Diana
Carolina Corcho (1983), ministra de Salud, dijo hace pocos días: “De treinta EPS,
17 no cumplen condiciones financieras para manejar recursos billonarios. Solo
cinco cumplen con condiciones fiscales y financieras, lo que quiere decir que
el sistema va a un oligopolio”.
Su premisa es
cierta y coincide con lo que escribí en 1994 como comenté en la primera parte
de esta nota: no debe haber más de cuatro o seis EPS; pero su conclusión es
falsa. No hay oligopolio cuando hay participación del Estado entre las EPS y
cuando el sistema no permite más de seis EPS porque quiebran.
Una compañera
de estudio en la Universidad Nacional describe a la Dra. Corcho como
“insufrible, anarquista, agresiva e irrespetuosa”. Sorprende que se haya
especializado en psiquiatría no solo por su patología emocional mitómana, sino
porque esa especialidad choca abiertamente con el marxismo.
Los mamertos
adoran a Michel Foucault, un pedófilo anarquista que odió la medicina, en
particular la psiquiatría. La izquierda busca abolir la psiquiatría. El Art. 29
de la rechazada Constitución izquierdista de Chile consagra el derecho a la
locura: “El Estado reconoce la neurodiversidad y garantiza a las personas
neurodivergentes su derecho a una vida autónoma, a desarrollar libremente su
personalidad”. Sobran los psiquiatras.
A la Dra.
Corcho no se le conocen actividades administrativas fuera del paso, con mal
final, por la alcaldía de Petro. Atribuye al expresidente Uribe los defectos de
la seguridad social. Lo acusa de haber “pretendido” hacerles daño a los médicos,
de ser el creador del algoritmo de la Ley y de haber extendido la jornada de
trabajo. Todo eso es falso. Se le conoce por su habilidad para difundir
noticias falsas sobre la Ley 100, Uribe y el manejo de la pandemia por el
gobierno del presidente Duque.
María Isabel
Rueda denunció otras mentiras de Corcho: “Dice que los capitales privados en el
sector (de la salud) “son ínfimos e inexistentes”. Falso. Que la salud en
Colombia “es un negocio”, que “es de los bancos”. Falso. Y que hay que acabarlo”.
Falso”.
La Ley 100
original nunca se aplicó plenamente porque el izquierdista Ernesto Samper
Pizano y su presidente del ISS, Carlos Wolf Isaza, hicieron lo que quisieron
para que no funcionara. Lo bueno de la Ley 100 se debe a Uribe y al Congreso;
pero los mamertos quieren abolir la Ley 100 como un acto simbólico contra su
peor enemigo, el expresidente, y para revivir el viejo dogma marxista, según el
cual todos los servicios públicos deben prestarlos el Estado sin participación
privada.
Un gobierno honesto
revisaría el algoritmo original de la Ley 100, creado en Harvard, para estudiar
con ayuda de expertos no politizados y no deformados en las redes sociales la
posibilidad de restablecerlo o corregir la tergiversación que le hicieron
Samper Pizano y sus secuaces de izquierda; pero para la izquierda prima su
ideología sobre la ciencia y su objetivo es aniquilar a Uribe y la democracia.