Conocí a la
actual ministra de Trabajo en 1994 cuando ella presidía el Sindicato de
Educadores de Risaralda y me invitó a que dictara a sus directivos una
conferencia sobre la Ley 100 que se acababa de aprobar. Es maestra, pero su profesión
ha sido el activismo en el Partido Comunista.
Siendo
senadora por el PDA ingresó a un cursillo de economía en el Congreso que de
nada le sirvió. Se hizo famosa por un vídeo en que anhela para Colombia un dictador
como Hugo Chávez, Nicolás Maduro o Fidel Castro, sueño hecho realidad en Gustavo
Petro si no lo defenestran.
Su reforma
laboral es un pliego de privilegios de los viejos sindicatos contenidos en el
80 por ciento del texto. Solo el 6 por ciento de la reforma acoge las
recomendaciones de gremios y economistas, si es que el Gobierno no desconoce
los acuerdos tal como ocurrió en la reforma al sistema de salud.
La izquierda
ya no es obrera, precisamente porque los privilegios que tienen los
trabajadores formales llevaron a que se aburguesaran y se olvidaran de la
revolución como de los trabajadores informales, los independientes y de los desempleados.
La Nueva Izquierda es identitaria, pero las clases sociales no lo son. Inaudito
que Petro y Gloria Inés Ramírez lo ignoren.
En el
proyecto de reforma laboral “no hay una sola disposición que reconozca las
diferentes formas de empleo y de trabajo que concurren en la vida social y
económica colombiana. No hay una sola palabra respecto de la condición laboral
de los trabajadores independientes y autónomos o de los que optan por modelos
cooperativos o asociativos”, según el profesor Carlos Adolfo Prieto Monroy.
Revivirá el
pago de las horas nocturnas a partir de las 6 pm y aumentará el valor de los
dominicales y festivos, aunque en Colombia son altos en relación con otros
países. El incremento del precio de la nómina lo pagamos quienes compramos un
servicio o una mercancía, no los empresarios; además, esas medidas generan
desempleo, informalidad e inflación. Es algo tan elemental que solo los
mamertos no entienden o se niegan a entender.
La Inteligencia
Artificial “puede emplazar innumerables puestos de trabajo, ya que puede ahora
escribir libros, dictar sentencias, analizar documentos, redactar informes y
demandas, pintar, crear una canción, hacer videos, crear un podcast, atender
clientes. La lista es larga”, según la información de ChatGPT. Hacia allá debe
apuntar la reforma laboral.
Rebaja a 42
horas semanales la jornada de trabajo, cuando apenas empezaba a regir su
disminución progresiva gracias a una ley propuesta por el expresidente Uribe,
menos traumática para la economía y las empresas. Se autoriza la huelga en los
servicios públicos: un paraíso para sindicatos y una tragedia para el pueblo.
Con toda
razón el marxista S. Zizek escribió: “El gran problema de la izquierda es que,
tras el derrumbe del “socialismo real”, carece de una visión de cómo
reorganizar la sociedad”. Y Petro lo confirma en su biografía.
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