“La identidad
es la gasolina del separatismo, y el separatismo es la identidad de nuestro
tiempo”.
La cita es de
la española Cayetana Álvarez de Toledo. El proyecto separatista de Cataluña es
apoyado por la socialdemocracia del presidente Pedro Sánchez y por el chavista
partido de Pablo Iglesias, Unidas Podemos. Para hacer una analogía con nuestro
país, recordemos los afanes de independencia del departamento de Antioquia.
Catalanes y paisas no quieren pertenecer a sus respectivos países porque se
creen diferentes, tal vez mejores, que quienes han sido sus compatriotas.
La extrema
derecha nazi de Adolfo Hitler también se fundamentó en un movimiento
separatista e identitario que pregonaba la pureza de la raza aria alemana y
despreciaba a los otros pueblos por pertenecer a razas “degeneradas” e “impuras”
como los judíos y gitanos. Eso es un mito. Los arios llegaron a la India desde
el norte y también colonizaron el próximo oriente y Europa. Las razas no
existen. Todos procedemos de África, o de Lucy, nuestro antepasado animal común
de hace más de un millón años.
Ahora bien,
las identidades nacionalista, religiosa, política o de cualquier otro tipo las
recibimos de la comunidad en que nacemos, pero pueden cambiar. Por ejemplo,
cuando un joven colombiano va a la universidad recibe un adoctrinamiento que lo
lleva a renunciar a sus identidades de cristiano y demócrata para convertirse
en ateo e izquierdista. Un cristiano, un indígena, un izquierdista, un feminista
o un ecologista pueden dejar sus identidades y cambiarlas por otras.
Como el
movimiento nazi de extrema derecha, la izquierda latinoamericana y de lo
políticamente correcto, también se fundamenta en identidades separatistas. Como
lo he expresado en otras columnas, el socialismo o comunismo ya no tiene, como
soporte de su lucha, la clase proletaria o de los asalariados de la primera
revolución industrial que conocieron Carlos Marx y Federico Engels en el siglo
XIX. La izquierda no entiende que estamos en la cuarta revolución industrial.
Indígena,
feminista con enfoque de género, ecologista de izquierda y la primera línea son
identidades que desprecian nuestras instituciones democráticas de los derechos
humanos. Son separatistas que no quieren ser colombianos como los catalanes no
quieren ser españoles. Esas identidades son fabricadas por la izquierda e
impuestas mediante un proceso de adoctrinamiento político en colegios,
universidades, redes sociales y medios de comunicación con el único fin de tomar
el poder y establecer una dictadura.
El mapa del
resultado de las últimas elecciones nos señaló los territorios identitarios que
apoyaron a Petro en la periferia, donde la democracia no ha podido cuajar, hay
mayor impunidad y se vulneran más los derechos humanos. En cambio, el gran
centro antipetrista es más demócrata e incluyente.
¿Representa
un miembro de la comunidad LGBTIQ+, que incendia iglesias, a los católicos? ¿Un
indígena defenderá los derechos de los propietarios de tierras no indígenas en
el Congreso? ¿Un guerrillero violador de niños es garantía para los derechos de
los niños? La política identitaria de la izquierda es antidemocrática y
neonazi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario