambio de identidad sexual como coartada para algo
ilícito.
Por ejemplo,
un varón delincuente puede exigir ser enviado a una prisión de mujeres porque
se percibe mujer, para luego violar algunas de las reclusas como se reportó en
Argentina. Otros varones colombianos pueden percibirse mujeres para pensionarse
a los 57 años con solo 1000 semanas de cotización, y no 1300, por decisión de
nuestra Corte.
Más grave aún
es la influencia de las redes sociales en la decisión de algunos menores como lo
demostró un informe en 2018, del investigador David Bell: “El número de
peticiones de transición (cambio de sexo o género) entre los menores había
aumentado de forma vertiginosa entre 2010 y 2018 (más del 200 por ciento) bajo
la influencia de las redes sociales”. El lema de una de esas páginas es: “Ser
transgénero es la solución para dejar de sentirse como una mierda”. Las citas
son tomadas del libro de la psicoanalista y filósofa francesa Elisabeth
Roudinesco titulado El yo soberano, con primera edición en 2022.
El enfoque de
género o teoría Queer está llevando en todo el mundo al fracaso de la izquierda.
La sociedad no aguanta más tanta perversion.