Cuando reseñé
el exitoso libro de Agustín Laje y Nicolás Márquez, El libro negro de la nueva
izquierda, critiqué el desconocimiento de la filosofía de los autores, lo que
quita fuerza a sus argumentos. Encontré también falencias en el debate de Laje
con Gloría Álvarez sobre la despenalización del aborto. La guatemalteca es
libertaria y defiende el derecho de toda mujer abortar, en tanto que Agustín es
Provida y rechaza la despenalización del aborto.
Agustín
centró su alegato en el principio liberal de no agresión aplicado al feto; Gloria,
en el derecho natural y la libertad que tiene toda mujer, pero aclaró que el 29
por ciento de los libertarios son provida. Como no se pusieron de acuerdo,
quiero mostrar de forma sencilla que ambos fallan por su desconocimiento de otras
disciplinas diferentes a la política y la economía. Laje ha estado estudiándo
filosofía en una universidad española.
El sujeto
libre y la fe en un Dios único son los mitos centrales de dos estructuras
mentales o ideologías que dominaron la Modernidad y la Edad Media,
respectivamente. La persona es un mito, no una entidad o presencia, porque así
lo ha mostrado la neurología. Michel Foucault y el posmodernismo declararon “la
muerte del hombre” o del concepto erróneo de “persona” en Occidente
Para los
libertarios, el mito del sujeto es algo real, un dogma absoluto y fundamental.
De allí deducen el derecho de las mujeres a abortar, el derecho a drogarse; el
rechazo de la vacuna y todas las medidas de protección en pandemia; el derecho
a todo tipo de relaciones sexuales consentidas. En fin, que nadie, ni el Estado,
tome decisiones por ti.
El marxismo,
por el contrario, es la negación absoluta del sujeto en aras de la tribu o la
sociedad, concepto que también defienden las religiones, aunque los marxistas
en función de su ideología, y las religiones con relación a su doctrina o a
Dios. La esencia del pensamiento totalitario religioso o político es anular el
sujeto ante sí mismo. En otras palabras, la función redentora del Partido
Comunista, la Colombia Humana o la Alianza Verde convierte al individuo en algo
insignificante, tal como sucede en las masas populares alienadas por su líder o
“redentor”, como lo explicó Freud. Los marxistas asesinan a millones de seres
humanos y les parece aceptable, “normal” o necesario.
De allí surgió
lo que Hannah Arendt llamó “la banalidad del mal”. Los nazis, como los
guerrilleros de las FARC o de la Primera línea, actuaban sin ningún
remordimiento porque obedecían órdenes o eran movidos por la identidad y
sentido de la vida que les da su Partido o su ideología (esto no aplica para sus
mercenarios o para tantos que tienen la política como un negocio). Gustavo Petro
ha sido para sus seguidores lo que Adolfo Hitler para los nazis, Dios para los
religiosos y el sujeto para los libertarios.