martes, 14 de marzo de 2023

Palabras, solo palabras

 

La semántica es la rama de la lingüística que estudia el significado de las palabras. La ideología de los partidos de izquierda se puede resumir así: todos los problemas sociales tienen una solución semántica.

“Si logramos que una serie de actividades de la sociedad colombiana que hasta ahora se consideran crímenes, no se consideren crímenes”, ya no lo serán. Si borramos la palabra, su realidad desaparece, como dijo Petro para que todo el mundo se burlara de Colombia. Ignora el dictador la razón democrática de los delitos definidos por el Congreso.

La paz total también es semántica. Si inventamos una palabreja para aplicarla a las disidencias de las Farc o a quienes no se acogieron al Acuerdo Farc-Santos, lograremos perdonar todos sus crímenes y premiarlos con algunas curules en el Congreso para que voten las facultades extraordinarias del dictador.

El Acuerdo de paz es verborrea. Todos los delitos de los guerrilleros son “conexos” con el delito político (reclutar, violar y asesinar a una menor de edad son actos revolucionarios); Colombia y las Farc son “naciones en guerra” y por eso estamos legitimados para aplicar las normas del Derecho Internacional. Ahora, para la JEP, las Farc no son un “Estado” en guerra contra el nuestro, sino “víctimas” del Estado.

Para sacar de la cárcel a los criminales a cambio de que sigan aportando dólares a la campaña y obligando a los campesinos a votar por el Pacto Histórico, se han inventado varias palabras ante el desconcierto de los colombianos y la complaciente actitud de las altas cortes: “gestores, facilitadores y garantes de paz ”, “las guerrillas son organizaciones políticas”, “entrampado”, “víctimas del ESMAD”, “derecho a la protesta de los terroristas de la Primera Línea”, “cerco humanitario” a policías con degollamiento incluido”.

Como Dios dijo “Hágase la luz”, el dictador proclama “hágase la paz total como por arte de magia”. A propósito de magia, Moisés Wasserman nos enseñó en su columna de prensa la etimología de la palabra “abracadabra” en hebreo: “decir es hacer”. Los lectores recordarán mi insistencia en lo que se ha llamado “la función performativa del lenguaje”, definida exactamente como la magia o la expresión “abracadabra”.

Petro y los mamertos son magos convencidos de que las palabras crean realidad —lo cual es cierto en algunas circunstancias— pero en su caso es un un engaño para los ingenuos fanáticos de su culto en las redes sociales, desorientados por delincuentes como el cónsul Sebastián Guanumen y la congresista Isabel Cristina Zuleta o por sus millares de bodegas bien remuneradas por narcos, Venezuela, Rusia e Irán. La Fiscalía y las cortes ni se enteran.

Con mentiras repetidas hasta el cansancio han logrado convencer a millones de ingenuos de que ellos son pacíficos, progresistas y decentes, y que la mitad de los colombianos (la clase media, soporte de la democracia) somos enemigos de la paz, nazis, neoliberales, oligarcas, mafiosos y paracos. Palabras, solo palabras.  La dictadura semántica o el abuso de la función performativa del lenguaje.

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