martes, 21 de marzo de 2023

El padre simbólico

 

Cuando empecé a estudiar psicoanálisis en la versión moderna y lingüística del médico Jacques Lacan (1901 – 1981) comprendí que el padre real no cuenta para el desarrollo emocional y moral del hijo, sino el padre simbólico, aunque generalmente coinciden.

El padre simbólico es quien cumple su función, no necesariamente el padre real o quien concibió al hijo. En nuestra tradición el padre simbólico representa la norma, la disciplina o la orientación moral del hijo; en cambio, la madre simbólica, que generalmente coincide con la real o biológica, tiene otras funciones, como la iniciación del crío en la sexualidad, el amor y el descubrimiento del “otro”. Muchas veces los libretos del padre y la madre se cruzan o complementan.

Por el hecho de que lo importante es la función o el rol del padre, poco importa quién lo cumple. Puede ser la misma madre, el padrastro, el abuelo o cualquier otra persona. A su vez, la función de la madre puede cumplirla el mismo padre u otra persona.

Todo lo dicho en esta nota es una ampliación de uno de los asuntos a que he estado dedicado en los últimos cuatro años: nuestra “realidad” es simbólica, conformada por palabras o significantes y significados, por metáforas y metonimias. En nuestro mundo no cuenta mucho lo real; cuenta la relación con los otros o esa dimensión imaginaria que estructura nuestra mente. Y aunque resulta muy difícil entender que el yo o sujeto no existe, el padre y la madre como funciones simbólicas o roles nos ayudan a entenderlo mejor.

Esta perspectiva nos sirve no solo para comprender la crisis por la que pasa la familia de Gustavo Petro ante las presuntas irregularidades en que ha incurrido su hijo Nicolás, sino también para que miremos nuestras relaciones familiares en este enfoque contemporáneo.

Varios centenares de miles de colombianos (padres y madres) se han ausentado de sus familias para buscar mejores posibilidades económicas en el extranjero. Además, los divorcios o separaciones de parejas vienen aumentando. Las implicaciones de estas circunstancias en los niños pequeños se pueden entender mejor para no caer en la vieja lógica de buscar culpables o señalar al padre o a la madre como responsables de los errores de los hijos.

Felipe Zuleta dijo en su columna de prensa que Gustavo Petro mintió —algo usual en él— cuando afirmó que no crió a su hijo por estar en la clandestinidad. Quie haya leído el libro de Petro, Una vida, muchas vidas, sabe que Zuleta tiene razón. Nicolás nació en 1986, y el M-19 firmó la paz en 1990. Su madre también era guerrillera.

No importa, para Nicolás, que su padre lo haya olvidado. Lo importante es quién fue la metáfora del nombre del padre o el padre sustituto, aunque no debemos olvidar que la genética y la influencia de otras personas también condicionan la conducta del muchacho. La mayor parte de lo que enseñamos a los hijos se trasmite de forma inconsciente.

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