En el texto
Por qué amamos (2004), la doctora Helen Fisher investiga los determinantes
biológicos del enamoramiento, esos mediadores químicos cerebrales y las
hormonas que condicionan la pasión inicial del amor y que luego son remplazados
por una hormona, la oxitocina, que soporta la relación amorosa por años más.
Sin embargo,
hay un vacío en su estudio, un elemento que la química no explica y que Fisher
llama “inconsciente”: algo irracional, banal o azaroso en el otro que nos
enamora. Esa es la trama de la novela La insoportable levedad del ser (1984),
del checo Milan Kundera. Las cosas más importantes de la vida suceden por azar;
la “realidad” es algo efímero, leve y absurdo.
La política,
como el amor, se define por acontecimientos, por el encuentro de múltiples
eventos intrascendentes, banales e imprevisibles, no por la historia de la
cultura o el desarrollo de los modos de producción como se imaginaba Carlos
Marx.
En política,
el acontecimiento se llama “momento maquiaveliano”. Recordemos que Nicolás
Maquiavelo era el asesor de César Borgia, el hijo del papa Alejandro VI y
comandante del ejército del Vaticano en los primeros años del siglo XVI. Maquiavelo
es considerado el padre de la política, entre otras cosas, porque vio en César
Borgia, una mejor explicación del poder, no condicionado por la historia o la
herencia, como en la monarquía, sino por la coincidencia de una serie de
circunstancias o encuentros fortuitos. César era un don nadie que inició el
proyecto de unificar a Italia que se concretaría siglos después entre 1848 y
1871.
De la misma
forma, Francia Márquez no es nadie para que ahora sea la vicepresidente de
Colombia. Su comportamiento y su mentalidad infantil hacen presumir que tiene
un retraso mental y que miles de mujeres colombianas tienen muchos más méritos
y títulos para ocupar ese cargo. Su elección fue un accidente o la confluencia
de una serie de eventos desafortunados para nuestra Patria.
Con Gustavo
Petro sucedió algo similar: un guerrillero mediocre sin ideología; sin
preparación académica, excepto un curso de ecología “de más o menos un año” en
la Universidad de Lovaina y algunos semestres de economía en Los Andes antes de
ingresar al M-19 en 1978; un desastre como administrador y con una patología
mental manifiesta. Un don nadie como César Borgia, el chofer de bus Nicolás
Maduro, el neofascista y exguerrillero Daniel Ortega o el maestro de escuela
Pedro Castillo.
Una serie de
encuentros fortuitos llevaron a Petro y a Francia Márquez al poder: la pandemia
que nos confrontó con la muerte, las redes sociales sin ética, la ignorancia
del pueblo, la crisis de la democracia, el adoctrinamiento marxista en colegios
y universidades, la corrupción de nuestra política, la mediocridad del Uribismo
(esperanza de nuestra democracia) y la campaña sucia de la izquierda contra su
líder, etc. Un acontecimiento, un accidente, el caos, suerte y la insoportable
levedad del ser determinan nuestras vidas, el amor, la política y nuestra
historia.
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