martes, 11 de abril de 2023

El acontecimiento

 

En el texto Por qué amamos (2004), la doctora Helen Fisher investiga los determinantes biológicos del enamoramiento, esos mediadores químicos cerebrales y las hormonas que condicionan la pasión inicial del amor y que luego son remplazados por una hormona, la oxitocina, que soporta la relación amorosa por años más.

Sin embargo, hay un vacío en su estudio, un elemento que la química no explica y que Fisher llama “inconsciente”: algo irracional, banal o azaroso en el otro que nos enamora. Esa es la trama de la novela La insoportable levedad del ser (1984), del checo Milan Kundera. Las cosas más importantes de la vida suceden por azar; la “realidad” es algo efímero, leve y absurdo.

La política, como el amor, se define por acontecimientos, por el encuentro de múltiples eventos intrascendentes, banales e imprevisibles, no por la historia de la cultura o el desarrollo de los modos de producción como se imaginaba Carlos Marx.

En política, el acontecimiento se llama “momento maquiaveliano”. Recordemos que Nicolás Maquiavelo era el asesor de César Borgia, el hijo del papa Alejandro VI y comandante del ejército del Vaticano en los primeros años del siglo XVI. Maquiavelo es considerado el padre de la política, entre otras cosas, porque vio en César Borgia, una mejor explicación del poder, no condicionado por la historia o la herencia, como en la monarquía, sino por la coincidencia de una serie de circunstancias o encuentros fortuitos. César era un don nadie que inició el proyecto de unificar a Italia que se concretaría siglos después entre 1848 y 1871.

De la misma forma, Francia Márquez no es nadie para que ahora sea la vicepresidente de Colombia. Su comportamiento y su mentalidad infantil hacen presumir que tiene un retraso mental y que miles de mujeres colombianas tienen muchos más méritos y títulos para ocupar ese cargo. Su elección fue un accidente o la confluencia de una serie de eventos desafortunados para nuestra Patria.

Con Gustavo Petro sucedió algo similar: un guerrillero mediocre sin ideología; sin preparación académica, excepto un curso de ecología “de más o menos un año” en la Universidad de Lovaina y algunos semestres de economía en Los Andes antes de ingresar al M-19 en 1978; un desastre como administrador y con una patología mental manifiesta. Un don nadie como César Borgia, el chofer de bus Nicolás Maduro, el neofascista y exguerrillero Daniel Ortega o el maestro de escuela Pedro Castillo.

Una serie de encuentros fortuitos llevaron a Petro y a Francia Márquez al poder: la pandemia que nos confrontó con la muerte, las redes sociales sin ética, la ignorancia del pueblo, la crisis de la democracia, el adoctrinamiento marxista en colegios y universidades, la corrupción de nuestra política, la mediocridad del Uribismo (esperanza de nuestra democracia) y la campaña sucia de la izquierda contra su líder, etc. Un acontecimiento, un accidente, el caos, suerte y la insoportable levedad del ser determinan nuestras vidas, el amor, la política y nuestra historia.

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